domingo, 22 de junio de 2008

El “Vía Crucis” de la licencia de manejo española

Probablemente uno de los trámites administrativos más temidos y a la vez más necesarios en España sea el de la obtención de la licencia de manejo, o más bien dicho, del permiso de conducir.

No se trata de un simple trámite de un día sino de una serie de complicados pasos que las autoridades españolas han ido construyendo para hacer cada vez más difícil obtener el permiso en cuestión e intentar garantizar con ello que quienes se encuentren frente a un volante lo hagan en las mejores condiciones posibles.

Sobretodo si consideramos que a partir del primero de mayo de 2008 las personas que conduzcan sin permiso de conducir cometen un delito contra la seguridad del tráfico.

Según el artículo 384 del nuevo Código Penal, manejar un vehículo sin contar con el carné – así le denominan comúnmente –, no habiéndolo obtenido nunca, se castiga con una pena de prisión de tres a seis meses o una multa de 12 a 24 meses y trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días.

Dado que el carné de conducir español utiliza el sistema de puntos, no escapan a estas penas aquellos que los hubiesen perdido todos por sus infracciones de tráfico.
Ésta no es la única falta del tipo que puede llevar a alguien a la cárcel.

También conllevan pena de prisión exceder en sesenta kilómetros por hora el límite de velocidad permitida en zonas urbanas y en ochenta kilómetros en carretera; superar los 0,60 miligramos de alcohol por litro de aire y los 1,2 gramos por litro de sangre; y la negativa a someterse a un control de alcoholemia.

Así las cosas, enterados de las graves consecuencias que puede ocasionar no contar con uno, los españoles y todos aquellos que necesitamos conducir en España debemos cumplir una a uno los requisitos para obtener el carné en cuestión.

Lo primero es aprobar un difícil examen teórico en el que no se pueden tener más del 10% de errores.

Cerca del 30% de quienes realizan el examen teórico no lo aprueban en su primer intento.

Es tal la amplitud, complejidad y nivel de confusión de la prueba que la mayoría de los aspirantes prefieren desembolsar un promedio de 150 euros – alrededor de dos mil quinientos pesos – y matricularse en una escuela de manejo para prepararse con entre diez y treinta días de anticipación.

El manual oficial de 224 páginas consta de quince temas con un contenido sumamente diverso: documentación, seguridad vial, mandos del vehículo, usuarios de la vía; señalización, alumbrado, la vía, velocidad y distancias; maniobras, prioridad, transporte de personas y carga, conducción segura; así como mecánica, accidentes de circulación y viajes.

Una vez se considere estar preparado para presentar la prueba teórica se deberá acudir ante un perito y pagar 30 euros para que certifique el estado psicofísico del aspirante.

Posteriormente se pagan 30 euros más a la autoescuela para que alguien más realice los trámites de inscripción ante la Dirección General de Tráfico, así como otros 80 euros por concepto de derechos para el examen.

Si se tiene la buena suerte de aprobar el examen al primer intento se deberá iniciar con las clases prácticas en la autoescuela.

No se trata sólo de saber manejar un vehículo sino de identificar diversos vicios en la conducción que la mayoría de las personas no conocemos pero sí los examinadores de la Dirección General de Tráfico, que estarán prestos para reprobar a quien se atreva a cometerlos en su presencia.

Cuando el tutor de la autoescuela considere que el alumno está preparado para presentar la prueba práctica, se pagarán otros 30 euros de trámite y otros 80 euros de derechos para la realización del examen.

Son muchas las leyendas urbanas existentes en torno al examen práctico. Lo que es un hecho es que un vehículo oficial que tiene de pasajeros a un rígido examinador, a un tutor de la autoescuela y a tres ciudadanos deseosos de obtener su permiso da para muchas historias.

En caso de aprobar este examen el aspirante tendrá derecho a que se le expida el carné de conducir, aunque no en las mismas condiciones que los conductores con mayor experiencia.

En vez de doce puntos, a los conductores noveles se le otorgarán sólo ocho. También deberán llevar un horrible letrero con una “L” en su vehículo y no podrán exceder los ochenta kilómetros por hora. La tasa permitida de alcohol será de 3/5 partes de la permitida para conductores con más años de experiencia.

Así las cosas, en el mejor de los casos, la obtención del permiso de conducir habrá costado la nada despreciable cantidad de 400 euros – casi 7 mil pesos – y por lo menos un mes de preparación.

Por cierto, a diferencia de los ciudadanos de países como Argentina, Perú o la República Dominicana; en España los mexicanos no tenemos derecho a convalidar nuestras licencias de conducir expedidas en México.

Este tema ha resultado muy polémico, pues los mexicanos residentes en España lo han solicitado, por decir lo menos, con insistencia.

El anterior Embajador de España en México, después de analizar la situación, informó que dicha convalidación era prácticamente imposible de realizar por la dificultad que implicaba que cada entidad federativa mexicana contara con la atribución de expedir licencias de manejo, lo que en la práctica se traducía en que el gobierno español tuviera que negociar con cada uno de los 31 estados y el Distrito Federal.

Es cierto, sería un trámite largo, pero plenamente justificado si se considera que España es el mayor socio comercial de nuestro país después de los Estados Unidos de América y que son muchos los mexicanos que requieren conducir en la península ibérica y en el resto de Europa.

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viernes, 20 de junio de 2008

Felipe Calderón en España: el México que otros ven


Felipe Calderón llegó a España con bombo y platillo.

Su visita de Estado no paso desapercibida, ni para la prensa internacional ni para los españoles en general.

A su alrededor se organizaron eventos de diversa índole.

No faltaron ni los ejecutivos encuentros de negocios ni los rimbombantes actos protocolarios con la monarquía y clase política española.

Pero no sólo fueron banderitas de México en el Paseo de la Castellana – la fuente de las Cibeles lucía muy bien de tricolor – o aviones de combate que escoltaron a nuestro primer mandatario desde que el avión “Presidente Juárez” ingresó al espacio aéreo español.

Los honores y atenciones que se le dieron al presidente de la república, en su calidad de jefe del Estado mexicano, dejaron claras varias cosas.

En primer lugar, que la relación entre los pueblos español y mexicano es cercana, sana y muy prometedora.

Precisamente en marzo pasado se cumplieron treinta años del reestablecimiento de las relaciones diplomáticas entre dos gobiernos cuyos habitantes jamás las habían roto.

Existe una innegable empatía, que afloró durante la visita de Felipe Calderón Hinojosa al Congreso de los Diputados español.

Cuando el presidente de dicho órgano legislativo, el socialista José Bono, recordó la recepción que en los años cuarenta México dio a cerca de 30 mil españoles que encontraron en nuestro país el refugio que requerían “por defender la libertad”; los diputados españoles respondieron con un pocas veces visto aplauso unánime, reconociendo ese gesto singular e histórico, muestra de la nobleza de nuestra nación.
En segundo lugar, que ambos países han dejado de ser meros socios comerciales, para convertirse en “aliados naturales”, tal como lo señaló el propio presidente de la república.

En un escenario de crisis internacional, las dos naciones tienen frente a sí el gran reto de crecer hacía espacios que hasta ahora no les eran naturales o se observaban lejanos.

Ni duda cabe que México es la puerta de entrada de España a América, ni que el país ibérico será el puente que nuestro país utilizará para ampliar su presencia en Europa.
Calderón dejó muy claro que su gobierno ha comprendido que la única forma de reducir nuestra altísima dependencia de la economía estadounidense es ampliar nuestros mercados, y que la Unión Europea, con acuerdo de libre comercio incluido, es en el corto y mediano plazo el lugar hacia el cual lo podemos hacer en mejores condiciones.

Lo mismo sucede con España. Le interesan tanto Iberoamérica como los Estados Unidos y Canadá.

México cuenta con una situación geográfica privilegiada y con acuerdos de libre comercio con América del sur y del norte, que lo convierten en campo fértil para invertir y producir con miras a acceder a dichos mercados.

Dudo mucho que exista otro país en Latinoamérica en donde las inversiones españolas puedan encontrar una mejor recepción. El espectáculo dado por Hugo Chávez en el marco del “por que no te callas” del Rey Juan Carlos es muestra clara de ello.

Casi 30 mil millones de euros han invertido sus empresarios en los últimos siete años, lo que convierte a España en el segundo inversor en tierras mexicanas, únicamente superado por los Estados Unidos de América.

La tercera y más importante situación que quedó clara fue que, contra lo que muchos piensan y algunos quieren hacer pensar, México es visto desde el exterior como una nación con un futuro prometedor, con un liderazgo indiscutible a nivel americano y con todo el potencial para ser jugador de “grandes ligas” en el concierto internacional.
La mayoría de los organismos internacionales privados y públicos ubican a México en la primera línea de los países en las siguientes décadas.

Los españoles lo saben, lo que quedó muy claro durante la reunión con los presidentes del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, Javier Gómez-Navarro; y de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, Gerardo Díaz-Ferrán.

Como lo he señalado en anteriores colaboraciones, tanto la población como la economía mexicanas están llamadas a colocarse muy por encima de las de muchas naciones que hoy juzgamos inalcanzables.

No por nada el presidente de la república acudió a la inauguración de la exposición universal de Zaragoza, en donde tocó a México el honor de iniciar con las actividades que durarán cerca de tres meses.

En contraparte, el tema de la seguridad pública y las reformas estructurales sin realizar, junto con la enorme desigualdad social existente, se observan como los grandes pendientes de nuestro país.

El seguimiento que a ambos temas les dan los medios de comunicación españoles y europeos es amplio y constante.

Afortunadamente, son muchos más los pros que los contras y estos últimos se enfocan más como oportunidades que como debilidades.

Esta percepción tan favorable de nuestro país debe ser, además de motivo de enorme orgullo y satisfacción, una justificación para poner manos a la obra y definir de una vez por todas el camino que habremos de tomar para enfrentar los inmensos retos que tenemos como nación.

Ubicarnos mañana ahí donde los de afuera nos sitúan hoy, requiere del consenso social suficiente para definir un rumbo conjunto y claro, que nos permita a los mexicanos saber y decidir hacía donde se dirige el barco del que todos somos parte esencial y cuál deberá ser la aportación que en lo individual y en lo colectivo habremos de realizar.

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lunes, 9 de junio de 2008

Campañas que salvan vidas


La comunicación política está muy desprestigiada últimamente.

Quizá porque no hay campaña electoral en la que no se le compare con el mismo Lucifer, o porque el innegable abuso del que ha sido objeto ha generado un natural rechazo social.

Acusar al adversario político en turno de ser fruto del marketing está de moda, vende bien.

El término mercadotecnia y todos los que se le relacionan han pasado a ocupar un lugar privilegiado en el listado de frases y palabras con una connotación negativa automática en el discurso político actual – nunca superará a la palabra “privatizar”, claro está.

Se ha generado una falsa relación entre la utilización de la mercadotecnia política y la falta de ideas y proyectos de fondo de aquel que la aplica.

Como si los que no recurren a ella o lo hacen con mal tino fuesen automáticamente visionarios hombres de Estado, y quienes sí lo hacen marionetas vacías de ideas.

La realidad es que la comunicación política cumple una función esencial en el marco de una sociedad democrática, pues no sólo comprende el ámbito electoral – quizá el más denostado – sino el de la comunicación gubernamental, entre otros.

La utilización de una adecuada estrategia en esta materia debe ser, más que una cualidad adicional o deseable, una obligación institucional; una parte vital del sistema de rendición de cuentas y un mecanismo para que la ciudadanía haga propio el proyecto o proyectos que la administración en turno lleve a cabo.

El mejor camino para desincentivar lo que se conoce como “desafección política” es precisamente una adecuada comunicación entre el gobierno y los ciudadanos a los que sirve.

La falta de una comunicación fluida con la sociedad tiene efectos negativos en la participación política, tanto convencional como no convencional.

La primera se observa en una baja participación en la urnas. La segunda, en la dificultad social para, por ejemplo, organizarse para impulsar, opinar o rechazar una acción de gobierno en particular.

Así las cosas, la comunicación política es mucho más que “propaganda” a favor de uno u otro partido o grupo en el poder.

Es difícil explicar una acción cuando uno mismo no la entiende o es el único que lo hace. Más complicado aún es justificar una serie de acciones, el proyecto, si éste no existe o no está claro.

Quizá por eso muchos gobiernos rehúyan a utilizar la comunicación política para marcar cuál es la orientación que se le intenta dar al barco cuya obligación es conducir.

Existen casos concretos que nos permiten observar con claridad los efectos positivos de la comunicación gubernamental, cuando ésta se orienta a dar buenos resultados y no a justificar la falta de ellos.

Ejemplo de lo anterior, muy sonado actualmente en toda España, son las estrategias de comunicación de la Dirección General de Tráfico, dependiente del Ministerio del Interior – comparable en México con la Secretaría de Gobernación federal.

Desde hace varios años esta dirección ha emprendido acciones específicas tendientes a reducir el número de accidentes de tráfico y los efectos de éstos en las propiedades y en la vida y salud de las personas.

Hoy mueren en España prácticamente la mitad de las personas que morían hace quince años.

En 1992 perdieron la vida en accidentes de tráfico 5,035 personas; en el año 2000, lo hicieron 4,295; el año pasado murieron 2,742 personas en accidentes de este tipo.

Muchos son los factores que explican el éxito en el trabajo de una dirección a la que antes nadie quería llegar y en cambio hoy es ampliamente reconocida por la mayoría de los españoles.

Sin lugar a dudas, uno de eso factores es la impresionante estrategia de comunicación que de manera continuada lleva a cabo.

Sus campañas gustan a muchos por su originalidad y alto impacto. Otros las rechazan por considerarlas demasiado “realistas”.

Para muestra el comercial de televisión en el que, acompañado de crudas imágenes, una persona dice: “Había tráfico pero esa moto no la vi. Juro que miré pero no la vi. Ahora en cambio la veo a todas horas. Veo ese cuerpo… no se movía… ¿Por qué no miré otra vez? Él estaría vivo… Aunque en mi caso no es grave, porque esto es sólo un anuncio y yo un actor”.

Como si la realidad de la perdida de vidas no justificara la aplicación de ingenio, creatividad y metodología para evitarla o disminuirla.

El caso es que cada año disminuye el número de muertos por accidentes de tráfico y, como los números no mienten, se han acallado las voces que clamaban por el regreso de los mensajes acartonados y tradicionales, que nadie veía y menos aún escuchaba.
Muchos no toleran el spot de radio que es parte de la campaña para conducir sin alcohol y no deja espacio para dudas: “Beber y coger el coche. Te acaban pillando tío. Y te van a quitar seis puntos, 600 euros, el carné; te pueden hasta meter en la cárcel. Te vas a matar ¿te enteras? O peor aun, vas a matar a tus colegas, a tu novia o a los hijos que aun no has tenido ¿Y después qué? ¿Vas a poder seguir viviendo como si nada?”

Porque es más fácil destruir y criticar que proponer y reconocer cuando las cosas están bien hechas o al menos cumplen su cometido.

Los spots y demás elementos de las campañas mencionadas están disponibles en el portal de internet de la Dirección General de Tráfico de España
http://www.clicknaranja.com/nopodemosconducirporti.

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domingo, 1 de junio de 2008

China e India, el futuro


Sabemos menos de China e India de lo que ellos saben de nosotros y mucho menos de lo que deberíamos saber para estar en posición de afrontar los retos y oportunidades que la creciente importancia de estos dos países nos plantea.

Lo confirmé cuando en días pasados asistí en Madrid a la serie de conferencias que se dictaron en el marco de la XIX edición del seminario internacional “El Estado Social hoy”, organizado por instituciones ampliamente reconocidas en el espectro europeo del conocimiento, como lo son la Fundación José Ortega y Gasset, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, y la Fundación Internacional para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas.

Una ponencia en particular, la ofrecida por el Doctor en Derecho y en Sociología Emilio Lamo de Espinosa, llamó ampliamente mi atención y la de los presentes, entre los que se encontraban representantes de prácticamente la mayoría de los países iberoamericanos y de muchos europeos.

Lamo de Espinosa, autor de infinidad de publicaciones y Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, dictó la conferencia “Crecimiento económico, pobreza y seguridad en la agenda internacional”.

La disertación de quien fuera director del Real Instituto Elcano y del propio Ortega y Gasset, ofreció a los asistentes una visión amplia de lo que desde su calificado punto de vista está sucediendo a nivel internacional.

Las palabras del coautor del famoso Diccionario de Sociología ayudaron a los presentes a ubicar las posteriores conferencias y debates en el marco de los fenómenos que se presentan en el campo de la geopolítica.

Este perspectiva resulta de mucha utilidad, pues de manera errónea tendemos a pensar que lo que pasa fuera de nuestro ámbito de acción o de visión no nos afecta, cuando la realidad es que los fenómenos y tendencias mundiales influyen de manera determinante en lo que sucede en nuestro continente, en nuestro país, en nuestro estado y en nuestra comunidad.

Desde este punto de vista global, Lamo de Espinosa planteó su argumento con singular claridad: estamos siendo testigos de la construcción de un nuevo orden internacional, caracterizado por una menor relevancia de Estados Unidos de América, de los países de la Unión Europea y de Japón; así como por una creciente importancia de los actuales países en vías de desarrollo, dentro de los cuales China e India juegan un papel fundamental.

Lo anterior se debe a las profundas transformaciones que han tenido lugar a partir de 1950 en cuatro aspectos básicos.

En lo político, dado que un mayor número de países democráticos implica un mayor potencial de crecimiento económico; en lo tecnológico, en virtud de que internet y un sistema global de transporte de mercancías generan una deslocalización del trabajo; en lo económico y en lo demográfico.

Respecto de los dos últimos aspectos los datos proporcionados por el destacado investigador son contundentes.

En materia económica, según el Banco Mundial, mientras que los países que más crecen entre los que se consideran desarrollados – España, por ejemplo – lo hacen a un ritmo moderado del 3% anual, las economías de las naciones asiáticas llegan al 8%.

Incluso los estados del África subsahariana se desarrollan a un promedio mayor que el mundial. América Latina es la excepción con crecimientos mínimos cercanos al 2%.
En 1975 los países emergentes generaban sólo el 40% de la producción mundial, en 2005 el 50% y en 2015 se estima que lo hagan con un 60%.

El Fondo Monetario Internacional calcula que en el año 2008 China e India contribuirán al Producto Interno Bruto mundial con el 16.8% y el 6.7%, cada uno. Mientras que Estados Unidos y los países de la Unión Europea lo harán con el 18.5% y 20.5%, respectivamente.

De las veintisiete naciones que integran la Unión Europea, la mayor economía es la de Alemania y aportará solo el 3.6% del PIB mundial en el mismo periodo.

Según datos de Pricewaterhouse en el año 2050, el tamaño de las siete principales economías emergentes – China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, México y Turquía –, conocidas comúnmente como “E7”, prácticamente será del doble de las del “G7”; que incluye a los Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá; más España, Australia y Corea del Sur.

En materia demográfica, las cifras resultan igualmente reveladoras.

De acuerdo con las Naciones Unidas, en 1950 la población mundial era de 2,500 millones de habitantes; actualmente se estima en 6,700 millones; y en el año 2050, será de unos 9,000 millones.

A pesar de lo anterior, mientras que la población de los países desarrollados prácticamente no ha crecido desde 1950 y no se espera que lo haga hasta el año 2050, el número de habitantes en los países en vías de desarrollo se ha triplicado en 2008 y se quintuplicará para el 2050.

China e India son las naciones que ofrecen los datos más significativos.

La República Popular China, que en 1950 contaba con 560 millones de habitantes, hoy cuenta con 1,300 y en el 2050 lo hará con cerca de 1,420 millones. Vale la pena recordar que en este país la ley sólo permite a las parejas tener un hijo, lo que ha disminuido drásticamente su tasa de natalidad.

La India, por su parte, ha pasado de tener una población de 370 millones en 1950 a 1,100 millones actualmente, siendo la mayor democracia del orbe. En el año 2050 será la nación más poblada del mundo, con un estimado de 1,600 millones de habitantes.

Entre ambas tendrán 3,000 millones de personas en 2050, por lo que concentrarán la tercera parte de la población mundial, como lo hacen hoy en día – México será uno de los diez países más poblados de la tierra con 147 millones de habitantes.

Tanto chinos como hindúes están aprovechado al máximo las transformaciones de las que se ha hablado y lo han hecho con modelos no del todo similares.

Los chinos se han beneficiado del fenómeno mundial de la deslocalización del denominado trabajo manual, fabril o de “cuello azul” y se han enfocado a la expansión de su industria para fabricar mercancías, mediante la utilización de mano de obra poco cualificada y la exportación.

El modelo de los hindúes es diferente. Han aprovechado la deslocalización del trabajo de oficina o de “cuello blanco” y se han orientado al sector servicios – 53.8% de su economía –, mediante la aplicación de mano de obra cualificada y el fortalecimiento gradual de su mercado interno, exportando lo que comúnmente se conoce como “software”, más que productos manufacturados.

Ejemplo del milagro hindú son las crecientes industrias de producción cinematográfica, los call centers y la “maquila” de la contabilidad de empresas multinacionales. Cuatro de las diez personas más ricas del mundo, según la revista Forbe´s, son de este país.

En los primeros nueve meses de 2007, los inversionistas hindúes se ubicaron como los más activos compradores de empresas de todo el mundo. A finales de marzo pasado, el magnate Ratan Tata anunció la adquisición de la marca Jaguar, icono automotriz ingles, anteriormente en manos de Ford Motor Company.

La expansión económica y poblacional de estas dos naciones tendrá como lógica consecuencia un incremento gradual de su clase media. Se calcula que para el año 2025, cada uno cuente con 500 millones de habitantes en esa condición, lo que significará un potencial de consumo superior al de cualquier otro país o región económica del mundo.

Ahora bien ¿Qué tiene que ver la exposición del Dr. Lamo de Espinosa con México?
Mucho, si consideramos el hecho de que nuestro país aparece como un potencial miembro de este nuevo orden mundial, tanto en lo económico como en lo demográfico.

Hago hincapié en el término potencial, porque para ubicarnos en esa posición requerimos, entre otras cosas, incrementar exponencialmente nuestros lazos con quienes ostentarán el liderazgo mundial en un futuro no muy lejano.

Cada paso que nos permita hacerlo es en sí mismo una ganancia.

Debemos empezar a sembrar y estar concientes de que los resultados no serán inmediatos. Mientras más tarde iniciemos, menores serán nuestras oportunidades.
Roma no se hizo en un día, menos aun Pekín y Nueva Delhi.

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domingo, 25 de mayo de 2008

Mojada tarde de toros en Las Ventas




¿En verdad vas a ir? ¿No crees que se suspenda? Preguntó mi esposa Ana Lilia cuando me despedía de ella para trasladarme al barrio de las Ventas, en donde se encuentra la Monumental Plaza de Toros de Madrid del mismo nombre.

La copiosa lluvia hacía suponer que las autoridades de la plaza suspenderían la decimosexta corrida de la tradicional Feria de San Isidro.

El cartel del viernes veintitrés de mayo era uno de los que más expectación había generado, desde que comenzó la feria el pasado día ocho.

Y no era para menos, se presentaban seis toros de Victoriano del Río para José Antonio “Morante de la Puebla”, Julián López “El Juli” y José María Manzanares.

Convencido de que no pararía de llover, asumí con resignación la segura empapada y decidí acudir a disfrutar de los lugares que en la lejana fila veintisiete del cuarto tendido alto habían conseguido mis compañeros de la maestría.

El traslado al coso taurino no fue nada fácil. Contra todos mis pronósticos, varias cuadras antes de llegar pude concluir que difícilmente habría un solo lugar vacío en la plaza, pese a que el aguacero minuto a minuto subía de intensidad.

Y es que, según dicen los que saben de toros – entre los que definitivamente yo no me encuentro, ni por asomo –, la Feria de San Isidro es junto con la de abril de Sevilla la más importante celebración taurina del mundo.

Su historia se remonta al año de 1947 cuando, en el marco de las fiestas de San Isidro patrono de Madrid, el empresario Livino Stuyck reunió en un solo “abono” las corridas que se celebraban durante el mes de mayo en Las Ventas.

Desde su beatificación y canonización en el siglo XVII los madrileños han festejado a su santo patrono. Hoy en día, a las celebraciones religiosas se suman intensas actividades culturales, musicales y populares.

Sin embargo, antes de la iniciativa de Stuyck los capitalinos no contaban con una fiesta taurina específica.

Durante su primer año la feria sumó escasas cinco corridas. En su edición de 2008 lo hará con veinticinco en total.

Muchos son los matadores que han tenido grandes tardes en el marco de la Feria de San Isidro. Antonio Bienvenida, Antoñete, Belmonte, César Rincón, Curro Romero, Diego Puerta; El Cordobés, El Litri, El Viti, Gregorio Sánchez, Joselito, José María Manzanares; Julio Aparicio, Manolete, Niño de la Capea, Ortega Cano, Paco Camino, Pepe Luis Vázquez; entre otros.

Del 8 de mayo al 1 de junio habrá diecinueve corridas de toros, tres corridas de rejones y tres novilladas con picadores. A éstas se sumarán otra de rejones y cinco más de toros dentro de la famosa Feria de Aniversario que inicia inmediatamente después.

Este año, la feria cuenta con la presencia de figuras como Enrique Ponce, El Juli, El Cid, Morante de la Puebla, Miguel Ángel Perera, Manzanares, Sebastián Castella, Alejandro Talavante, Pablo Hermoso de Mendoza o Andy Cartagena.

Quizá ese fue el motivo por el que los aficionados a la fiesta brava no permitieron que la lluvia les quitara el gusto de asistir a la cita del pasado viernes 23 de mayo.

El resumen: Morante cortó una oreja al cuarto de la tarde, en una faena en la que recibió dos avisos; “El Juli” logró las palmas con “Vampirito” de 524 kilos; Manzanares, por su parte, sólo cosechó un saludo lidiando el sexto de Victoriano del Río. Lo demás fueron silencios.

Aun así, los asistentes – la gran mayoría con paraguas en mano y algunos, precavidos, con impermeables – tuvimos el gusto de ver, si no una corrida histórica, sí la mejor de las dieciséis que hasta ese día se habían celebrado por San Isidro.

Al menos eso opinó mi vecino del asiento cincuenta y dos, el señor José Refugio, madrileño de 82 años de edad, quien me brindó la oportunidad de escuchar infinidad de relatos taurinos bajo una lluvia pertinaz que, como cualquiera de los valientes matadores, nunca cedió ante los 25 mil espectadores que disfrutamos de una tarde que pudo ser y no fue.
…
En mi anterior colaboración abordé el tema de la banda terrorista ETA, con motivo del cobarde asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón.

Es por ello que no puedo dejar pasar la ocasión para sumarme a la alegría de muchos españoles por la detención el pasado 20 de mayo de Francisco Javier López Peña, alias “Thierry”, número uno de la organización terrorista.

La detención de López Peña – responsable de la ruptura de la tregua en el año 2006 – y de otros miembros de la cúpula de ETA no significa el final de la banda, pero sí un durísimo golpe y un paso más hacia dicho objetivo.

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lunes, 19 de mayo de 2008

ETA mata de nuevo y los españoles no callan


A las 2:57 de la madrugada del pasado miércoles catorce de mayo 100 kilogramos de explosivos estallaban a las afueras de la casa cuartel de la guardia civil – denominación de la policía nacional española – en la localidad de Legutiano, Álava, al norte de España.

El agente Juan Manuel Piñuel Villalón, que se encontraba en una caseta de vigilancia, perdió la vida en el momento en el que informaba de la presencia de un vehículo sospechoso en la carretera colindante con el edificio en el que dormían una treintena de personas, incluidos cinco niños.

La familia de Juan Manuel – su esposa María Victoria Campos y su pequeño hijo de cinco años – vivían en la sureña ciudad de Málaga, a donde el agente esperaba ser destacado gracias al hecho de haberse ofrecido voluntariamente para ser trasladado al noreste del país, zona de influencia de la banda terrorista de ideología marxista-leninista ETA.

Teniendo como bandera política la independencia de Euskal Herria – territorio que según los nacionalistas abarca una pequeña porción de España y del sudoeste de Francia –, desde 1968 Euskadi Ta Askatasuna, que en castellano significa País Vasco y Libertad, ha asesinado a 834 personas, de las cuales 204 eran guardias civiles. Un promedio de más de 20 personas anuales.

De hecho el próximo siete de junio se cumplen cuarenta años del atentado que costó la vida al también guardia civil José Jardines Arcay, que fue el primero cuya autoría fue reivindicada por los etakideak.

En 1968, durante la dictadura franquista, el apoyo social a ETA era una realidad. Cuatro décadas después, según lo constata el Euskabarómetro – estudio de opinión que realiza la Universidad del País Vasco – el respaldo a los terroristas no llega al 1% de la población vasca.

Desde la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la presidencia en 2004, han sido seis las víctimas mortales de los etarras.

A pesar de que el sentimiento nacionalista en el País Vasco aún está latente, en los últimos años los terroristas han perdido estructura, capacidad de maniobra y apoyo social y financiero.

Han dejado de ser una opción viable para canalizar el sentir del pueblo vasco, que condenó mayoritariamente el atentado y ha optado por los canales institucionales y democráticos para alcanzar sus anhelos políticos.

Existen muchas razones para explicar el debilitamiento – que no aniquilamiento – de ETA. La principal de ellas es la movilización social en su contra.

He tenido la oportunidad de constatarlo en las cuatro ocasiones en las que la organización ha matado desde que vivo en España.

Cada asesinato es seguido de múltiples actos de repudio en la mayoría de los rincones del país.

Los españoles no dudan en salir a la calle para demostrar a los delincuentes su rechazo a este tipo de acciones.

La apatía es el mejor aliado de aquellos que desean sembrar el terror y los ciudadanos de a pie lo saben perfectamente.

Es por ello que al siguiente día del asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel en la mayoría de los ayuntamientos españoles hubo actos oficiales de condena en los que la población se sumó a las autoridades.

A nivel nacional, los adversarios políticos hicieron un solo bloque para decirle a ETA que en lo referente a su destrucción trabajarán en un solo sentido.

No tiene la menor importancia si la víctima en turno es el más sencillo de los servidores públicos – como lo era Piñuel – o un alto funcionario del Estado español.
Lo fundamental es evitar a cualquier costo que lo anormal se convierta en normal; que lo que hoy ocupa las primeras planas, mañana deje de ser noticia.

El asunto es que un guardia civil murió en cumplimiento de su deber y ello lo hace merecedor de los máximos honores, pues atentar en contra de aquellos que defienden a la nación es hacerlo en contra del pueblo que forma parte esencial de la misma.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el terrorismo es la dominación por el terror o la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundirlo.

En su propia definición está la única forma de derrotar a los terroristas y es demostrarles que cada vida que cieguen vale la movilización de todo un país y que sus habitantes no les temen, menos aún viven aterrorizados por ellos.

Ese es el motivo por el cual los parlamentarios, los miembros del gobierno, los sindicatos, la monarquía, los empresarios y la sociedad civil; se convirtieron todos en la expresión de la nación española.

Los representantes de los partidos políticos dejaron de ser populares o socialistas para pasar a ser simples demócratas.

Acompañaron a su familia y le dieron al guardia muerto los honores que merece aquel que pierde la vida defendiéndolos a todos.

Pero el mejor homenaje, fuera de los reflectores de la política, se lo dieron las decenas de miles de españoles que en pueblos y ciudades le recordaron con minutos de silencio.

El terror que busca infundir ETA se revierte en su contra y hace cada vez más pesada la losa que carga la organización criminal que queriendo dominar a una nación a través del miedo, ha acabado convirtiéndose en el principal factor de unidad de un pueblo que entiende – al menos en este tema – el significado del “pecado de omisión”.

María, esposa de Juan Manuel, poco después de despedirse de su “Manolo” en un cementerio malagueño, definió con claridad a quienes acabaron con su vida: “No sois nadie, sólo basura, un punto negro en la limpieza de un gran país”.

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domingo, 11 de mayo de 2008

El Real, otra vez campeón español


Probablemente una de las cosas que más echo de menos de México sea acudir al estadio Hidalgo para disfrutar de un partido de los Tuzos del Pachuca, acompañado de un nutrido grupo de amigos y familia; convertidos todos, aunque sea por noventa minutos, en seudo expertos del deporte que más disfrutamos los mexicanos.

Quizá por eso, buscando el ambiente que mucho extraño y empujado por la gran expectación que a su alrededor se había generado, decidí buscar entradas para el partido de fútbol que se celebraría el pasado miércoles 7 de mayo entre el Real Madrid y su eterno rival, el F.C. Barcelona.

Tarea que poco después comprobé no era nada fácil, a menos que hubiese adquirido los boletos con varias semanas de anticipación o dispusiera de los mil euros – casi 17 mil pesos – que solicitaban por tener la gentileza de “vender” un encendedor y “ceder” dos entradas los revendedores, cuya indeseable presencia, según pude corroborar, parece ser de carácter global.

Una vez tomé conciencia de la cruda realidad y ante la imposibilidad de disponer del dinero reservado para cubrir la colegiatura de mi master, decidí abortar la tarea y montar un operativo de “emergencia” para poder disfrutar del partido.

Gracias a los buenos oficios de mi esposa Ana Lilia, quien acondicionó el hogar para tal efecto, me dispuse a observar el encuentro en el televisor familiar, mismo que sostengo bien podría competir por el record guinness al más pequeño del mundo.

Afortunadamente el tan promocionado partido cumplió ampliamente las expectativas planteadas – aunque nunca será comparable con la emoción de ver campeón al Pachuca.

En efecto, el 7 de mayo de 2008 pasará a los anales de la historia del Real Madrid, como aquel en el que el equipo capitalino complació a su afición con prácticamente todo a lo que en dicha condición puede aspirar.

Ese día, jugando en casa, los merengues convirtieron la noche en una feria de goles, al anotar cuatro tantos a su histórico adversario, que de milagro alcanzó a marcar el de la honra en el minuto 86.

También festejaron el título de la liga española de fútbol, al que habían accedido matemáticamente desde su anterior partido el pasado domingo, al derrotar a domicilio al Osasuna de Pamplona.

Cabe recordar que a diferencia de nuestro país, en el campeonato español no hay dos torneos cortos, sino uno solo, y tampoco existe lo que conocemos como liguilla, en la que se impone quien resulta vencedor de un proceso de cuartos de final, semifinales y final.

En España se corona campeón de la primera división el equipo, de los veinte que la componen, que obtenga más puntos a lo largo de la temporada, que inicia a finales de agosto o principios de septiembre y concluye en los últimos días de mayo o en los primeros de junio.

Ante un Santiago Bernabéu abarrotado – su cupo oficial es de 75,000 espectadores, con un promedio de 98% de asistencia por partido – y 9.2 millones de televidentes, los pupilos de Bernd Schuster, se dieron el gusto de ver como sus contrapartes catalanes, muy a su pesar, cumplían con deportividad la regla no escrita de hacer, antes de iniciar la contienda, el “pasillo” al rival en caso de que éste cuente con los puntos necesarios para ser campeón de liga.

Al canto de “campeón, campeón” la afición madrileña disfrutó como si fuesen siglos los treinta segundos durante los cuales los azulgranas y su director técnico recibían con una valla humana y aplausos a los del Real Madrid.

El morbo llegó a tal grado que a las afueras del Santiago Bernabéu se vendían camisetas con la leyenda “Yo viví el pasillo”. Incluso una decena de actores interpretaron la escena a la salida del metro la mañana del partido.

Hace 20 años, el primero de mayo de 1988, fue la última ocasión en que los de Barcelona hacían “el pasillo” a los de Madrid.

En aquel entonces uno de los homenajeados fue Hugo Sánchez, considerado por madrileños y españoles un “jugador de leyenda” del equipo y del fútbol en este país.

Coincidentemente este resultado afecta directamente a los equipos españoles con mexicanos entre sus filas. Concretamente a cuatro de los cinco jugadores y el único entrenador de nuestro país, pues el R.C. Deportivo la Coruña de Andrés Guardado se mantuvo sin cambios a media tabla.
Así las cosas, los resultados influyeron en Rafael Márquez y Giovani Dos Santos, ambos jugadores del F.C. Barcelona, que además del mal rato en el Santiago Bernabéu pasa del segundo al tercer lugar de la liga española, por lo que pierde su pase directo a la Liga de Campeones de Europa, teniendo que jugar una especie de repechaje

De hecho, el segundo lugar ahora lo ocupará el equipo Villarreal F.C. en el que juega como delantero el “Guille” Franco.

Gracias a la victoria sobre el Recreativo, a quien el Guille anotó uno de dos goles, el equipo del mexicano obtiene una segunda posición que considera “histórica” y el boleto automático a la Liga de Campeones.

Por el contrario, el Osasuna de Pamplona, en el que alinea el quitanarroense Carlos Vela, desafortunadamente se mantiene como el tercer peor equipo de la liga, aún con posibilidades de descenso.

Los resultados de esta jornada también resultaron adversos para el Atlético de Madrid que dirige el ex entrenador tuzo Javier Aguirre.

Debido a la victoria del Sevilla frente al Racing, los andaluces empataron temporalmente en puntos en el cuarto lugar a los del estadio Vicente Calderón, que tras derrotar al Españyol se despegaron a sólo tres puntos de los sevillanos.

De no quedar entre los mejores cuatro equipos de la liga española, el equipo del “Vasco” Aguirre se quedaría sin posibilidades de jugar la famosa Champions League.

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lunes, 28 de abril de 2008

Goya lo atestiguó: independecia española


Los españoles están de manteles largos.

El próximo dos de mayo celebrarán los doscientos años del inicio de su lucha de independencia.

En 1808 las tropas de Napoleón Bonaparte invadían furtivamente a España.
Costaría a los españoles casi seis años y entre quinientas y ochocientas mil vidas – la inmensa mayoría civiles –, expulsar a las fuerzas napoleónicas de su territorio. Cosa que consiguieron al vencer hasta la batalla de Toulouse del 10 de abril de 1814.

En 1808, el otrora imperio mundial de Felipe II, en el que el sol nunca se ponía, quedaba bajo el control de su vecino francés.

Carlos IV y su hijo Fernando VII de Borbón renunciaban a su imperio y a las colonias que lo componían a favor del hermano de Napoleón, José Bonaparte, mediante las abdicaciones de Bayona.

El dos de mayo del mismo año, un levantamiento popular en Madrid marcaba el inicio de la larga lucha que los españoles emprenderían para liberarse de la dominación francesa.

En los años que siguieron a 1808, España se convertiría en el campo de batalla en el que los españoles combatirían a los franceses en pos de su independencia.

Incluso el imperio ingles les apoyó, buscando abrir un nuevo frente de guerra que obligara a un Napoleón que se observaba casi invencible a distraer en la península ibérica una parte importante de los valiosos recursos humanos y materiales que requería para consolidar su dominio militar y político en Europa.

La invasión tuvo importantes consecuencias en el continente americano.

En cuanto las noticias llegaron a las colonias en Hispanoamérica se formaron juntas provisionales cuyo propósito era preservar la soberanía hasta que Fernando VII regresara al trono.

Un interesante debate se abrió en la América hispana en torno a la naturaleza de la sujeción de las colonias al imperio español.

¿Se debía lealtad a Fernando VII o al titular, fuese quien fuese, del Reino de España?
En el primer caso se justificaba la oposición a los franceses. En el segundo no, dado que José I había llegado al trono español previa abdicación de Carlos IV y su hijo Fernando VII y, por ende, era el legítimo titular de la corona.

Es en nuestro país en donde surge la primera Junta de América. La instaló el Virrey Iturrigaray a propuesta del Ayuntamiento de la Ciudad de México, el 5 de agosto de 1808.

Pocas semanas después, el 15 de septiembre de 1808, la Junta mexicana y el propio Virrey fueron depuestos por un golpe de Estado de la elite peninsular que apreció –con singular clarividencia – el riesgo que este proceso suponía para sus privilegios coloniales.

Esta fue una de las principales semillas que finalmente desembocaron en el grito de Dolores del 16 de septiembre de 1810, que marca el comienzo de nuestra gesta independentista.

No olvidemos que el movimiento de Miguel Hidalgo y Costilla inicialmente aceptaba la sujeción de la Nueva España a la autoridad del depuesto Fernando VII, en ese entonces sometido por Napoleón Bonaparte.

En sólo tres años esta posición cambió radicalmente. Ya en 1813, durante el Congreso de Chilpancingo, liderado por José María Morelos y Pavón, se planteaba la independencia de la América Mexicana bajo una forma de gobierno republicana.

El artículo primero del documento que resultó de dicho congreso, Sentimientos de la Nación, no deja dudas al respecto, pues a la letra dice: “… la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía”.

Finalmente, casi once años y muchos mártires después, el 27 de septiembre de 1821, se consumaba la independencia de México bajo el liderazgo de Agustín de Iturbide, quien con gran destreza había aprovechado para su causa y la de las fuerzas conservadoras de la Nueva España, otro movimiento político que se había presentado en la España metropolitana un año antes.

En 1820 se habían sublevado en contra de Fernando VII los generales que comandaban las tropas que el propio monarca español – quien había recuperado su anhelado trono en 1814 – había concentrado para intentar sofocar los movimientos secesionistas en América.

Los militares rebeldes obligaron al rey a firmar la constitución liberal promulgada por las Cortes de Cádiz en 1812.

Esta constitución y las Cortes que la crearon, surgidas en su tiempo como reacción contra la ocupación francesa, fueron abrogadas y disueltas por Fernando VII cuando en 1814, luego de que los españoles expulsaron a los franceses, éste dio la espalda a los constitucionalistas e inicio una época de restauración absolutista.

Iturbide, que no simpatizaba con el movimiento liberal, lo utilizó como pretexto para movilizar a las diversas fuerzas económicas, políticas, sociales y militares de la Nueva España en torno al consenso necesario para consumar la independencia de nuestro país.

Doscientos años después, en 2008, una amplia agenda de actividades se ha puesto en marcha para dar realce a la conmemoración.

Una de ellas ha llamado especialmente mi atención.

Me refiero a la exposición Goya en tiempos de guerra, mediante la cual se exponen en el Museo del Prado – con mucho la más importante pinacoteca de España – diversas obras pintadas por el artista antes y después del inicio de la guerra de independencia española.

Las pinturas en torno a las cuales gira la amplia exposición son las recién restauradas Los fusilamientos del 3 de mayo y La lucha con los mamelucos.

En estas obras, Francisco de Goya plasma con singular realismo lo que personalmente vio y vivió los días 2 y 3 de mayo de 1808 durante la revuelta popular de Madrid que derivó en la posterior ejecución de muchos de los alzados.

El diario El Mundo describió con precisión la obra de Goya: “Como un cronista de guerra, un fotorreportero pionero sin que la cámara se hubiese siquiera inventado, el de Fuendetodos (Zaragoza) muestra la crueldad del conflicto…”

Lo que Goya vio no fue sólo una rebelión popular o el inicio de la lucha independentista española, sino el comienzo de una nueva era en la que el imperio español, herido de muerte, utilizaría los aún muchos recursos a su alcance para liberarse de los dictados franceses, pagando a cambio con su salida del concierto de las naciones poderosas y la pérdida en los siguientes años de sus posesiones en ultramar.

El discurso liberal que invadió a España y de tanto sirvió para motivar a su pueblo para sostener la lucha contra Napoleón tuvo su reflejo natural en las colonias, en las que venturosamente al poco tiempo tomó vida y camino propios, conduciendo a las naciones americanas a un sendero sin retorno hacia su propia independencia.

La injusticia acumulada a lo largo de trescientos años de colonialismo, la difícil situación socioeconómica, así como la creciente pero aun en gestación identidad nacional, hicieron de México campo fértil para que la semilla de la libertad e independencia diera frutos.

Es por ello que en mucho contribuye el 2 de mayo de 1808 para entender con mayor claridad nuestro proceso independentista, pues para hacerlo es fundamental adentrarse tanto en los factores endógenos como en los exógenos que en él influyeron.

Así las cosas, la celebración de los españoles también debe ser nuestra, pues innegablemente fue uno de los principales detonadores de nuestra propia guerra de Independencia.

Pensar en la Nueva España de 1808 aislada del mundo es, simple y sencillamente, desconocer la influencia de una época, iniciada en 1776 con la independencia norteamericana, pasando por la revolución francesa de 1789, el pensamiento liberal de la ilustración y la presencia de las tropas y las ideas de Napoleón Bonaparte en la Europa de la época.

De la misma manera, sería impensable entender el México de la actualidad ajeno a un contexto geopolítico cambiante, en el que surgen nuevos actores, potencias nacionales y retos mundiales; caracterizado por la globalización económica y cultural y por la presencia de una nueva sociedad de la información.

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domingo, 20 de abril de 2008

Lo que usted diga señora ministra


El nuevo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha generado gran revuelo en la opinión pública dentro y fuera de España.

La gran noticia es la composición del gabinete español, principalmente por la participación que en él tendrá el género femenino.

De los diecisiete ministerios que componen su gobierno, Zapatero ha decidido que nueve sean ocupados por mujeres y ocho por hombres.

Es la primera vez en la historia de España que la mayoría de las carteras son ocupadas por ministras y no por ministros.

Esta decisión implica, en palabras del presidente de gobierno, “el primero de muchos mensajes de una España que intenta pasar de ser plural a serlo unida y diversa”.

No se trata de un avance aislado sino del reflejo político de un fenómeno que ha ido permeando el tejido social con gran rapidez.

Los cargos jurados por las mujeres ante la Constitución y ante el Rey Juan Carlos I fueron los de Vicepresidenta Primera – segundo en importancia –, así como los ministerios de Fomento, Educación, Administraciones Públicas; Medio Ambiente, Defensa, Ciencia e Innovación; Vivienda e Igualdad.

Cuatro de las nueve ministras no lo habían sido en la pasada legislatura – primera de Zapatero, hoy reelecto –.

Por su impacto mediático y político, llaman especialmente la atención los nombramientos de las ministras de Defensa e Igualdad.

Carmen Chacón, originaria de Cataluña y con 37 años de edad, será la primera en ocupar la titularidad del Ministerio de Defensa en el que según cifras oficiales las mujeres ocupan un 12.3% de las posiciones; mismo que se disminuye hasta el 5.61% cuando se analiza la composición de los oficiales.

El momento en el que la ex Ministra de Vivienda dio su primera orden "Capitán, mande firmes. Y ahora digan conmigo: ¡Viva España! ¡Viva el Rey!", seguramente pasará a los anales de la historia española.

A la pregunta sobre lo inédito de su nombramiento respondió diciendo que "lo que era una anomalía es la exclusión de las mujeres en los puestos de responsabilidad".
Al acontecimiento, se suma el hecho de que Chacón se encuentre en avanzado estado de gestación – siete meses –.

Lo anterior, además de añadir un toque de singularidad a las gráficas captadas por los fotoperiodistas en el momento en el que Carme – su nombre en catalán – pasaba revista a las tropas, significa que en pocos meses habrá de solicitar su baja temporal por maternidad.

El segundo nombramiento cuyo impacto mediático resaltó entre los demás fue el de Bibiana Aído como titular del nuevo Ministerio de Igualdad.

Aído, originaria del Cádiz, cuenta con 31 años, lo que la convierte en la más joven de la historia en ocupar una cartera y en la primera ministra o ministro que nació durante la novel democracia española.

La política gaditana tiene frente a sí el gran reto de justificar plenamente la existencia de su ministerio a través de la implementación de una política aun más eficaz en materia de igualdad que permita mayores oportunidades para la juventud e impulsar y reducir al máximo la brecha salarial en el empleo femenino, “para eliminar la discriminación en todos lo ámbitos y por cualquier motivo”.

Apenas hace un año, el 15 de marzo de 2007, el parlamento español aprobó la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de las Mujeres y Hombres.

Esta ley plantea, entre otras muchas cosas, que las empresas con más de 250 trabajadores deben crear planes de igualdad, así como que gradualmente deberán incorporar un 40% de mujeres en los consejos de administración – hoy ocupan cuando mucho entre 8 y 10 por ciento.

Aunque las críticas que se hacen sobre la eficacia de esta norma han sido muchas, la mayoría son más bien instrumentales, por lo que no se plantea la posibilidad de renunciar a sus objetivos sino de cómo conseguirlos de manera más eficiente, demostrando que el éxito de este tipo de disposiciones depende del nivel de implantación que la cultura de igualdad tenga en la sociedad a la que se dirige.

El papel de la mujer en la sociedad española se ha transformado drásticamente en los últimos 30 años.

El 60.8% de los estudiantes de licenciatura y el 70.3% de diplomatura universitaria son mujeres.

Su participación en el mercado laboral se ha incrementado de forma relevante.
El porcentaje de mujeres con empleo remunerado fuera del hogar se ha incrementado en una y media veces en sólo 10 años – de un 35% en 1997 a más de 52% en 2007, mientras la de hombres ha subido un 16%.

La tasa de fecundidad pasó de 2.8 niños por mujer en edad en fértil en 1975 a 1.34 en 2005. Incluso menor que la europea que en el mismo periodo fue de 1.52. Cabe resaltar que la tasa de sustitución es de 2.1, lo que significa que debajo de ese valor la población total tiende a disminuir a menos que existan flujos migratorios que lo compensen.

Asimismo, el porcentaje de hijos fuera del matrimonio pasó, de ser prácticamente nulo en 1975 – un 2% –, a convertirse en el 27% de los nacidos en 2005. En el 87% de las familias monoparentales la mujer es la persona a cargo del hogar.

Por otra parte, el conteo permanente de victimas mortales de violencia machista no disminuye; sólo el 2.36% de empresas de la bolsa española son dirigidas por mujeres; y en todo el país ellos reciben por el mismo empleo un sueldo 30% mayor que el de ellas.

Seguramente los retos que deben encarar las recién incorporadas funcionarias no son mayores que los enfrentados por millones de mujeres que, sin contar con el glamour que otorga tan relevante posición política, sí luchan día con día contra las barreras que una sociedad tradicionalmente machista les ha impuesto.

Aun así, por su mensaje y contenido político, representa un avance importante para las españolas y debería serlo para el conjunto de las mujeres.
Un dato final: el 64% de las mujeres con un empleo remunerado también se hacen cargo de las labores del hogar, mientras sólo el 16% de los hombres en la misma situación lo hacen.

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domingo, 13 de abril de 2008

La hora de los consensos: los Pactos de la Moncloa


Desde que llegué a Madrid hace seis meses, una de las preguntas que he intentado responder ha sido ¿Qué hicieron los españoles para pasar, primeramente, de ser una dictadura a una democracia y, posteriormente, de ser un país en vías de desarrollo a uno desarrollado?

Queda claro que son muchos los elementos que contribuyeron tanto a la transición pacífica de España hacia la democracia a partir de la muerte del General Francisco Franco, a finales de 1975, como al consecuente éxito que el sistema resultante ha tenido en materia económica, política y social en las últimas tres décadas.

Sin embargo, dentro de esa multiplicidad de factores históricos y coyunturales que confluyeron para construir la España actual, existe uno en particular que en mi opinión explica en gran medida a todos los demás: el consenso político.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al consenso como el “Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”.

Con base en lo anterior, en un sistema democrático representativo podríamos definir al consenso político como “el acuerdo producido por consentimiento entre la gran mayoría de los representantes populares respecto de uno o varios temas que atañen a la comunidad”.

Así las cosas, durante la transición española el consenso fue, antes que un instrumento para lograr determinados fines, un objetivo en sí mismo, por lo que las diversas fuerzas políticas se comprometieron con él, antes que con las metas particulares que cada uno perseguía.

Existía en la España de la transición plena conciencia de que la mejor forma de alejarse del fantasma de la guerra civil era privilegiando el consenso político en los temas fundamentales.

Esto implicaba, la adopción de un enfoque posibilista – muy similar a aquella perspectiva mediante la cual se fundó la Unión Europea –, que consiste en centrarse en aquello sobre lo cual es posible o urgente trabajar y dejar de lado los temas que por su menor grado de trascendencia o por su alto contenido ideológico complicarían la toma de acuerdos.

Se asumía que el disenso y el consecuente debate eran deseables en la mayoría de las materias y que el propio sistema debía contener los mecanismos para garantizar la toma de decisiones cuando no fuera posible o deseable que todos los actores confluyeran en torno a un tema.

Es por ello que los asuntos sobre los cuales se buscó privilegiar el consenso fueron contados y muy limitados, dado que – además de ingenuo – pensar que todas las decisiones habrían de tomarse de esa manera hubiera atentado contra la pluralidad de ideas que requería la democracia que entonces se anhelaba.

El consenso político requirió, de cierta manera, aceptar que las diversas visiones sobre un mismo hecho habían fracasado con anterioridad. Fuera en conseguir los acuerdos necesarios para implementar su perspectiva particular o porque ésta, aún habiendo conseguido dichos acuerdos, no logró el cumplimiento de los objetivos planteados.

La búsqueda del consenso también implicaba la aceptación de que en política existen adversarios, no enemigos, así como la necesidad de abandonar la visión de vencedores y vencidos, por lo que cualquier acción tendiente al aniquilamiento de los “otros” pondría en grave riesgo la frágil estabilidad que en aquellos años se vivía.

Los españoles intentaron por todos los medios descartar la práctica histórica de resultados trágicos mediante la cual los “ganadores” de una elección imponían a los “perdedores” su propia visión mediante, por ejemplo, una nueva Constitución.

En los temas considerados de Estado, se renunció voluntariamente al poder que daba la mayoría y se buscó ante todo el consenso y la negociación.

Para lograrlo se requerían actores políticos con visión de Estado, que contaran con la capacidad de anteponer el diálogo y la reflexión, aun sabiendo que se contaba con el recurso ya sea de las armas, de las masas o de los votos en el parlamento.

Hombres como Adolfo Suárez, Presidente Gobierno a partir de 1976; Felipe González, líder del entonces opositor Partido Socialista Obrero Español (PSOE); o Santiago Carrillo, del Partido Comunista Español (PCE); fueron capaces de ceder en sus propias y quizá legítimas pretensiones a favor del consenso.

El PCE, por ejemplo, aceptó renunciar a su postura a favor de la restauración de la república y, por ende, a su histórica lucha contra la monarquía, para evitar la previsible reacción violenta de las fuerzas más conservadoras del antiguo régimen.

Gracias a los consensos, entre el 20 de noviembre de 1975 – fecha de la muerte Franco – y el 6 de diciembre de 1978 fue posible que las propias cortes franquistas aprobaran la Ley para la reforma política que, aprobada mediante referéndum ciudadano, las desapareció y condujo por el cauce legal el proceso de transición.

Esta ley permitió que en ese mismo periodo se celebraran las dos primeras elecciones generales democráticas, se aprobara una nueva Constitución – también por referéndum – y se pusieran las bases del desarrollo económico a través de los Pactos de la Moncloa.

Estos últimos, los de la Moncloa, firmados por todas las fuerzas políticas el 25 octubre de 1977, permitieron sentar las bases del desarrollo económico de España y hacer frente a una crisis económica que ponía en grave peligro a una democracia que apenas se gestaba.

Aunque estos pactos históricamente han sido vinculados a lo económico y social, así como al gran efecto estabilizador que tuvieron, los mismos contienen también un acuerdo jurídico y político, que aunque es menos conocido, no por ello es menos importante.

Actualmente, los españoles continúan anhelando aquello que denominan como el gran consenso nacional.

Durante la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero la semana que recién concluyó, prácticamente todas las fuerzas políticas coincidieron en el hecho de recuperar el espíritu consensual de la transición de los setentas para hacer frente a los grandes retos que hoy enfrenta España: las autonomías, el terrorismo y la política sobre la Unión Europea.

Aunque personalmente, agregaría a estos tres el tema del agua – España es el país europeo que más resentirá los efectos del cambio climático y aún no se puede poner de acuerdo en cómo lo resolverá –, considero que su experiencia bien puede ser de utilidad para aquellos países en los que los temas trascendentales aun se abordan mediante la estricta aplicación de la fuerza de la mayoría, renunciando al diálogo político; o a través del uso de la fuerza, debilitando con ello las instituciones democráticas de representación.

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domingo, 6 de abril de 2008

Unión Europea: cambiando de aires


Los Estados Unidos de América están en franca recesión.

Salvo el presidente Bush y uno que otro despistado Ministro de Hacienda, la gran mayoría de analistas, instituciones financieras y, principalmente, ciudadanos de a pie están de acuerdo en el hecho de que la nación más poderosa del mundo está en crisis.

Como consecuencia lógica, la confianza de los consumidores va a la baja, no sólo en Norteamérica sino en Europa.

En España, por ejemplo, los últimos datos del Indicador de confianza del Consumidor son malos, como lo son los cálculos del Fondo Monetario Internacional, que estima que el precio de la vivienda bajará en este país en un veinte por ciento.

En un escenario global ciertamente pesimista, inevitablemente surge la pregunta – pocas veces contestada con seriedad – ¿Estamos preparados para afrontar una crisis mundial de esta índole?
Sabemos – aunque no tengamos muy claro en qué medida puedan defendernos de la inercia mundial – que nuestras reservas internacionales son numerosas, que el no tan nuestro sistema financiero se ha fortalecido y que las variables fundamentales de la macroeconomía se califican positivamente.

Así las cosas, considero que la pregunta que deberíamos formularnos los mexicanos en estos momentos es: ¿Podemos prepararnos mejor de lo que lo estamos actualmente para afrontar ésta y otras crisis globales que estén por venir?

A esta pregunta, sin dudarlo, respondería que sí e intentaré explicar por qué.

A pesar de lo difícil que resulte creerlo – principalmente para quienes las padecemos o hemos padecido – las crisis pueden dejar cosas buenas.

Una de estas cuestiones positivas no previstas – externalidades, dirían los economistas - es la posibilidad de hacer un alto en el camino y reflexionar en torno a las verdaderas razones por las que la desfavorable situación se ha presentado y a cuál ha sido nuestro propio papel en la misma.
Algunos llaman a este proceso autocrítica.

No se trata, aclaro, de utilizar esta colaboración para hacer una defensa a ultranza del estoicismo del insigne filósofo romano Séneca, ni de dejar ver los primeros esbozos de un libro de autoayuda – genero literario que mucho respeto me merece –, sino simple y sencillamente de tratar de puntualizar una situación que considero de vital importancia: para mejorar el futuro se requiere estar dispuesto a aprender de los errores del pasado.

Y quizá uno de los errores más frecuentes entre los muchos de los cuales tengamos que tomar lección sea el de apostar todos o la gran mayoría de nuestros recursos disponibles – sean estos humanos, materiales, intelectuales o físicos – a un solo escenario o posibilidad de éxito, cuya realización regularmente es incierta.

O lo que es lo mismo: no debemos poner todos los huevos en una sola canasta. Menos aún si se trata de nuestra economía y la “canasta” es un país en situación de crisis como Estados Unidos.

Es por ello que considero que el momento de crisis es propicio para cambiar de “aires” y replantear nuestra estrategia de relaciones comerciales y adaptarla al nuevo contexto de la economía global.

No sólo porque los estadounidenses estén en recesión, sino porque el mundo ha cambiado y con ello lo han hecho los potenciales socios con quienes hacer negocios.

Más aún si, por ejemplo, desde el año 2000 contamos con un tratado de libre comercio con el bloque económico más fuerte del mundo: la Unión Europea; al cual no hemos sacado todo el provecho posible.

Gracias al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, nuestras ventas a Estados Unidos y Canadá se quintuplicaron de 1994 a 2007; pasando de unos 40 mil a más de 220 mil millones de dólares anuales.

Mientras las ventas a nuestros vecinos del norte representan el 85% de nuestras exportaciones, las que hacemos a los europeos significan sólo el 5% – unos 12 mil millones de dólares en 2007 –.
Es decir, por cada dólar que vendemos a Europa, exportamos veinte a Norteamérica.

Para entender la dimensión de la gran oportunidad que no podemos darnos el lujo de dejar ir cabe mencionar que mientras Estados Unidos y Canadá tienen una población en conjunto de 330 millones de personas, los 27 países que integran la Unión Europea cuentan con 500 millones de habitantes.

El tamaño de las economías también nos puede dar una pista. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2007 el Producto Interno Bruto de Estados Unidos y Canadá fue de unos 14.7 billones de dólares, casi exactamente igual al de la Unión Europea en el mismo periodo.

El FMI estima que a partir de 2008 el PIB de la UE será mayor al de América del Norte. Principalmente, si consideramos el hecho de que los últimos 12 países en integrarse a la Unión Europea, en su mayoría de Europa del este, actualmente no contribuyen en mucho al PIB, siendo previsible que sí lo hagan en un futuro próximo.

La lógica de proximidad, sobre la cual justificábamos el hecho de orientar todas nuestras baterías hacia los vecinos del norte gradualmente pierde vigencia y lo hace a nuestro favor y a la vez en nuestra contra.

A favor, porque la sociedad de la información y las comunicaciones, en la que sólo un clic nos separa de un país a miles de kilómetros, nos permite acortar distancias y acercarnos a mercados cuya lejanía geográfica prácticamente se nulifica gracias a un sistema global de intercambio de mercancías.

En contra, porque nuestros socios tradicionales también tienen acceso a este sistema “globalizado”, por lo que es factible que un empresario de El Paso, Texas, adquiera en China, al otro lado del mundo, una mercancía que podría comprar en México, justo al otro lado de la frontera.

Insisto: las crisis pueden servir de algo si estamos dispuestos a realizar autocrítica y aprender con ello de nuestros errores.
….
Entre la infinidad de cosas que nunca imaginamos que sucedieran cuando mi esposa Ana Lilia y yo decidimos venir a vivir a España, una de ellas fue la de tener la oportunidad de representar a México en un tema tan puntual como lo es el del sector empresarial.

Es por ello que el nombramiento como representante ante la Unión Europea que gentilmente hicieran en mi persona los consejeros de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicio y Turismo de la República Mexicana (CONCANACO) en su pasada reunión en el Distrito Federal, mucho me honra y compromete.

Sin lugar a dudas los retos y oportunidades de la relación entre México y la Unión Europea son inmensos. Espero sinceramente poder contribuir con un pequeño pero sentido granito de arena.

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sábado, 8 de marzo de 2008

Elecciones en España: abstencionismo vs. participación


El abstencionismo no gana elecciones ni recibe constancias de mayoría.

Lo hacen los partidos y los candidatos que ellos postulan.

Al menos no en las democracias electorales en las que las normas determinan que aquel que obtenga la mayoría de votos accederá al cargo de representación popular en disputa sin necesidad de un porcentaje mínimo de participación en las urnas.

Lo anterior no significa que no sea deseable para una mejor “calidad” de la democracia que la participación ciudadana en un proceso electoral se acerque lo más posible a un utópico ciento por ciento.

Claro que una alta participación y, por ende, un bajo abstencionismo deben por muchos motivos ser una aspiración social cuya construcción requiere la concurrencia de complejos y muy diversos factores.

Sin embargo, en mi opinión, este legítimo anhelo no puede estar por encima de otro de vital importancia para el funcionamiento de la democracia: el del reconocimiento expreso y claro de las reglas del juego por parte de los jugadores.

Por cierto, no hay peor juego que aquel en el que las reglas no son compartidas por todos los participantes.

En este escenario reina la confusión: los árbitros no pueden aplicar normas inexistentes o existentes no aceptadas; los equipos actúan sin saber a ciencia cierta los efectos de sus acciones; y, lo peor de todo, el público deseoso de un buen espectáculo termina por decepcionarse aun más de un juego al que asistió con regañadientes.

Ahora bien, el hecho de que el nivel de participación no pueda utilizarse como argumento para descalificar un proceso electoral, no significa que no tenga profundas consecuencias en el resultado final de la elección.

Está ampliamente comprobado que el nivel de participación ciudadana en las urnas afecta de manera diversa a partidos políticos y candidatos diferentes.

Dependiendo de la composición de sus votantes potenciales y de su voto duro el porcentaje de participación en las urnas beneficia a algunos partidos políticos mientras perjudica a otros.

Por lo tanto, es muy probable que el candidato ganador con un determinado nivel de abstencionismo no lo sea con otro.

Las elecciones generales que se celebran el día de hoy en España son un claro ejemplo de lo anterior.

La reelección como Presidente de José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), o el arribo de Mariano Rajoy del Partido Popular (PP) dependen en gran medida de la cantidad de españoles que acudan a las urnas este domingo 9 de marzo.

Es importante aclarar que se trata de una elección diferente a la elección presidencial mexicana.

España tiene un sistema de gobierno parlamentario, lo que implica – entre otras muchas cosas – que los ciudadanos elegirán a sus diputados y que el partido político que cuente con el mayor número de asientos en el Congreso estará en posibilidad de formar gobierno y, por lo tanto, de nombrar al presidente español.

Se eligen trescientos cincuenta diputados y se necesita la mitad más uno para formar gobierno. Si ningún partido obtiene la mayoría absoluta, siento setenta y seis, deberá aliarse con otros para elegir presidente.

Existen doce partidos políticos compitiendo por escaños en el congreso español. Esto puede resultar engañoso dado que en la última elección (2004) el Partido Popular obtuvo 148 escaños y el Partido Socialista Obrero Español 164. Entre los dos obtuvieron 312 diputados, el 89% de las curules.

Apuntado lo anterior, retomo la cuestión inicial: ¿Por qué la participación electoral afecta claramente el resultado de la elección?

La primera parte de la respuesta viene del tipo de votantes a los que se dirige cada uno de los dos partidos políticos mayoritarios.

El discurso del Partido Popular, más conservador e ideológicamente de derechas, es compartido por muchos menos españoles que los que están de acuerdo con el discurso progresista y de izquierda del Partido Socialista Obrero Español.

Por lo tanto, los votantes potenciales del PSOE son muchos más que los del PP. Sin embargo, en tanto el PSOE debe competir por los votos con otros partidos que se dirigen al mismo tipo de público como Izquierda Unida o los nacionalistas del País Vasco o Cataluña, el PP prácticamente no tiene competencia en el segmento que le corresponde.

El nivel de fidelidad de los votantes constituye el segundo elemento explicativo.

Los votantes del PP tienen un mucho mayor nivel de fidelidad que los del PSOE, lo que se ve reflejado en el hecho de que su asistencia a las urnas es mucho más consistente.

En las últimas tres elecciones generales la cantidad de votos del Partido Popular prácticamente no ha variado mientras que los del Partido Socialista Obrero Español sí.

En 1996 el PP obtuvo 9.7 millones de votos, el PSOE 9.4; en el año 2000 el PP recibió 10.3 millones de votos mientras que el PSOE recibió sólo 7.9; en 2004 – tres días después de los atentados de Atocha - el PP obtuvo 9.6 millones de votos y el PSOE 10.9.

La tercera parte de la respuesta es la facilidad de movilizar a unos y otros votantes. Es importante aclarar que el término movilizar se refiere a la posibilidad de motivar a la ciudadanía mediante una campaña lo suficientemente potente para votar efectivamente a favor de uno u otro candidato o partido.

Es más difícil convencer a un español de izquierda de cancelar su plan familiar de fin de semana para que vaya a votar, que a uno de derecha cuya idea desde meses atrás es precisamente ir a las urnas.

Los resultados de las elecciones del año 2004 muestran con claridad lo anterior. Los atentados islamistas de Atocha no afectaron la votación del PP, mientras que el PSOE sorprendentemente pasó de 7.9 a 10.9 millones de votos.

La suma de estos tres elementos nos permite deducir casi automáticamente las estrategias de campaña adoptadas por uno y otro partido.

El PSOE de Rodríguez Zapatero ha enfocado sus recursos a intentar incrementar la participación de los votantes de izquierda, mediante una campaña sumamente optimista que en resumen invita a los ciudadanos a votar, sin importar por quién lo hagan – PP incluido.

Por el contrario, el Partido Popular y su candidato Mariano Rajoy, han orientado sus baterías a garantizar su voto duro, sin dejar de lado algunos esfuerzos esporádicos por arrebatar al PSOE algunos votantes indecisos de centro.

La campaña del PP ha sido más agresiva y parece apostar por el abstencionismo, a sabiendas de que su fiel electorado acudirá a votar, mientras los votantes de izquierda probablemente no lo harán.

Cabe mencionar que el estratega de Mariano Rajoy es el polémico Antonio Solá, quien asesoró durante su campaña al Presidente Felipe Calderón. Me resultó muy conocido escuchar que “Rodríguez Zapatero es un peligro para España”.

¿Cuál será el resultado de la elección? La mayoría de los expertos coincide en señalar que depende casi enteramente del nivel de participación en las urnas.

El umbral se encuentra en el 71% de participación ciudadana. En este escenario el PSOE ganaría por un diputado – 162 contra 161 –. Un porcentaje superior también significaría la reelección de Rodríguez Zapatero.

Si la votación fuera mayor al 77% el PSOE ganaría además la mayoría absoluta, con lo que estaría en posibilidad de formar gobierno sin necesidad de aliarse con los partidos pequeños, en su mayoría nacionalistas – canarios, vascos, catalanes, gallegos y otros.

Cualquier participación debajo del 71% le daría la victoria al Partido Popular.

Es importante considerar que estas estimaciones se basan fundamentalmente en el hecho de que los votos a favor del Partido Popular se mantienen fijos, independientes de la participación, y los del PSOE se modifican en virtud de la misma.

Cualquier suceso extraordinario que afectara el nivel de participación ciudadana – como lo fueron los atentados de Atocha – influiría en el resultado de las elecciones.

Desafortunadamente, no es algo que pueda descartarse en España. Justo el viernes 7 de marzo, la banda terrorista ETA mató de nuevo en el País Vasco. Su objetivo y víctima: un ex concejal del PSOE.

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lunes, 3 de marzo de 2008

El sistema de salud en España


Pocas veces pensamos en la posibilidad de enfermar. Generalmente planeamos nuestras vidas sin considerar que esto pueda suceder.

Quizá sea porque nos resulte más reconfortante pensar en un futuro sin este tipo de incidentes que en uno – evidentemente más realista – en el que se presente un malestar al menos una que otra vez.

Un letrero en la casa de los padres de un entrañable amigo resume con singular simplicidad esta actitud. “Que en esta casa nunca entre ni un abogado ni un doctor”, reza el pequeño cartel.

Como si en realidad dependiera al ciento por ciento de nosotros, omitimos de nuestro plan de vida un hecho que preferimos considerar de realización incierta.

Tal como lo comprobé en carne propia esta semana, en realidad lo único incierto de las enfermedades es la fecha y forma en que se presentarán. Todo lo demás relacionado con ellas es absolutamente previsible: tarde o temprano enfermaremos, es algo natural.

En el mejor de los casos, como afortunadamente me sucedió, luego de algunos días de reposo estaremos en posibilidad de retomar nuestras respectivas actividades, deseando que el siguiente evento de estas características no se presente o al menos no lo haga pronto.

El asunto es que poco estamos preparados para afrontar las múltiples consecuencias de una enfermedad.

Nuestras posibilidades de acceso a la atención médica fundamentalmente dependen de una combinación entre los recursos personales que podamos destinar a este rubro y los medios que diversas áreas gubernamentales pongan a nuestra disposición para el cuidado y atención de la salud.

Los modelos de atención sanitaria de los países son diversos y la diferencia estriba, básicamente, en qué tanta importancia dan a uno u otro recurso.

En algunas naciones, como Estados Unidos de Norteamérica, el modelo de atención a la salud privilegia la asunción de la responsabilidad individual para hacer frente a las necesidades propias.
El estadounidense está construido sobre la base de que, salvo muy contadas excepciones, cada quien recibirá la atención médica que pueda pagar, ya sea porque cuenta con un seguro médico o porque dispone de los recursos económicos necesarios para saldar sus cuentas.

El financiamiento de este tipo de modelos se realiza principalmente mediante contribuciones de los propios beneficiarios vinculadas a su trabajo.

Por el contrario, en los países europeos se estima que el Estado debe intervenir para reparar situaciones de necesidad.

Se considera que la salud es un bien público cuyo cuidado merece que el gobierno destine los recursos necesarios para su provisión.

Obviamente estos sistemas demandan un esfuerzo social mucho mayor y se financian a través de los ingresos del gobierno que en su mayoría son impuestos generales.

Dentro de los modelos de atención sanitaria europeos el español es quizá el más completo pero también el más caro de mantener.

Por el simple hecho de darse de alta en el padrón del municipio en el que se habita, se tiene derecho a acudir a una oficina del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales para recibir un número de seguridad social y estar así en posibilidad de recibir atención médica universal y gratuita.

Una vez se cuente con el número de afiliación es necesario acudir al centro sanitario que a cada quien corresponde según su domicilio para que se asigne una tarjeta sanitaria y un médico familiar que será el responsable de canalizar la atención que cada miembro de la familia pudiese necesitar.

Ni la inscripción en la seguridad social ni la obtención de la tarjeta sanitaria dependen de que quien hace el trámite trabaje. Si en efecto labora, deberá aportar las cuotas correspondientes, pero si no lo hace recibirá la misma atención.

Esta cuestión es la que convierte al sistema español en un modelo tan caro de sostener. Se destina para su funcionamiento cerca del 7% del producto Interno Bruto cada año – unos 60 mil millones de euros.

Si consideramos que en los últimos diez años la población de España ha crecido en cerca de 5 millones de personas; que después de los Estados Unidos es el país que más inmigrantes recibe en el mundo; y que por el simple hecho de contar con un domicilio español cualquier persona puede darse de alta en la seguridad social, nos podremos dar una idea de la medida en que ha crecido la factura sanitaria que los españoles cubren cada año con sus impuestos.

Ahora bien, sería injusto culpabilizar a los inmigrantes de esta situación, pues la gran mayoría de ellos se encuentran trabajando y aportan las cuotas de seguridad social que les corresponden.
Sin embargo, existen otras conductas que sí pueden considerarse abusos al sistema nacional de salud.

Por ejemplo, muchos ciudadanos ingleses que en su país no tienen derecho a hacerlo – el modelo es más restrictivo y similar al norteamericano – se las ingenian para encontrar la manera de realizarse, cortesía de los contribuyentes españoles, las operaciones de cambio de “bypass” cardiaco que tan onerosas son en cualquier país del mundo. El sistema lo permite y no han perdido oportunidad para hacerlo.

Similar revuelo causa el catálogo de situaciones médicas a las que debe responder la sanidad española.

La polémica va desde adquirir o no vacunas extremadamente caras para evitar enfermedades cuya incidencia es nula o casi nula, hasta la altamente controvertida cirugía de cambio de sexo a la cual tienen derecho los españoles de muchas comunidades autónomas.

El incremento desmedido de la demanda de atención médica ha originado que el sistema de salud pública responda a través de la forma más tradicional de racionalizar los servicios gubernamentales: largas filas han aparecido en los centros de atención sanitaria; los servicios de urgencia se encuentran saturados; y los trámites burocráticos complican la atención a la población.

Muchos españoles han optado por contratar por cuenta propia la atención básica.

La empresa Sanitas, dedicada a proveer atención médica privada, cotiza en la bolsa española y es altamente rentable.

La opción: si requieren un médico para atenderse una gripe o una lesión leve, los españoles van a sanitas; si lo que requieren es una cirugía mayor, acuden a la seguridad social, esperando ser atendidos lo antes posible.

Por cierto, para obtener el visado respectivo los estudiantes extranjeros debemos contar con un seguro de gastos médicos que garantice nuestra atención médica mientras nos encontramos en España, así como los gastos de repatriación en el nada deseable caso de hacerlo en la situación tan alegremente tratada por la canción: “México lindo y querido, si muero lejos de ti…”

Muchos son los retos a los que se enfrentan los sistemas de salud en todo el mundo.

De nada sirve plantear un sistema cuyo objetivo sea la universalidad si en los hechos no se cuenta con los recursos necesarios para garantizar el acceso a la población o si estos recursos son gestionados con ineficiencia.

De igual manera, un modelo altamente eficiente que no considere la existencia de desigualdades sociales, puede dejar fuera de la atención sanitaria a aquellos que no cuentan con recursos propios para atender sus necesidades sanitarias básicas.

Lo fundamental es tener claro cuál es el modelo de atención a la salud al que se aspira y cuáles los recursos y compromisos sociales para alcanzarlo. Sea cual fuere el modelo que se adopte se debe garantizar su eficacia, eficiencia y sustentabilidad en el largo plazo.

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