sábado, 8 de marzo de 2008

Elecciones en España: abstencionismo vs. participación


El abstencionismo no gana elecciones ni recibe constancias de mayoría.

Lo hacen los partidos y los candidatos que ellos postulan.

Al menos no en las democracias electorales en las que las normas determinan que aquel que obtenga la mayoría de votos accederá al cargo de representación popular en disputa sin necesidad de un porcentaje mínimo de participación en las urnas.

Lo anterior no significa que no sea deseable para una mejor “calidad” de la democracia que la participación ciudadana en un proceso electoral se acerque lo más posible a un utópico ciento por ciento.

Claro que una alta participación y, por ende, un bajo abstencionismo deben por muchos motivos ser una aspiración social cuya construcción requiere la concurrencia de complejos y muy diversos factores.

Sin embargo, en mi opinión, este legítimo anhelo no puede estar por encima de otro de vital importancia para el funcionamiento de la democracia: el del reconocimiento expreso y claro de las reglas del juego por parte de los jugadores.

Por cierto, no hay peor juego que aquel en el que las reglas no son compartidas por todos los participantes.

En este escenario reina la confusión: los árbitros no pueden aplicar normas inexistentes o existentes no aceptadas; los equipos actúan sin saber a ciencia cierta los efectos de sus acciones; y, lo peor de todo, el público deseoso de un buen espectáculo termina por decepcionarse aun más de un juego al que asistió con regañadientes.

Ahora bien, el hecho de que el nivel de participación no pueda utilizarse como argumento para descalificar un proceso electoral, no significa que no tenga profundas consecuencias en el resultado final de la elección.

Está ampliamente comprobado que el nivel de participación ciudadana en las urnas afecta de manera diversa a partidos políticos y candidatos diferentes.

Dependiendo de la composición de sus votantes potenciales y de su voto duro el porcentaje de participación en las urnas beneficia a algunos partidos políticos mientras perjudica a otros.

Por lo tanto, es muy probable que el candidato ganador con un determinado nivel de abstencionismo no lo sea con otro.

Las elecciones generales que se celebran el día de hoy en España son un claro ejemplo de lo anterior.

La reelección como Presidente de José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), o el arribo de Mariano Rajoy del Partido Popular (PP) dependen en gran medida de la cantidad de españoles que acudan a las urnas este domingo 9 de marzo.

Es importante aclarar que se trata de una elección diferente a la elección presidencial mexicana.

España tiene un sistema de gobierno parlamentario, lo que implica – entre otras muchas cosas – que los ciudadanos elegirán a sus diputados y que el partido político que cuente con el mayor número de asientos en el Congreso estará en posibilidad de formar gobierno y, por lo tanto, de nombrar al presidente español.

Se eligen trescientos cincuenta diputados y se necesita la mitad más uno para formar gobierno. Si ningún partido obtiene la mayoría absoluta, siento setenta y seis, deberá aliarse con otros para elegir presidente.

Existen doce partidos políticos compitiendo por escaños en el congreso español. Esto puede resultar engañoso dado que en la última elección (2004) el Partido Popular obtuvo 148 escaños y el Partido Socialista Obrero Español 164. Entre los dos obtuvieron 312 diputados, el 89% de las curules.

Apuntado lo anterior, retomo la cuestión inicial: ¿Por qué la participación electoral afecta claramente el resultado de la elección?

La primera parte de la respuesta viene del tipo de votantes a los que se dirige cada uno de los dos partidos políticos mayoritarios.

El discurso del Partido Popular, más conservador e ideológicamente de derechas, es compartido por muchos menos españoles que los que están de acuerdo con el discurso progresista y de izquierda del Partido Socialista Obrero Español.

Por lo tanto, los votantes potenciales del PSOE son muchos más que los del PP. Sin embargo, en tanto el PSOE debe competir por los votos con otros partidos que se dirigen al mismo tipo de público como Izquierda Unida o los nacionalistas del País Vasco o Cataluña, el PP prácticamente no tiene competencia en el segmento que le corresponde.

El nivel de fidelidad de los votantes constituye el segundo elemento explicativo.

Los votantes del PP tienen un mucho mayor nivel de fidelidad que los del PSOE, lo que se ve reflejado en el hecho de que su asistencia a las urnas es mucho más consistente.

En las últimas tres elecciones generales la cantidad de votos del Partido Popular prácticamente no ha variado mientras que los del Partido Socialista Obrero Español sí.

En 1996 el PP obtuvo 9.7 millones de votos, el PSOE 9.4; en el año 2000 el PP recibió 10.3 millones de votos mientras que el PSOE recibió sólo 7.9; en 2004 – tres días después de los atentados de Atocha - el PP obtuvo 9.6 millones de votos y el PSOE 10.9.

La tercera parte de la respuesta es la facilidad de movilizar a unos y otros votantes. Es importante aclarar que el término movilizar se refiere a la posibilidad de motivar a la ciudadanía mediante una campaña lo suficientemente potente para votar efectivamente a favor de uno u otro candidato o partido.

Es más difícil convencer a un español de izquierda de cancelar su plan familiar de fin de semana para que vaya a votar, que a uno de derecha cuya idea desde meses atrás es precisamente ir a las urnas.

Los resultados de las elecciones del año 2004 muestran con claridad lo anterior. Los atentados islamistas de Atocha no afectaron la votación del PP, mientras que el PSOE sorprendentemente pasó de 7.9 a 10.9 millones de votos.

La suma de estos tres elementos nos permite deducir casi automáticamente las estrategias de campaña adoptadas por uno y otro partido.

El PSOE de Rodríguez Zapatero ha enfocado sus recursos a intentar incrementar la participación de los votantes de izquierda, mediante una campaña sumamente optimista que en resumen invita a los ciudadanos a votar, sin importar por quién lo hagan – PP incluido.

Por el contrario, el Partido Popular y su candidato Mariano Rajoy, han orientado sus baterías a garantizar su voto duro, sin dejar de lado algunos esfuerzos esporádicos por arrebatar al PSOE algunos votantes indecisos de centro.

La campaña del PP ha sido más agresiva y parece apostar por el abstencionismo, a sabiendas de que su fiel electorado acudirá a votar, mientras los votantes de izquierda probablemente no lo harán.

Cabe mencionar que el estratega de Mariano Rajoy es el polémico Antonio Solá, quien asesoró durante su campaña al Presidente Felipe Calderón. Me resultó muy conocido escuchar que “Rodríguez Zapatero es un peligro para España”.

¿Cuál será el resultado de la elección? La mayoría de los expertos coincide en señalar que depende casi enteramente del nivel de participación en las urnas.

El umbral se encuentra en el 71% de participación ciudadana. En este escenario el PSOE ganaría por un diputado – 162 contra 161 –. Un porcentaje superior también significaría la reelección de Rodríguez Zapatero.

Si la votación fuera mayor al 77% el PSOE ganaría además la mayoría absoluta, con lo que estaría en posibilidad de formar gobierno sin necesidad de aliarse con los partidos pequeños, en su mayoría nacionalistas – canarios, vascos, catalanes, gallegos y otros.

Cualquier participación debajo del 71% le daría la victoria al Partido Popular.

Es importante considerar que estas estimaciones se basan fundamentalmente en el hecho de que los votos a favor del Partido Popular se mantienen fijos, independientes de la participación, y los del PSOE se modifican en virtud de la misma.

Cualquier suceso extraordinario que afectara el nivel de participación ciudadana – como lo fueron los atentados de Atocha – influiría en el resultado de las elecciones.

Desafortunadamente, no es algo que pueda descartarse en España. Justo el viernes 7 de marzo, la banda terrorista ETA mató de nuevo en el País Vasco. Su objetivo y víctima: un ex concejal del PSOE.

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lunes, 3 de marzo de 2008

El sistema de salud en España


Pocas veces pensamos en la posibilidad de enfermar. Generalmente planeamos nuestras vidas sin considerar que esto pueda suceder.

Quizá sea porque nos resulte más reconfortante pensar en un futuro sin este tipo de incidentes que en uno – evidentemente más realista – en el que se presente un malestar al menos una que otra vez.

Un letrero en la casa de los padres de un entrañable amigo resume con singular simplicidad esta actitud. “Que en esta casa nunca entre ni un abogado ni un doctor”, reza el pequeño cartel.

Como si en realidad dependiera al ciento por ciento de nosotros, omitimos de nuestro plan de vida un hecho que preferimos considerar de realización incierta.

Tal como lo comprobé en carne propia esta semana, en realidad lo único incierto de las enfermedades es la fecha y forma en que se presentarán. Todo lo demás relacionado con ellas es absolutamente previsible: tarde o temprano enfermaremos, es algo natural.

En el mejor de los casos, como afortunadamente me sucedió, luego de algunos días de reposo estaremos en posibilidad de retomar nuestras respectivas actividades, deseando que el siguiente evento de estas características no se presente o al menos no lo haga pronto.

El asunto es que poco estamos preparados para afrontar las múltiples consecuencias de una enfermedad.

Nuestras posibilidades de acceso a la atención médica fundamentalmente dependen de una combinación entre los recursos personales que podamos destinar a este rubro y los medios que diversas áreas gubernamentales pongan a nuestra disposición para el cuidado y atención de la salud.

Los modelos de atención sanitaria de los países son diversos y la diferencia estriba, básicamente, en qué tanta importancia dan a uno u otro recurso.

En algunas naciones, como Estados Unidos de Norteamérica, el modelo de atención a la salud privilegia la asunción de la responsabilidad individual para hacer frente a las necesidades propias.
El estadounidense está construido sobre la base de que, salvo muy contadas excepciones, cada quien recibirá la atención médica que pueda pagar, ya sea porque cuenta con un seguro médico o porque dispone de los recursos económicos necesarios para saldar sus cuentas.

El financiamiento de este tipo de modelos se realiza principalmente mediante contribuciones de los propios beneficiarios vinculadas a su trabajo.

Por el contrario, en los países europeos se estima que el Estado debe intervenir para reparar situaciones de necesidad.

Se considera que la salud es un bien público cuyo cuidado merece que el gobierno destine los recursos necesarios para su provisión.

Obviamente estos sistemas demandan un esfuerzo social mucho mayor y se financian a través de los ingresos del gobierno que en su mayoría son impuestos generales.

Dentro de los modelos de atención sanitaria europeos el español es quizá el más completo pero también el más caro de mantener.

Por el simple hecho de darse de alta en el padrón del municipio en el que se habita, se tiene derecho a acudir a una oficina del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales para recibir un número de seguridad social y estar así en posibilidad de recibir atención médica universal y gratuita.

Una vez se cuente con el número de afiliación es necesario acudir al centro sanitario que a cada quien corresponde según su domicilio para que se asigne una tarjeta sanitaria y un médico familiar que será el responsable de canalizar la atención que cada miembro de la familia pudiese necesitar.

Ni la inscripción en la seguridad social ni la obtención de la tarjeta sanitaria dependen de que quien hace el trámite trabaje. Si en efecto labora, deberá aportar las cuotas correspondientes, pero si no lo hace recibirá la misma atención.

Esta cuestión es la que convierte al sistema español en un modelo tan caro de sostener. Se destina para su funcionamiento cerca del 7% del producto Interno Bruto cada año – unos 60 mil millones de euros.

Si consideramos que en los últimos diez años la población de España ha crecido en cerca de 5 millones de personas; que después de los Estados Unidos es el país que más inmigrantes recibe en el mundo; y que por el simple hecho de contar con un domicilio español cualquier persona puede darse de alta en la seguridad social, nos podremos dar una idea de la medida en que ha crecido la factura sanitaria que los españoles cubren cada año con sus impuestos.

Ahora bien, sería injusto culpabilizar a los inmigrantes de esta situación, pues la gran mayoría de ellos se encuentran trabajando y aportan las cuotas de seguridad social que les corresponden.
Sin embargo, existen otras conductas que sí pueden considerarse abusos al sistema nacional de salud.

Por ejemplo, muchos ciudadanos ingleses que en su país no tienen derecho a hacerlo – el modelo es más restrictivo y similar al norteamericano – se las ingenian para encontrar la manera de realizarse, cortesía de los contribuyentes españoles, las operaciones de cambio de “bypass” cardiaco que tan onerosas son en cualquier país del mundo. El sistema lo permite y no han perdido oportunidad para hacerlo.

Similar revuelo causa el catálogo de situaciones médicas a las que debe responder la sanidad española.

La polémica va desde adquirir o no vacunas extremadamente caras para evitar enfermedades cuya incidencia es nula o casi nula, hasta la altamente controvertida cirugía de cambio de sexo a la cual tienen derecho los españoles de muchas comunidades autónomas.

El incremento desmedido de la demanda de atención médica ha originado que el sistema de salud pública responda a través de la forma más tradicional de racionalizar los servicios gubernamentales: largas filas han aparecido en los centros de atención sanitaria; los servicios de urgencia se encuentran saturados; y los trámites burocráticos complican la atención a la población.

Muchos españoles han optado por contratar por cuenta propia la atención básica.

La empresa Sanitas, dedicada a proveer atención médica privada, cotiza en la bolsa española y es altamente rentable.

La opción: si requieren un médico para atenderse una gripe o una lesión leve, los españoles van a sanitas; si lo que requieren es una cirugía mayor, acuden a la seguridad social, esperando ser atendidos lo antes posible.

Por cierto, para obtener el visado respectivo los estudiantes extranjeros debemos contar con un seguro de gastos médicos que garantice nuestra atención médica mientras nos encontramos en España, así como los gastos de repatriación en el nada deseable caso de hacerlo en la situación tan alegremente tratada por la canción: “México lindo y querido, si muero lejos de ti…”

Muchos son los retos a los que se enfrentan los sistemas de salud en todo el mundo.

De nada sirve plantear un sistema cuyo objetivo sea la universalidad si en los hechos no se cuenta con los recursos necesarios para garantizar el acceso a la población o si estos recursos son gestionados con ineficiencia.

De igual manera, un modelo altamente eficiente que no considere la existencia de desigualdades sociales, puede dejar fuera de la atención sanitaria a aquellos que no cuentan con recursos propios para atender sus necesidades sanitarias básicas.

Lo fundamental es tener claro cuál es el modelo de atención a la salud al que se aspira y cuáles los recursos y compromisos sociales para alcanzarlo. Sea cual fuere el modelo que se adopte se debe garantizar su eficacia, eficiencia y sustentabilidad en el largo plazo.

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lunes, 18 de febrero de 2008

Las elecciones de lo inmediato


Aunque personalmente no comparto su opinión, según los expertos en mercadotecnia política el mayor tesoro de un candidato a un cargo de elección popular es la promesa de campaña.

Gracias a ella, los candidatos pueden transmitir a un electorado cada vez más diferenciado y alejado de la política la oferta electoral que teóricamente traducirán en acciones en caso de verse favorecidos con el voto.

Los ciudadanos, por su parte, están en posibilidad de votar a los candidatos cuya promesa electoral más les convenza o por aquellos cuyos antecedentes personales o partidistas permitan prever que cumplirán al menos una parte importante de lo que han prometido.

Los problemas surgen cuando, una vez electos, quienes solicitaron y obtuvieron el voto popular se percatan de su incapacidad para cumplir aquello a lo que se comprometieron –en el mejor de los casos debido a la falta de recursos; en el peor, porque simple y sencillamente mintieron –, o de algo que considero más grave aún: la superficialidad y bajo impacto de sus propuestas.


Es en este momento en el que la innegable fuerza de la promesa de campaña se revierte en contra de aquel que la realizó, del propio sistema político y de la sociedad en su conjunto.

Con la intención de no pagar los costos electorales de la falta de propuestas o los costos políticos del incumplimiento de las mismas, los candidatos y sus partidos optan por construir una oferta electoral endeble, con una visión de largo plazo nula o casi nula.

En el ánimo de obtener el mayor número de votos se sacrifica el porvenir y se dejan de lado las propuestas de largo alcance que tanto se requieren.

El pragmatismo de lo inmediato triunfa sobre la visión de futuro.

La búsqueda del interés general cede su lugar a la satisfacción de intereses particulares e incluso de clientelas políticas, anulando así la posibilidad de construir un mejor mañana.

Es cierto que en un contexto democrático liberal tampoco sería correcto ni legítimo sacrificar a las generaciones presentes, que votan, en pos de las que aún no existen y no lo hacen.

Lo que es un hecho es que mucho debe preocupar que la suma de las promesas de lo inmediato, en lugar de plantear un futuro más sólido, lo comprometan e hipotequen.

De algo similar han sido acusados los dos partidos políticos más importantes de España en las últimas semanas.

El 9 de marzo próximo habrá elecciones generales. El parlamento español se renovará en su totalidad.


Dado que este país es una democracia parlamentaria, el dirigente del partido político que logre contar con la mitad más uno de los escaños en el Congreso de los Diputados será el próximo presidente de España.

Es por ello que los dos principales institutos políticos, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español se han apresurado a lanzar al electorado sus promesas de campaña.

Ya se ven por Madrid y por todo el país espectaculares con las fotografías de José Luis Rodríguez Zapatero del PSOE, quien busca la reelección; así como de Mariano Rajoy del PP, que busca la revancha de las elecciones de hace cuatro años, que estuvieron marcadas por los atentados de Atocha, que sólo tres días antes habían conmocionado a España y al mundo.

A pesar de que en teoría la campaña electoral inicia hasta el 22 de febrero – sólo duran tres semanas – los medios de comunicación están saturados de cortes de listones por toda la península y de noticias relacionadas con las próximas elecciones.

Con singular soltura, si Mariano Rajoy propone pasar de 140 a 160 mil efectivos de policía y guardia civil, casi inmediatamente Rodríguez Zapatero incrementa la oferta a 180 mil.

Si el PSOE propone ampliar a más de un millón de familias la ayuda anual de 500 euros por cada hijo menor de 3 años y de 300 euros por cada menor de 18 años, el PP hace lo propio, planteando una rebaja general de impuestos o atención buco dental gratuita a los menores de 18 y mayores de 65.

La frase de Julián Álvarez, candidato a la Junta de Andalucía por la minoritaria Coalición Andalucista, definió correctamente la situación como una “subasta de dinero”.


No olvidemos que actualmente las finanzas españolas se encuentran en un periodo de auge. Al estado español le sobran cerca de 30 mil millones de euros cada año – casi la mitad de la deuda externa de México –, así que los partidos se han apresurado a encontrar la forma de gastarlo.

La imaginación y altruismo de los aspirantes se ha visto altamente estimulada en los últimos días.

Las cifras de la encuesta realizada por el prestigiado Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), dadas a conocer esta semana, otorgan al PSOE un 40.2% de los votos, contra un 38.7% del PP; prácticamente un empate técnico.

Incluso el Partido Popular, que había aplazado su decisión, ha aceptado participar en los dos debates televisivos que se llevarán a cabo el 25 de febrero y el 3 marzo siguientes.

Por cierto, hablando de televisión, muy criticado fue el actuar del presidente José Luis Rodríguez Zapatero durante la entrevista que le realizó el respetado periodista Iñaki Gabilondo.

Terminada la entrevista, Zapatero no se percató que aún le gravaban, olvidando aquella primera regla de cualquier curso básico de técnicas de comunicación que indica que, salvo muy contadas excepciones, no hay micrófonos apagados.

Cuando su entrevistador le preguntó “en corto” cómo iban las cosas, el líder del PSOE se apresuró a responder: “Bien… sin problemas, lo que pasa es que lo que nos conviene es que haya tensión”.

En un país en el que la “tensión” política se ha llegado a manifestar no pocas veces mediante un atentado con bomba, es evidente que la desafortunada frase causó gran polémica, pues se acusó a Rodríguez Zapatero de generar intencionadamente un ambiente de crispación y polarización política.

El resultado está a la vista y se ve reflejado en la propia encuesta del Centro de Investigaciones Sociales.

Cuando se preguntó a los más de 18 mil encuestados qué tanto valoraban la política su respuesta fue: Mucho 5.6%, bastante 23.9%, poco 38.7% y nada 31.0%.

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lunes, 11 de febrero de 2008

Manifestarse ¿Por qué no?


El pasado lunes 4 de febrero tuve el gusto de acudir por primera vez a una manifestación popular.


Días antes, mi compañero del postgrado, el colombiano Manuel Augusto Calderón, se había encargado de convocar a todos los miembros de la clase al evento.


El objetivo era repudiar la violencia que el grupo terrorista denominado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ejerce en contra de la población de su país.


La movilización sería una de las más de ciento treinta que el mismo día se llevarían a cabo en igual número de ciudades de todo el mundo.


Tal como se lo comenté a Manuel, cuando amablemente me extendió la invitación, a pesar de haber estado presente en un sinnúmero de eventos políticos o partidistas, en ninguna ocasión había acudido a un acto de la naturaleza del que me invitaba.


En realidad nunca había reparado en lo anterior. No porque en México no existieran suficientes razones como para manifestarse, sencillamente porque ni había sido invitado a algo similar, ni había pasado por mi mente hacerlo. Quizá no tenía el “chip de la manifestación”, pensé.


Así las cosas, el día indicado acudí al centro de la ciudad junto con mis compañeros y un grupo de amigos mexicanos, que por esas fechas se encontraban en Madrid y extrañados habían aceptado mi invitación a manifestarnos, no sin antes someterme a un intenso interrogatorio que intentaba descubrir las razones “ocultas” detrás de mi inusual convocatoria.


La sorpresa de mis invitados estaba plenamente justificada. A pesar de que los artículos sexto y noveno de la constitución garantizan la posibilidad de manifestar nuestras ideas y de reunirnos pacíficamente para hacerlo, la mayoría de los mexicanos nunca lo hemos hecho. Quizá el ejercicio pleno de nuestros derechos siga la misma lógica de la frase “músculo que no se usa, se atrofia”, dijo uno de los convidados.


Pasadas las dieciocho horas y con pancarta en mano –la consigna era “Sí a la libertad, sí a la verdad, sí a la vida, Colombia sin FARC”–, el heterogéneo grupo de latinoamericanos que conformábamos llegó a la famosa Plaza Mayor de Madrid.


Fuimos recibidos por un Manuel emocionado de saberse apoyado por aquellos a quienes conocía apenas hace tres meses.


Su causa, nuestra causa, era la de millones de colombianos que en todo el mundo lograban congregar a multitud de ciudadanos libres alrededor del rechazo a un grupo que en pleno siglo XXI mantiene secuestradas en la oscuridad a más de 750 personas.
Muchos nombres se suman a los internacionalmente conocidos, como el de la ex candidata a la vicepresidencia de Colombia, Ingrid Betancourt, cuya liberación ha sido asumida como un reto personal por el Presidente de Francia Nicolás Sarkozy.


Integran la lista de secuestrados profesionistas, empresarios, trabajadores y políticos; mujeres, hombres, niñas y niños nacidas en cautiverio; todos ellos hermanos, hijos, madres, padres o esposos amados y esperados con fervor en sus respectivos hogares.


Mientras se llevaba a cabo el evento, que en Madrid congregó a más de dos mil personas, Manuel Calderón –que en su país trabajó para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, me explicaba que la organización mundial de la marcha tuvo que sortear muchos contratiempos.


–Casi todos los partidos políticos colombianos buscaron condenar o adjudicarse la paternidad del movimiento, que en realidad surgió y se organizó a través de internet–, me explicó.


Quizá sea ésta una de las razones por las que este tipo de expresiones no se encuentran arraigadas con firmeza en todos los países de Latinoamérica.


Es extremadamente difícil pensar en una manifestación que no tenga tras de sí a un partido político. La gran mayoría de los ciudadanos, principalmente los más jóvenes, a pesar de votarlo no militan en uno, por lo que optan por no participar, a pesar de tener una posición clara sobre un problema en particular.


En Europa la situación es diferente. La que se denomina como participación política no convencional –que incluye, entre otras, a las manifestaciones públicas pacíficas– es tan importante como la convencional, cuya máxima expresión es el ejercicio del derecho al voto.


En España, por ejemplo, según cifras del Centro de Investigaciones Sociológicas –organismo del Estado español responsable de realizar encuestas y otros tipos de estudios de opinión–, los menores de 35 años tienden a elegir la protesta como principal medio de participación política y sólo el 7% ha asistido a una reunión política o a un mitin.


“El verdadero enemigo es la indiferencia”, decía a un periodista de CNN un emocionado joven colombiano que se había enterado del evento a través de internet.
Una frase del Coronel Luis Mendeta, secuestrado desde hace 9 años, otorgaba razón de ser a la marcha: "No es el dolor físico el que me detiene, ni las cadenas en mi cuello lo que me atormenta, sino la agonía mental, la maldad del malo y la indiferencia del bueno".


No pude evitarlo. Mi casi enfermiza obsesión por trasladar todo al terreno de México, me llevó inevitablemente a las dantescas imágenes, ya cotidianas en nuestro país, de aquellos que caen bajo el fuego de los “cuernos de chivo” que blanden los señores de la muerte del narcotráfico.


Me pregunto: ¿Nos estaremos acostumbrando?


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domingo, 3 de febrero de 2008

El tesoro de Capa en México


Robert Capa es considerado el fotógrafo de guerra más famoso del Siglo XX.


Son memorables sus fotografías del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944; o “Muerte de un miliciano”, en la que un soldado republicano de la guerra civil española cae inerte en el momento justo en el que es captada la gráfica.


Su frase: “Si tu foto no es bastante buena, es que no estabas lo suficientemente cerca”, define la esencia y razón de ser de los reporteros gráficos.


Confieso que poco o nada sabía del célebre Capa hasta hace pocos días, cuando su nombre acaparó los titulares de los medios de comunicación españoles.


La noticia: el descubrimiento de tres cajas, consideradas perdidas por los historiadores, que contenían negativos de los fotoperiodistas Gerda Taro, David Seymour y Robert Capa.


De acuerdo con el diario The New York Times, el descubrimiento fue definido por Brian Wallis, director del Centro Internacional de Fotografía de esa ciudad estadounidense, como “el Santo Grial de la fotografía”.


La noticia no es menos importante para España. Las tres cajas contienen imágenes de incalculable valor para la reconstrucción histórica de la guerra civil española.


La posibilidad de encontrar información que se consideraba perdida fascina a historiadores y fotógrafos de todo el mundo.


A la ya de por sí impresionante noticia, se suma un hecho que fortalece aún más mi convicción personal de que los vínculos entre nuestro país y el lugar que hoy me acoge junto con mi familia son inagotables: los tres maletines fueron encontrados en México.


Resulta que Capa –su nombre real era Endre Fiedman–, después de haber estado en España entre 1936 y 1939, se encontraba en Francia, de donde tuvo que huir rumbo a Estados Unidos ante la inminente llegada del ejercito nazi; dejando tras de sí los negativos que hoy se conocen como “la maleta mexicana”.


Mucho debe haber dolido al joven fotógrafo –que en ese entonces contaba apenas con veintiséis años– abandonar el material.


Además de las imágenes que retrataban la guerra civil española, a la que siempre consideró la más cruel de todas las que le toco vivir, las cajas contenían diversas fotografías personales realizadas por Capa a Gerda Taro –cuyo verdadero nombre era Gerta Pohorylle–, periodista gráfica y compañera sentimental muerta a los veintiséis en Madrid en 1937.


De alguna manera, en 1940 las cajas con los negativos llegaron a manos del general Francisco Javier Aguilar González, quien entonces era parte del cuerpo diplomático mexicano destacado en Francia.


En aquel entonces nuestros diplomáticos se las ingeniaban para cumplir la instrucción del Presidente Lázaro Cárdenas de dar asilo a los refugiados españoles, cuya estancia en España significaba una muerte segura bajo el fúsil de las tropas franquistas.


De hecho David Seymour –sobrenombrado “Chim”, muerto en 1956 durante la crisis del Suez por soldados egipcios–, tercer fotoperiodista con material en la “maleta mexicana”, viajo con posterioridad a México para cubrir el desembarco de los refugiados españoles.


También lo hizo Capa. No se sabe si en nuestro país buscaron su tesoro. Al parecer lo daban por perdido.


El caso es que el General Aguilar –quien, según cuenta su familia, luchó al lado de Pancho Villa y era un excelente jinete que en alguna ocasión domó un caballo para la hija del Emperador Hirohito del Japón–, mandó el material a México, en donde pasó desapercibido durante muchos años.


Después de la muerte de Aguilar, sus familiares conservaron las cajas sin saber a ciencia cierta el valor de su contenido. Al percatarse del mismo, contactaron a la curadora de arte y cineasta residente en México Trisha Ziff.


Ziff –casada un fotógrafo que siendo muy niño se exilió de España rumbo a México–, consciente de lo que significaban los 127 rollos y 3,000 negativos que tenía ante sí inició, con la aprobación de la familia del general Aguilar, las gestiones para devolverlos a sus legítimos dueños.


Cuando en 1947 Capa y Chim fundaron la agencia de fotoperiodismo “Mágnum”, bajo la premisa de que un fotógrafo no era nadie si no era el dueño de sus negativos, adelantando el concepto del Copyright, no contemplaron que sus herederos pudieran bajo ese principio recuperar las maletas que creían extraviadas para siempre en Francia.


Seguramente tampoco imaginaron el extraordinario papel que jugaría México en la recuperación de un material que se convirtió en un exiliado más de la guerra civil española.


En una entrevista concedida al Periodico de Catalunya la propia Ziff –que voló a Nueva York junto con su pequeño hijo para entregar la “maleta mexicana” al hermano de Capa–, deja claro el verdadero fondo de esta peliculesca historia: “Para mí era muy simbólico que el hijo de un exiliado español entregara los negativos. México siempre abrió sus puertas a los refugiados, les dio un espacio de protección, por eso los negativos terminaron allí.”


Finalmente, Robert Capa, el periodista gráfico originario de Hungría que conquistó a la actriz Ingrid Bergman, que bebió, conoció o fue amigo de García Lorca, Hemingway, Picasso y Steinbeck, murió el 25 de mayo de 1954 en Thai Binh, Indochina –hoy Vietnam– al pisar una mina que explotó cuando cubría para la revista “Life” una guerra que apenas comenzaba.


Cincuenta y tres años después de su muerte, el tesoro perdido de Capa y de los españoles, es recuperado gracias a un general que combatió al lado de Pancho Villa, cuyo país, nuestro país, puede enorgullecerse de poder mirar de frente y con dignidad a un mundo cada vez más insensible y acostumbrado a que imágenes, como las captadas por los tres jóvenes fotógrafos que dieron la vida por aquello que amaban, se repitan día con día.

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lunes, 28 de enero de 2008

Crisis financiera: crónica de una muerte anunciada


Cual Santiago Nasar en la obra del premio Nóbel García Márquez, la historia que se vivió en los mercados financieros internacionales esta semana fue, sin lugar a dudas, la crónica de una muerte anunciada.

Regularmente, lo que es evidente para la mayoría de las personas comunes, no sólo para los especialistas, suele convertirse en realidad.

En colaboraciones anteriores, me permití apuntar lo que entonces observé previsible: se avecinaba una crisis.

No se trataba de un gran hallazgo, fruto de intrincadas investigaciones, sino de algo que resaltaba como obvio para la mayoría de los españoles con los que tenía oportunidad de charlar.

Aunque no lo querían asumir, era un secreto a voces que la bonanza pronto cedería su lugar – en el mejor de los casos – a una etapa de crecimiento moderado, a una ralentización económica.

Desde el segundo semestre de 2007, el mercado inmobiliario, principal impulsor del desarrollo económico español, empezaba a mostrar signos de debilidad.

La “invasión del ladrillo” – como denominan en este país al desmesurado crecimiento de nuevos edificios de apartamentos – daba paso a la “crisis del ladrillo”.

Concluía una época de tremenda especulación, en la que una vivienda, aún sin construir, llegaba a ser vendida hasta en tres ocasiones antes de ser terminada, generando en el camino ganancias exorbitantes para quienes participaban en el proceso.

A factores internos como los ya señalados, se sumaron factores externos que poco dependen de los españoles.

La crisis de las subprime o hipotecas “basura”, que ha conmocionado a los Estados Unidos y tiene en el ojo del huracán a grandes grupos financieros como Merril Lynch o Citigroup, se acercaba, cual tsunami, a los mercados financieros de todo el mundo, sin que estos supieran con certeza la fuerza con que serían golpeados.

Tan sólo Citigroup – propietario de Banamex – ha perdido 50% de su valor y colocado como incobrables deudas a su favor por 20 mil millones de dólares.

Finalmente, el lunes 21 de enero de 2008 el Tsunami tocó tierra – al menos la primera sus olas– en el que será recordado en España como el día en el que más ha caído el principal índice de referencia de la bolsa española, que agrupa a las treinta y cinco empresas más importantes del país.

Ese día el IBEX 35 caía 7.54%, a la par de prácticamente todas las bolsas de valores del mundo.
Luego de meses de lucha, la incertidumbre y la volatilidad tomaban finalmente el control de los mercados.

De no haber sido por la decisión tomada al día siguiente – el martes 22 de enero– por la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) de bajar los tipos de interés en tres cuartos de punto, para colocarlos en 3.5%, lo más seguro hubiera sido que los mercados continuaran su caída.

Para entender el tamaño del problema, puede ser útil comprender la magnitud de la decisión tomada por la FED: bajar de esa manera los tipos es una medida extraordinaria.

Se trata, por ubicarlo en un contexto farmacéutico, de un medicamento que sólo se utiliza en casos en los que el paciente prácticamente está a punto de morir.

La última vez que la FED bajó los tipos de interés de esa manera, en septiembre de 2001, lo hacía intentando detener la caída que provocaba en los mercados otra caída: la de las torres gemelas de Nueva York.

Siguiendo la analogía farmacéutica, nos encontramos frente a un paciente que, aunque resucitado, aun se encuentra en cuidados intensivos ante un doctor que, a pesar del respiro, sabe que el botiquín está casi vacío y ruega a Dios que la última medicina prescrita surta el efecto deseado.

No todos los tratamientos han funcionado: justo el viernes anterior a la caída de las bolsas, el presidente norteamericano había anunciado con bombo y platillo un paquete de medidas por 145 mil millones de dólares tendientes a evitar la recesión de la economía estadounidense.

Como lo esperaba Bush, la respuesta del mercado fue contundente.

El problema fue que la contundencia fue exactamente en sentido contrario al deseado: los inversionistas confirmaron que se avecinaba una crisis y observaron como insuficientes las medidas que se anunciaban para frenarla, por lo que decidieron vender sus acciones y salir en lo posible de los mercados financieros, lo que provocó la caída de las bolsas de todo el mundo.

A final de la semana, gracias a la maniobra de la Reserva Federal, los indicadores parecían mostrar una cierta estabilidad en los mercados, aunque la volatilidad continuaba.

El jueves 24, siguiendo una tendencia mundial, el IBEX 35 español se recuperaba al lograr el mayor incremento de su historia, un 6.95%.

El margen de maniobra es cada vez más estrecho: los tipos de las tasas de interés no se pueden disminuir infinitamente.

Lo más deseable es que las medidas tomadas por la FED surtan un efecto, además de positivo, duradero. De poco servirá una acción cuyo efecto favorable sea de sólo unos cuantos días.

Desafortunadamente aun es muy temprano para cantar victoria. Más aún con las últimas noticias que se han dado a conocer, dos de las cuales tendrán consecuencias todavía más negativas en la confianza de los inversionistas y de la ciudadanía en general.

La primera nueva mala noticia es la referente al fraude de 4,900 millones de euros cometido en contra del segundo banco más grande de Francia, Societe Generale.

Lo impactante del caso, además del monto, es que el fraude en cuestión fue cometido por un funcionario del banco de treinta y un años de edad, que fue capaz de violar prácticamente todas las medidas de control interno y ocasionar un hoyo de casi 5 mil millones de euros – unos 7,500 millones de dólares – a una institución de gran prestigio.

La segunda nueva mala noticia incumbe a España. Se ha dado a conocer que la tasa de desempleo ha crecido más de lo esperado, colocándose en un 8.6%. Casi 2 millones de españoles se encuentran en paro.

Independientemente de las repercusiones de esta noticia en España, preocupa que la tendencia se repita en toda Europa, lo que implicaría un nuevo riesgo para la estabilidad económica.

Una recesión en la economía estadounidense es una pésima noticia, como también lo sería una recesión en la economía europea.

Ambas economías en recesión son, quizá, una de las peores noticias que la economía internacional podría recibir, dado que entre las dos concentran prácticamente la mitad de la economía mundial.

Con base en lo anterior, surge la pregunta: ¿afectará esta crisis a México? O más bien: ¿cómo afectará esta crisis a México?

Dándole crédito a la frase de “si a Estados Unidos le da gripa, a México le da pulmonía”, probablemente no estemos ante el mejor de los escenarios.

No sólo la mayoría de nuestras exportaciones se dirigen hacia el vecino del norte. Nuestros connacionales en Estados Unidos envían cada año cerca de 25 mil millones de dólares a México.

La dependencia casi total de estas remesas en muchos municipios del país – en Hidalgo hay varios – tiene como consecuencia que en caso de verse reducidas su impacto no se diluya y concentre sus efectos en zonas regularmente marginadas.


Es cierto que México cuenta con mecanismos de defensa con los que no contaba hace años.

Nuestra economía es más sólida y existe un mayor control de las variables macroeconómicas.

El hecho es que si, como todo parece indicar, en los siguientes días surgen más datos que confirmen que la economía estadounidense ha entrado en recesión, sería simplemente irresponsable no tomar todas las precauciones necesarias para reducir su impacto en la economía nacional.

El gobierno federal y el Banco de México no pueden ser meros espectadores ante un fenómeno mundial que, aunque ciertamente no fue ocasionado por ellos, puede tener efectos en los ya de por sí lastimados bolsillos de los mexicanos.

Es mejor prevenir que lamentar.

Rubén Moedano, pachuqueño, amigo de la infancia, estudiante recordado del Instituto Hidalguense, tuzo de corazón; es parte del cada vez mayor grupo de mexicanos que viven en España.

Rubén – quien por cierto casó con española, con quien tiene una hermosa bebé –, dirige una empresa inmobiliaria con presencia internacional, lo que no ha sido obstáculo para darse el tiempo necesario para compartir con quien escribe estas líneas diversos consejos y palabras de aliento que han sido de gran valor en el proceso de adaptación familiar a la vida madrileña.

He decidido seguir la más reciente de sus sugerencias: crear un pequeño y muy sencillo blog personal en internet en el que los distinguidos lectores puedan consultar, opinar y enriquecer las colaboraciones que El Sol de Hidalgo me permite publicar en sus páginas.

Espero resulte de su interés, apreciable lector.

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domingo, 20 de enero de 2008

El origen de Mouriño


Como era de esperarse, por diferentes motivos el reciente nombramiento de Juan Camilo Mouriño como Secretario de Gobernación ha desatado un álgido debate en los medios de comunicación.

El principal de ellos es evidente y obvia razón de los demás: después de la del Presidente de la República, la oficina que hoy ocupa Mouriño es la más importante, deseada y a la vez polémica de todas las que existen en el gobierno federal.


Con cierta ligereza –desde mi particular óptica –, los ataques hacia el hombre fuerte del presidente Felipe Calderón se han centrado en un hecho que a todas luces no depende en lo absoluto de él: nació en la ciudad de Madrid, España, el primero de agosto de 1971.

Precisamente de este fortuito antecedente derivan las dos más fuertes críticas que en su contra se han esgrimido: por un lado, una juventud que genera temores de falta de capacidad; por el otro, un lugar de nacimiento, que da pie a la existencia de “dudas” sobre su nacionalidad.

En lo que se refiere a su juventud, es un hecho que el nuevo Secretario de Gobernación deberá demostrarnos a los mexicanos –y a su jefe y amigo en Los Pinos, que tiene las facultades para nombrarlo y removerlo – que a pesar de sus 36 años cuenta con las aptitudes y las actitudes necesarias para llevar a buen puerto la política interna de nuestro país, cosa que sí depende enteramente de él mismo y de los resultados que entregue.

Por lo que hace a su lugar de nacimiento y por ende a su nacionalidad, todo indica que Juan Camilo Mouriño es elegible para el cargo de Secretario de Gobernación.


En el supuesto de que la información disponible sea cierta – lo contrario probablemente implicaría su “debut y despedida” de la política –, quien hoy despacha en el Palacio de Covián cuenta con los requisitos que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para ser considerado mexicano por nacimiento y por ende para ocupar una secretaría de despacho.

El Artículo 91 de la Constitución indica que para ser Secretario de Despacho se requiere ser ciudadano mexicano por nacimiento, es decir, no se es elegible para el cargo si se es mexicano por naturalización.


Es el Artículo 30 constitucional el que distingue entre la nacionalidad mexicana por nacimiento y la que se obtiene por naturalización. Entre otros supuestos, esta disposición determina que se es mexicano por nacimiento, en el caso de haber nacido en el extranjero, si se es hijo de padre o madre mexicanos; incluso si estos la obtuvieron por naturalización.

Según ha trascendido en diversos medios y él mismo a afirmado, Mouriño es mexicano por nacimiento dado que en algún momento su señora madre obtuvo la nacionalidad mexicana por naturalización.


En este punto se encuentra la clave de la calidad de la nacionalidad del titular de gobernación y corresponderá a las autoridades competentes, a los partidos de oposición y a quienes ejercen el periodismo de investigación –todos ellos legitimados plenamente para hacerlo – intentar corroborarlo o, en su caso, descalificarlo.

Ahora bien, en el supuesto de que la información oficial sea cierta, ¿tiene algo de extraño o de maligno que el hijo de un inmigrante español debidamente nacionalizado ocupe la Secretaría de Gobernación o cualquier otra? Desde mi punto de vista, en lo absoluto.


Defender lo contrario sería simplemente xenófobo. En una Estado democrático y de derecho, no existe posibilidad alguna de validar expresiones que intenten marginar a alguien por su origen o el de sus padres.

Este tipo de manifestaciones llevan a abusos, tanto verbales como de hecho, que a todas luces se observan arcaicos y retrogradas. Nadie que respete los derechos humanos y se considere minimamente tolerante puede justificar expresiones que busquen ubicar a un grupo de mexicanos como “ellos” en contra de un “nosotros” siempre incierto.


El nuestro se ha caracterizado por ser un país abierto a la inmigración. Muchos mexicanos podemos enorgullecernos de ser parte de una nación que recibió con los brazos abiertos a algún antepasado que tuvo el valor de emigrar a México para buscar una mejor opción de vida.

Inmigrantes españoles, libaneses, argentinos, italianos, franceses, chinos y muchos más, han contribuido y lo seguirán haciendo a configurar el rostro del México actual. Los padres de Angelina Dagda Yitani, mi querida abuela materna, fueron parte de ese gran movimiento migratorio que ha tenido a nuestro país y a nuestro estado como destino.

En el caso particular de quienes provienen de España, se trata del grupo más numeroso de inmigrantes que ha arribado a nuestro país. No ha habido una sino muchas oleadas de inmigración de españoles hacia México. Prácticamente desde el siglo XVI, estos movimientos migratorios han sido constantes, con periodos de mayor auge.

A finales de los años treinta, el General Lázaro Cárdenas abrió las puertas de nuestro país a miles de inmigrantes españoles que huían de la dictadura de Franco. Recientemente, en un homenaje que se le rindió en Madrid, la Ministra española de cultura, Carmen Calvo, dijo que la actuación del ex presidente durante los años de la Guerra Civil española y la expansión del fascismo en Europa, representa el "único ejemplo de dignidad" del "mundo occidental", que hasta la fecha "no ha reconocido la deuda moral" que tiene con México.

En Hidalgo la inmigración española también ha dejado una huella permanente. Sin instituciones como la Beneficencia Española o el exitoso legado de trabajo y esfuerzo sería difícil comprender a nuestro estado. Empresarios como Ángel Lozada de Grupo Gigante, quien llegó a Hidalgo a la edad de tres años, son ejemplo de éxito y tesón.

Seamos claros en los mensajes. La discriminación verbal corre el riesgo de ser seguida por la discriminación “real”, que se presenta en la cotidianeidad y es semilla de conflictos sociales. No dirijamos el debate hacia la exclusión y la intolerancia.

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martes, 15 de enero de 2008

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domingo, 13 de enero de 2008

Aristegui y los medios españoles


El 5 de enero de 2008 la periodista Carmen Aristegui anunció que debido a “una incompatibilidad de modelos en términos de dirección editorial” concluía su participación en el noticiero matutino “Hoy por Hoy” que se transmite en W Radio.

Por su parte, el consorcio radiofónico – integrado por Televisa y el español Grupo Prisa – daba a conocer su versión a través de un comunicado oficial. El argumento: un “proceso de renovación, actualización y expansión” y “un nuevo modelo de organización y trabajo”.

A partir de ese momento – en un hecho con pocos precedentes en México – diferentes sectores del mundo periodístico, político, empresarial y de la sociedad civil organizada y no organizada se volcaron en expresiones mayoritariamente desaprobatorias de la salida del aire de un espacio noticioso ampliamente apreciado, percibido por el público como plural y objetivo.

Vale la pena destacar el alto impacto que la controversia ha generado en el internet, medio a través del cual tengo la fortuna de enterarme cotidianamente del acontecer de Hidalgo y del país.
La “no renovación” del contrato de Aristegui puso sobre la mesa de debates diversas cuestiones, todas ellas de innegable relevancia. Los puntos controvertidos van desde situaciones muy específicas del caso, tales como el entendimiento de las razones precisas por las cuales la empresa decidió no proseguir la relación con la periodista; hasta cuestiones mucho más amplias y complejas, que tienen que ver, por ejemplo, con la globalización de los medios de comunicación o con la relación entre éstos y la sociedad a la que sirven e informan.

Sin embargo, dada la amplitud del debate, existe una pieza que considero fundamental para poder entender el rompecabezas: el papel en este polémico asunto de la empresa de medios española Grupo Prisa, copropietaria desde 2001 de las estaciones radiofónicas de Televisa en las cuales se transmitió durante cinco años el espacio informativo de Carmen Aristegui. Sobre este aspecto quiero centrarme, dada su estrecha relación con el país en el que actualmente vivo junto con mi esposa e hijas.

Independientemente de que estén o no de acuerdo con su línea editorial, existe un consenso entre los españoles en ubicar a Grupo Prisa como el consorcio de medios más influyente de España. Este tema está dentro de los que prefieren los españoles si desean polemizar o discutir hasta el hartazgo en una charla de café.

El grupo formado por el recientemente fallecido Jesús Polanco a partir del éxito de su punta de lanza el diario “El País”; además periódicos y revistas, cuenta con estaciones de radio – entre las que se encuentra la influyente cadena “Ser”, cadenas de televisión abierta y por cable, portales de internet; agencias de noticias y publicidad, así como de impresión.

El consorcio cotiza en las 4 bolsas españolas, emplea a alrededor de 10 mil personas y en 2005 facturó casi 1,500 millones de euros – de esos que valen ¡más de 16 pesos!

Grupo Prisa no ha quedado fuera de la dinámica de internacionalización de las empresas españolas. Además de una importante presencia en diversos países de la Unión Europea – cuenta con el 15% del capital del conocido diario “Le Monde” francés –, es propietaria o copropietaria de medios electrónicos e impresos en México, Colombia, Chile y Bolivia.

En un país en el que a todo y a todos se les intenta ubicar en un espectro de izquierdas y derechas políticas – cosa que afortunadamente aun no sucede en México y espero no suceda pronto –, a Grupo Prisa tradicionalmente se le ha relacionado con la izquierda proclive al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), actualmente en el poder.

En España son ampliamente conocidas las acaloradas disputas casi permanentes que mantiene con el Partido Popular (PP) y con los medios ligados a la derecha política: la también influyente COPE – grupo de medios televisivos y radiofónicos perteneciente a la Iglesia Católica española – así como los diarios “El Mundo” y “ABC”, que le siguen de cerca en cantidad de lectores.

En los últimos años las críticas a Grupo Prisa no sólo han provenido del espectro de la derecha política. También la izquierda ha atacado fuertemente al grupo, acusándola de mantener una posición incongruente, más centrada en sus intereses económicos y de poder que en su tradicional acercamiento con la ideología de corte izquierdista.

Lo anterior quedó de manifiesto con la dura reacción que el grupo tuvo contra el actual gobierno cuando éste mostró reticencias a su expansión en ciertos ámbitos de los medios de comunicación electrónicos.

Este último punto es, desde mi punto de vista, el más importante referente para intentar entender por qué no son infundadas las hipótesis que sostienen que Grupo Prisa pudo haber puesto por delante sus intereses empresariales, incluso en contra de la línea editorial plural que utiliza como principal carta de presentación para abrirse paso por el mundo e incursionar en nuevos países y mercados.

En este caso ni siquiera el famoso y todopoderoso “rating” pudo ser utilizado como argumento de descargo: la aceptación del noticiero que producían Carmen Aristegui y su equipo de colaboradores era la mayor en la zona metropolitana de la Ciudad de México, lo que hacía al proyecto viable en términos comerciales.

La moneda está en el aire. Pronto los efectos del acalorado debate que el caso Aristegui ha generado en México llegarán a este lado del mundo. Seguramente lo harán: en Marzo habrá elecciones generales en España y prácticamente existe un empate técnico entre el PP y el PSOE.

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domingo, 6 de enero de 2008

La Monarquía española


El 10 de noviembre de 2007, durante la Cumbre Iberoamericana que se realizaba en Santiago de Chile, Juan Carlos I, Rey de España; espetó al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, la famosa frase “¿Por qué no te callas?”.

Sólo cinco palabras fueron suficientes para generar una polémica internacional aun sin resolver y para reavivar el aquelarre interno sobre la conveniencia de la Monarquía española.

Independientemente de que como mexicano y republicano me sea imposible pensar siquiera en la Monarquía como un sistema valido para nuestro país y que afortunadamente la construcción de nuestras instituciones democráticas camina por distinto sendero, considero que no es posible aproximarse al entendimiento de la España de actualidad sin conocer a una de sus instituciones fundamentales.

Lo que es un hecho es que Juan Carlos I, quien ayer 5 de enero celebró su cumpleaños número 70, ha estado en el centro de la discusión desde mucho antes de ser proclamado como Rey hace 32 años.

La cuestión clave del debate es: ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI pueda existir en un país democrático una Monarquía hereditaria?

La realidad es que según diversos estudios de opinión la mayoría de los españoles son más “juancarlistas” que “monárquicos”.

Independientemente de que poco a poco crece el número de ciudadanos que simpatizan con el sistema republicano que eliminaría la Monarquía, la gran mayoría considera que la aportación de Juan Carlos I ha sido fundamental para construir la democracia en la que actualmente viven.

El estudio de octubre de 2006 elaborado por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) –institución del Estado español encargada de elaborar encuestas y otros estudios de opinión –, en el que se preguntó a los españoles acerca de doce instituciones, situó a la Monarquía en el tercer lugar de aprobación, sólo rebasada por la Policía y el Ejercito.

El 87% de los encuestados estuvieron de acuerdo con la afirmación de que "el Rey ha sabido ganarse la simpatía y el afecto de los españoles, incluso de aquellos que no veían la Monarquía con buenos ojos".

Asimismo la aceptación a la frase "el Rey ha probado que la Monarquía podría cambiar y adaptarse a las exigencias actuales de la sociedad española" fue del 79%; y el 75% de los encuestados estuvieron de acuerdo con la afirmación de que "la figura del Rey es para los españoles una garantía de orden y estabilidad".

Después de estos resultados, se esté o no de acuerdo con la corona, debe aceptarse que 32 años después de haber sido restaurada su salud es buena o al menos es mejor que la de la mayoría de las instituciones del Estado español.

Es un hecho que la Monarquía ha sido capaz, no sólo de adaptarse al juego democrático, sino de hacerlo de tal manera que la gran mayoría de los españoles la consideren una pieza clave del mismo. Históricamente no siempre ha sido así.

El 14 de abril de 1931, el abuelo del actual Rey, Alfonso XIII abandonaba España como consecuencia del rotundo triunfo de las fuerzas políticas republicanas en las elecciones municipales. Ese mismo año se proclama la República española.

Pocos años después, España entraba en una guerra civil, obteniendo en 1939 la victoria militar definitiva – pues en las guerras civiles nadie obtiene la “victoria” en amplio sentido – el bando más cercano a la corona que, aunque no la restauró, sí instauró la dictadura que concluyó hasta la muerte del General Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975. Por cierto, como consecuencia de esta conflagración, muchos españoles, entre ellos parte de la “élite intelectual” republicana, se refugian en México bajo la protección y auspicio del General Lázaro Cárdenas. Este episodio es recordado con profundo agradecimiento hacia nuestro país por el pueblo español.

Dos días después de la muerte del General Franco, el hijo de Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, es proclamado Rey de España el 22 de noviembre de 1975, bajo el nombre de Juan Carlos I.

Lo hizo gracias al apoyo de Francisco Franco, quien se dice no simpatizaba con su padre por lo que accedió a restaurar la monarquía siempre y cuando éste permitiera que fuese su hijo Juan Carlos y no él mismo quien lo sucediera a su muerte.

Esta situación provocó que inicialmente, los españoles consideraran que Juan Carlos I era un instrumento de la dictadura para perpetuarse en el poder. No hay que olvidar que juró acatar los principios del Movimiento Nacional que buscaba la continuación del franquismo.

El verdadero golpe de timón lo da cuando impulsa el Referéndum para la Reforma Política que da inició a la transición democrática española.

Así las cosas, la Constitución de 1978 define a España como una Monarquía Parlamentaria. Se acotan de tal manera los poderes del Rey, que se dice “el Rey reina pero no gobierna”. Ejemplo de lo anterior es el relativo a la sanción de las leyes. El Rey simplemente no puede negarse a sancionar una Ley debidamente aprobada por el Parlamento. De hacerlo, primero deberá abdicar, por lo que dejaría de ser Rey.

Existe un momento clave en la consolidación de la actual Monarquía Española. El 23 de Febrero de 1981 Juan Carlos I, da un mensaje en la televisión, desaprobando el golpe de Estado que intentaban dar en ese momento diversas fuerzas de la Guardia Civil que prácticamente tenían secuestrado el Congreso de los Diputados. Este hecho lo afianzó como una figura garante del proceso democrático español.

Los retos actuales son muchos. Este mismo año, además del “¿Por qué no te callas?”, hubo diversos asuntos relacionados con la Monarquía española. Dos meses antes de la polémica visita de Juan Carlos I a las ciudades españolas en Arica de Ceuta y Melilla, grupos de jóvenes en distintos puntos del país incendiaban fotografías de los reyes, dando pie a que Partidos como Izquierda Unida pusieran sobre la mesa de debates el asunto de la Monarquía y de los costos que ésta conlleva.

La controversia está vigente y seguramente lo seguirá estando en los próximos años. Sin embargo, se aprecia sumamente difícil que al menos en el mediano plazo los españoles decidan cambiar su postura frente a una institución que a pesar de ser tan poco democrática en sí misma, tanto ha aportado a la consolidación democrática de España.

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miércoles, 26 de diciembre de 2007

México en España: Restaurantes mexicanos en Madrid

Afortunadamente, en España es posible encontrar desde tacos hasta platillos de alta cocina mexicana, pasando por comida Tex Mex y algunas no tan buenas imitaciones.

A continuación encontrarás una recopilación de diversas guías en las que aparecen listados de restaurantes de comida mexicana en Madrid y sus alrededores:


http://madrid.salir.com/restaurantes-cocina_mexicana

http://www.mesalibre.com/espana/madrid/madrid/mexicana

http://www.supercable.es/~conosur/restaurantes_mexicanos.htm

http://www.mexicanosenespana.com/directoriorestaurantes.htm

http://madrid.comermexicano.com/

http://www.buscorestaurantes.com/Restaurantes-en-Madrid-1-35-2259/Cocina-mexicana/44-1-1.html

Espero que te sea de utilidad.

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domingo, 23 de diciembre de 2007

Países que integran la Unión Europea


Dado que en diversas ocasiones se han recibido búsquedas solicitando el listado de los países que integran la Unión Europea, a continuación lo podrán encontrar:

Lista de países que integran la Unión Europea (27): Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria; Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España; Estonia, Finlandia, Francia, Grecia; Hungría, Irlanda, Italia, Letonia; Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos; Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa; Rumanía, Suecia.



Países candidatos (3): Macedonia, Croacia y Turquía.



Otros países de Europa no pertenecientes a la Unión Europea (19): Albania, Andorra, Armenia, Azerbaiyán; Bielorrusia, Bosnia y Herzegovina, Estado de la Ciudad del Vaticano; Georgia, Islandia, Liechtenstein, Moldova; Mónaco, Montenegro, Noruega, Rusia; San Marino, Serbia, Suiza, Ucrania.



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domingo, 16 de diciembre de 2007

La Unión Europea: el factor clave


Hace algunos días, aprovechando el feriado con motivo de la celebración de los veintinueve años de la Constitución española, tuvimos la oportunidad de visitar la ciudad de Lisboa. Cerca de seiscientos cincuenta kilómetros por carretera la separan de Madrid.

No intentaré describir los detalles del viaje, y me limitaré exclusivamente a reflexionar en torno a un hecho histórico que, coincidentemente, se suscitó pocos días después en la misma ciudad que visitamos y en los efectos prácticos que este acontecimiento tiene en algo tan simple como el paseo de “puente” que realicé con mi familia.

Pero, ¿qué relación puede tener el pequeño viaje de un grupo de mexicanos con el suceso que a continuación comentaré? Mucha, si consideramos que el trayecto lo hicimos en una autopista prácticamente nueva; que, sin siquiera percatarnos, cruzamos la frontera entre dos naciones; y que al llegar a Portugal no fue necesario utilizar una moneda distinta a la que utilizamos en España.

En efecto, el 13 de diciembre – días después de nuestro regreso –, los representantes de los veintisiete países que integran la Unión Europea firmaron en la capital portuguesa el tratado que regirá sus destinos en las siguientes décadas.

El Tratado de Lisboa es el último de muchos y difíciles pasos que se han dado a lo largo de cincuenta y siete años para consolidar la integración de Europa. Es también la respuesta a la fracasada “Constitución Europea”, cuyo rechazo en Francia y Holanda caló hondo entre los “europeístas” que en 2005 vieron peligrar sus sueños de integración.

Según palabras del Primer Ministro de Portugal, el acuerdo firmado en el Monasterio de los Jerónimos de Lisboa – por cierto, sumamente bello –, “vence la parálisis política” en la que entró Europa después de que los franceses y holandeses rechazaran mediante referéndum el proyecto de constitución que en aquel entonces se intentaba implantar.

Son varias las innovaciones que contiene: Un sistema de toma de decisiones más ágil que abandona la necesidad de la unanimidad y elimina la posibilidad de veto individual en 40 áreas, incluidas las de cooperación policial y judicial; una presidencia más fuerte, pues se pasa de un esquema de rotación cada 6 meses a mandatos de dos años y medio; y la creación de un “ministro de exteriores” común.

En pocas palabras: el Tratado de Lisboa crea los elementos de ingeniería institucional que necesita para funcionar una unión que ha incrementado el número de países que la integran y el de temas sobre los cuales tiene injerencia.

El nuevo documento dista mucho de aquel que se considera su principal antecedente, firmado en París el 18 de abril de 1951 por sólo seis países – Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y la República Federal Alemana –, por medio del cual se creaba la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.

A partir de entonces, diversos acuerdos han configurado gradualmente lo que hoy conocemos como la Unión Europea. En cada etapa ha habido una constante: los países han depositado en la Unión facultades que hasta entonces sólo ellos ejercían, buscando siempre salvaguardar aquellos elementos que consideran parte de su identidad fundamental. Es por ello que el lema común es “Unidad en la diversidad”.

Ejemplo de lo anterior: el tratado firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992 a través del cual se sentaron las bases de una política exterior y de seguridad común; de una cooperación más estrecha en asuntos de justicia y política interior y, principalmente, de la creación de una unión económica y monetaria, incluida una moneda única: el euro.

La Unión Europea de la actualidad difícilmente podría haber sido imaginada por aquellos políticos de mediados del siglo XX a quienes se considera los “padres de Europa”: Robert Schuman, Konrad Adenauer, Jean Monnet, Alcide De Gasperi y Winston Churchill.

Hoy, en la mayoría de los países de la unión existe una moneda única y, salvo contadas excepciones como armas o explosivos, existe libertad de circulación de personas, capitales, mercancías y profesionales.

Lo anterior explica por qué no fue necesario que realizáramos trámite alguno para cruzar la frontera entre España y Portugal, así como el hecho de utilizar la misma moneda.

Por cierto, físicamente la moneda no es exactamente igual. Una de las caras es común y la otra responde a cada país. En la moneda de un euro de España en esta cara aparece el actual Rey Juan Carlos I, mientras que en Portugal el sello del Rey del siglo XII Alfonso Henriques.

Se cuenta con símbolos comunes, tales como el pasaporte, la bandera y el himno – el último movimiento de la novena sinfonía de Beethoven –, que por cierto no excluyen a los propios de cada país, salvo el caso del pasaporte.

Se dice que el 60% de las decisiones que afectan a un país europeo se toman en Bruselas o en algún organismo de la Unión. Desde el tipo de calefacción que puede haber en las viviendas hasta cuestiones relacionadas con partidos políticos de una región específica de una nación, la Unión Europea permea todos los ámbitos de la sociedad.

A pesar de no tener una administración propia, sino la de los países que la integran, la Unión Europea cuenta con 40 mil empleados, de los cuales casi la mitad son traductores que tienen como función facilitar la comunicación entre funcionarios de veintisiete países que hablan veintitrés lenguas oficiales.

Pero la Unión Europea va más allá del libre tránsito o la moneda común. Los denominados Fondos Estructurales, cuya finalidad es disminuir las desigualdades entre las naciones integrantes, impulsando y complementando los esfuerzos de las autoridades nacionales, han cambiado el rostro de muchos países.

Es por ello que intentar entender el Portugal y la España de la actualidad fuera del contexto de la Unión Europea y de las repercusiones que ésta ha tenido en todos los aspectos del desarrollo de ambos países y de sus ciudadanos es simplemente imposible.

A través de los Fondos Estructurales y de créditos del Banco Europeo de Inversiones se ha construido una nueva red de autopistas y de ferrocarriles de alta velocidad. Las autopistas A-5 e IP-7 que nos condujeron a Lisboa fueron financiadas en gran medida por medio de estos mecanismos.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Existen múltiples temas que generan un amplio debate.

Poco o nada gusta al gobierno español que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, le impida embargar las “Herriko Tabernas” – supuestos lugares de reunión de la izquierda nacionalista vasca – hasta que no demuestre claramente que sus propietarios son en realidad prestanombres del ilegalizado partido Herri Batasuna, ligado a la organización terrorista vasca ETA.

Los propios Fondos Estructurales son objeto de una amplia discusión. Durante muchos años, los ciudadanos alemanes o franceses tuvieron que cubrir el costo de fondos cuyo destino era España, Portugal o Grecia, dado que era necesario equilibrar las débiles infraestructuras con las que en ese entonces contaban estos países con las robustas carreteras o vías ferroviarias alemanas o francesas.

Actualmente, España ampliamente favorecido durante muchos años con estos fondos, dejará de ser receptor de recursos y deberá utilizar parte de su presupuesto para apoyar los proyectos que se llevarán a cabo en las naciones recientemente integradas a la Unión Europea, tales como Chipre, Rumania o Lituania.

Es así como, mediante un esfuerzo político coordinado en el que han participado diversos hombres y mujeres de generaciones diferentes, Europa pasó de un tratado con fines meramente comerciales a una unión con una visión de largo alcance, cuyos resultados de corto y mediano plazo empiezan a rendir frutos tangibles en la vida cotidiana de sus ciudadanos, luego de más de cincuenta años.

Me viene a la mente la frase de Don Adolfo Ruiz Cortines, Presidente de México de 1952 a 1958, en relación con la necesidad de emprender acciones con visión de futuro aunque estas no necesariamente impliquen beneficios de corto plazo: “No siembro para mi, siembro para México”.

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domingo, 9 de diciembre de 2007

La educación concertada en España

Una de las principales preocupaciones que compartía con mi esposa cuando decidimos venir a Madrid era encontrar una escuela a la que pudiesen asistir nuestras hijas. Independientemente de que aún son muy pequeñas y cursan educación preescolar, era de suma importancia no interrumpir el proceso educativo en el que ya estaban inmersas en Pachuca.

Por lo tanto, la búsqueda de un colegio se ubicó como una más de las tareas que denominábamos indispensables antes de nuestra llegada.

Precisamente esa necesidad nos permitió conocer con mayor detalle algunas peculiaridades del sistema educativo español que lo diferencian del mexicano. Diferencias que no necesariamente deben ser positivas, pues son las que causan una mayor polémica entre la sociedad ibérica.

Nunca he sido aficionado de las comparaciones a la ligera. Menos aun de aquellas en las que los objetos que se contrastan tienen como telón de fondo realidades diametralmente opuestas.

El sistema educativo mexicano es una de las mayores conquistas sociales emanadas de nuestra revolución. Los principios de gratuidad, laicidad y universalidad están debidamente consagrados en la Constitución de 1917. Desde entonces – poco más de noventa años-, ha sido la política que más recursos ha demandado del Estado mexicano.

Por su parte, el actual sistema de educación español tiene su antecedente en la Constitución de 1978; a pesar de que las leyes secundarias que la norman han sido modificadas –la más reciente en el año 2006-.

Por lo tanto, estamos hablando de sistemas cuyo origen, desarrollo y entorno hacen que las comparaciones sean, además de complejas, poco útiles en términos prácticos.

A pesar de lo anterior, existen diferencias que vale la pena conocer para tener una idea más amplia de cómo hacen otras naciones para hacer efectivo el derecho a la educación. Por ejemplo: en México la enseñanza básica obligatoria comprende el preescolar, la primaria y la secundaria; a diferencia de España en donde sólo abarca la primaria y la secundaria, no el preescolar.

Sin embargo, la diferencia que más llama la atención es la referente a la manera en la que el Estado español imparte la educación pública. A diferencia de nuestro país, en España ésta puede ser prestada por instituciones públicas y también por instituciones privadas.

A esta última modalidad se le llama educación concertada y consiste en la posibilidad de que escuelas privadas presten la educación pública “en nombre” del Estado español a cambio de un pago que el gobierno les realiza, de conformidad con ciertos parámetros. Es decir, las instituciones privadas “sustituyen” al Estado y éste a cambio paga por ello.

Los padres de familia que así lo deseen y cumplan con diversos requisitos pueden optar por inscribir a sus hijos en un colegio concertado.

Las consecuencias de esta variante son inmensas. De entrada, una parte importante pero minoritaria del presupuesto educativo se destina al pago de los centros concertados; el personal que labora en este tipo de instituciones no se considera trabajador al servicio del Estado, por ende, su patrón es la institución que le contrata.

Los “conciertos” no excluyen a las escuelas con una orientación religiosa, por lo que es factible y muy usual que esta clase de centros decidan optar por acogerse a este régimen. Por ende, en España es posible que mediante la enseñanza concertada la educación pública tenga un contenido religioso, lo que en nuestro país sería impensable.

Evidentemente existen diversas reglas para que una institución educativa preste sus servicios en la variedad concertada, así como un esquema de garantías que busca proteger a sus alumnos y trabajadores.

Corresponde a las comunidades autónomas – asimilables en México a los estados- hacerse cargo de esta regulación. Es por ello que en España se dice: “Dime quién te gobierna y te diré quién te educa”.

En la Comunidad Autónoma de Cataluña, gobernada por una coalición de izquierda, en los últimos cinco años lectivos la matricula en las escuelas privadas y concertadas ha subido muy poco, mientras que la de las públicas se ha incrementado en un 14.95%.

En contraste, en el mismo periodo de tiempo en la Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular, proclive a la derecha ideológica, los números se invierten: los alumnos en escuelas públicas han crecido sólo un 2.6% contra un 12.46% de las privadas y concertadas.

La tendencia nacional española se parece mucho a la madrileña. A pesar de que actualmente el 67.6% de los estudiantes de educación básica en España asisten a escuelas públicas, casi un 82% de las nuevas plazas para alumnos que se crearon desde 2001 se ubican en la enseñanza concertada.

En un país en el que el costo promedio mensual de una colegiatura en un colegio privado puede ir de trescientos a mil doscientos euros – alrededor de cinco a veinte mil pesos –,el sistema concertado ha sido apoyado por muchos padres de familia y por un importante sector de la población.

Entre otras cosas, quienes están a su favor argumentan que permite a las familias una elección más libre de la escuela a la que asisten sus hijos y que permite ahorros significativos al gobierno. En relación con este último argumento, el Ministerio de Educación español estima que un alumno en un centro concertado le cuesta un 12% menos que en uno público.

Quienes están en contra de la enseñanza concertada cuentan también con argumentos de peso para justificar su preocupación por la falta de proporcionalidad en el desarrollo de los centros concertados – que operan con fondos públicos- y los colegios públicos.

Se dice que fomentan procesos de marginalización, lo que se apoya en el hecho de que el sector poblacional más desprotegido y que más crece en España, los inmigrantes, matricula mayoritariamente a sus hijos en escuelas públicas. Sólo un 4% de los alumnos de las instituciones concertadas son inmigrantes, mientras que los colegios públicos reciben a más del 80% de los niños que se encuentran en esa condición.

En la práctica, los hijos de españoles están ingresando a las escuelas bajo el régimen de concierto y los hijos de inmigrantes lo hacen en las públicas, lo que propicia escenarios de división social poco favorables.

Más aún si se considera que España es el país que más inmigrantes recibe en el mundo después de Estados Unidos de América y que existe toda una estrategia de Estado para intentar garantizar su inclusión en las mejores condiciones posibles.

La discusión sigue abierta y existen, como en todas las materias, posiciones divergentes sobre el mismo tema.

El debate se avivó esta semana al darse a conocer oficialmente el informe PISA. El mismo había sido filtrado a la prensa ibérica con una semana de anticipación lo que provocó un escándalo mediático.

Este informe, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para evaluar el nivel en matemáticas, ciencias y lectura de los estudiantes de quince años en 57 países presentó resultados que los políticos españoles consideraron muy preocupantes.

El estudio situó a España en el lugar 31 de entre 57 países evaluados en la investigación.

Como consecuencia, el Partido Popular, actualmente en la oposición a nivel nacional, ha pedido una revisión del modelo educativo; argumentando que el actual no permitirá a España competir a nivel mundial.

Lo sorprendente del caso fue que el Presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español, adversario del Popular, no reaccionó negándolo sino justificándolo en un rezago histórico al que hay que hacer frente.

Es decir, existe un amplio y necesario consenso entre los actores políticos en el hecho de que el lugar 31 que ocupó España en el informe PISA – nuestro país ocupo el sitio número 49 - no le permitirá hacer frente a los retos del futuro y que es necesario tomar medidas para evitar una perdida de competitividad que aleje a los españoles del desarrollo económico y social al que aspiran.

En lo que también existe consenso en España y en todo el mundo es en el hecho de que la educación es una condición necesaria – desafortunadamente no suficiente -, para poder acceder a mejores niveles de bienestar personal, familiar y comunitario.

Cada pueblo tiene la posibilidad de definir el mecanismo que mejor le parezca para garantizar que su población pueda tener de hecho, no sólo de derecho, la posibilidad real de ejercer su libertad de educación en condiciones de igualdad de oportunidades.


Por cierto, el ingreso de nuestras hijas a la escuela en Madrid dejó de ser una preocupación gracias a las atinadas gestiones de las autoridades escolares de la institución educativa a la cual asistían en Pachuca. Su valiosa intervención fue de suma utilidad para conseguir un espacio en un colegio hermano. Sirva este medio para enviar un fuerte abrazo al personal docente y administrativo del Colegio Éverest.

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