domingo, 31 de agosto de 2008

Penas y autoridades que dan pena


El 13 de enero pasado la niña Mari Luz Cortés, de cinco años de edad, desapareció sin dejar rastro.

El caso inmediatamente causó un alto impacto entre los vecinos de la sureña ciudad española de Huelva, en donde habitaba.

Poco después, gracias a la amplísima cobertura de los medios de comunicación, la desaparición de la menor se convirtió en un tema de relevancia nacional.

Mientras miles la buscaban y otros tantos se manifestaban por toda España para exigir su retorno, su familia imploraba piedad a aquellos que suponían la mantenían cautiva.

Las autoridades, desconcertadas, no lograban dar a la opinión pública ni la información ni los resultados que exigía.

La pista de Mari Luz se había desvanecido a sólo cien metros de su casa, distancia a la que se encontraba el expendio de dulces al que habitualmente acudía y del cual se sabía con certeza había salido para regresar a su hogar.

Casi dos meses después, el 7 de marzo, se hizo realidad la peor de las pesadillas de la familia Cortés y de los millones de españoles que seguían con atención el caso. El cuerpo sin vida de Mari Luz fue encontrado flotando en el mar.

Días más tarde, el 25 de marzo, la policía nacional detuvo a Santiago del Valle y a su esposa Isabel García como presuntos autores del crimen.

A las pocas horas de la detención de los homicidas, que vivían a metros del hogar de Mari Luz, comenzaron a hacerse públicas distintas anomalías que evidenciaron, además de la clara culpabilidad de la pareja, una cadena de negligencias de parte de las autoridades, que en gran medida contribuyó a los lamentables hechos.

Fue entonces cuando el caso dio un estrepitoso vuelco. Detenidos los criminales, el banquillo de los acusados fue ocupado por el propio sistema judicial español, que pasó de ser juzgador a ser juzgado.

Y es que no era la primera ocasión en que la nefasta pareja se veía envuelta en incidentes de carácter ilícito. Se trataba, por decir lo menos, de unos pájaros de cuenta consumados.

Al momento de asesinar a la niña Mari Luz, Santiago del Valle e Isabel García debían haber estado tras las rejas, pues sobre ellos pesaban diversas condenas previas.

En 1999, del Valle y su esposa fueron acusados de cometer abusos sexuales contra su propia hija, que casualmente contaba entonces con los mismos cinco años de Mari Luz.

Para intentar evadir la acción de la justicia, acusaron judicialmente por dichos delitos a un maestro de educación física, al que incluso pidieron 60 mil euros para reparar el daño que en el colmo del cinismo decían les había inflingido.

Queda como constancia macabra de ello, la entrevista que en el año 2002 le hiciera una televisora a Santiago del Valle. “Antes de abusar de mi hija, abusaría de cualquier mayor que no me tocara nada”, anunciaba soberbio el pederasta.

A pesar de sus maniobras, ese mismo año un juzgado los condenó por los abusos sexuales cometidos contra su menor hija. Dicha condena fue confirmada hasta 2005 por la Audiencia Provincial de Sevilla.

Según la sentencia, dos años y nueve meses debía pasar del Valle tras las rejas, mientras su esposa tendría que estar recluida en internamiento psiquiátrico penitenciario quince meses. También se les retiró la patria potestad de sus dos hijas, que hoy cuentan con quince y nueve años y se encuentran con dos familias de acogida.

Sin embargo, los entonces pederastas y hoy asesinos no pasaron ni un minuto en prisión.

Debido a sus constantes y premeditados cambios de domicilio nunca fue posible notificarles la sentencia que les condenaba.

En 2006, el juez que los declaro culpables emitió una “averiguación de paradero” que, al no resultar exitosa, se constituyó en el mejor pretexto de la justicia para no ejecutarles la pena que les correspondía. Nunca se dictó una orden de “búsqueda y captura”.

Fue así como, mientras el sistema judicial español se envolvía en su propia burocracia y autocomplacencia, Santiago del Valle seguía intentando abusar de menores utilizando todos los medios a su alcance.

Cada día de retraso del sistema impartición y procuración de justicia español era aprovechado por el pederasta para cometer más delitos, quien actuaba confiado de que nunca pagaría por sus actos.

Muchas fueron sus andanzas después de 1999.

En diciembre de 2004 fue condenado por el juzgado penal 4 de Sevilla a dos años de cárcel por abusar sexualmente de una niña de 9 años. Tampoco purgó esta condena.

Intentó hacer lo mismo con una menor de la ciudad asturiana de Gijón, con la que buscó mantener relaciones sexuales mediante engaños por Internet. Afortunadamente, la madre de la menor lo descubrió, denunció los hechos a la policía y al pederasta se le impuso una orden de alejamiento que salvó a la niña de un fatal destino.

Pero sus faltas no terminaron ahí. El juzgado octavo de instrucción de Sevilla, que se encuentra a sólo unos pasos del juzgado primero –que se suponía lo buscaba para que purgara la condena impuesta por los abusos contra sus propias hijas– le abrió una causa por tocamientos libidinosos contra una menor en el año 2006.

Como monumento a la ineficacia y negligencia queda el hecho de que por esta última denuncia Santiago del Valle acudía a firmar a los juzgados todos los días 1 y 15.

Para conservar la libertad que le permitía seguir delinquiendo, en su camino quincenal al juzgado octavo, pasaba a no más de diez metros del juzgado primero ¡Cuanta risa debe haberle ocasionado!

Pero los padres de Mari Luz no se limitaron a exigir justicia al sistema que, por su ineficacia, había dejado libre al pederasta que convertido en homicida, les había privado de su hija.

En un acto de franco valor, pocas semanas después de haber sido encontrado el cuerpo de Mari Luz, su familia emprendió un largo camino para recorrer toda España con el propósito de reunir 500 mil firmas en apoyo de un endurecimiento de las penas contra los pederastas.

En mayo, al entrevistarse con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ya habían recabado las firmas que buscaban.

El 23 de julio, cuando Mariano Rajoy y Rodríguez Zapatero alcanzaron, en nombre de los dos grandes partidos políticos españoles, un acuerdo contra la pederastia –de esos que últimamente son muy escasos en España y otros países– Juan José Cortés, padre de Mari Luz, ya había reunido más de dos millones de firmas que apoyaban la cadena perpetua contra los pederastas.

Gracias a una tragedia familiar, que se convirtió en un movimiento ciudadano, es cuestión de meses para que se apruebe una reforma al Código Penal español que endurecerá las penas contra este tipo de delitos y ampliará el control sobre quienes los cometen, con instrumentos como el registro nacional de condenados por abusos contra menores.

Porque incrementar las penas es sólo una mínima parte de la solución, que no deja de ser discurso vació y meramente aspiracional si no está debidamente cubierto por otros instrumentos.

Es fundamental que las penas, sean de la magnitud que sean, en efecto se ejecuten a través de la aprehensión de los delincuentes y del subsecuente control eficiente y eficaz de los procesos que se les siguen.

De otra manera seguirán deambulando por las calles delincuentes como Santiago del Valle, para los que los años de condena –sean dos, cinco o cien– no representan nada, sólo un número más al que saben no se someterán gracias a un sistema de impartición y procuración de justicia que se los permite.

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domingo, 24 de agosto de 2008

El día que cayó el avión de Spanair


El reloj marcaba las 14:45 cuando la señal de televisión española –en la que mi esposa Ana Lilia y yo buscábamos noticias sobre la pelea en la que participaría el taekwondoin mexicano Guillermo Pérez– se vio interrumpida por una preocupante noticia: un accidente aéreo en el aeropuerto de Barajas.

En medio de la confusión mediática, las noticias hablaban de un aborto de despegue y de sólo dos víctimas, sin dar más detalles.

En los primeros cinco minutos, todas las televisoras españolas estaban transmitiendo información al respecto.

Las páginas de Internet de los diarios El Mundo y El País consignaban la nota en un espacio aun pequeño y no central.

Pronto, el número de víctimas empezó a modificarse y las primeras imágenes dejaron claro que no se trataba de un accidente aéreo como el de hace pocas semanas, cuando una pequeña avioneta había caído, teniendo como saldo dos personas fallecidas.

Junto con las características del avión siniestrado, un McDonell Douglas 82 de la compañía Spanair –la segunda de España– pasadas las tres de la tarde se supo que el vuelo JK-5022, compartido con la alemana Lufthansa, se dirigía a la isla de Gran Canaria con 172 personas a bordo.

En un par de horas la cifra oficial de muertos se situó en siete, luego en veinte, para estabilizarse en cuarenta y cinco alrededor de las cinco de la tarde. Se habló entonces de una tragedia.

Casi quinientas personas, entre rescatistas, bomberos y miembros de la guardia civil participaban en un operativo de rescate del que se ofrecían muy pocos datos.

Las imágenes de la televisión sólo mostraban a decenas de vehículos de emergencia que circulaban por las pistas de Barajas a gran velocidad y la columna de humo provocada por el incendio de una pequeña zona arbolada en la que había caído el aparato de fabricación estadounidense.

La humareda se podía observar desde muchos puntos de Madrid. Especialmente, desde las ventanas de quienes vivimos en el norte de la ciudad, zona en la que se ubica el puerto aéreo madrileño.

Siendo usual ver ese tipo de fumarolas debido a las amplias zonas boscosas y de pastizales que rodean la capital española, resultaba tétrico hacerlo en esta ocasión, cuando se estaba conciente de su fatal origen.

Recordé que hace pocas semanas había utilizado la moderna terminal 4 –en donde abordaron los pasajeros del avión de Spanair siniestrado– para viajar a Alicante a una reunión de representación de la Confederación de Cámaras de Nacionales de Comercio con empresarios del sector energético.

De hecho, tan sólo dos días antes había aterrizado en el mismo lugar, en compañía de mi esposa y de mis dos hijas.

Y es que, a diferencia de otras capitales europeas, en Madrid sólo existe un aeropuerto de relevancia, aunque éste cuenta con cuatro grandes terminales y múltiples pistas para el aterrizaje y despegue.

Después de las cinco de la tarde, cuando el fuego fue prácticamente extinguido, los medios de comunicación comenzaron a reportar que en los hospitales que se habían preparado para recibir a los heridos del accidente el movimiento era casi nulo.

Dos o tres lesionados en el Hospital Ramón y Cajal; una decena, cuando mucho, en La Paz –aquel en el que murió el dictador Francisco Franco.
El gobierno mantuvo el número oficial de víctimas mortales en cuarenta y cinco hasta que fue imposible sostener dicha cantidad por la mínima presencia de heridos que llegaban a los nosocomios y la grave condición en la que se encontraban quienes lo hacían.

A las siete de la tarde el conteo de decesos pasó a cien víctimas.

En el juego de las declaraciones, la palabra “catástrofe” hizo su arribo para sustituir a las que hasta el momento se utilizaban para describir el suceso.

Gradualmente se materializaba una pesadilla que muchos españoles habían vivido hace ya treinta y un años, cuando el 27 de marzo de 1977 se produjo el peor accidente en la historia de la aviación mundial en el aeropuerto de Los Rodeos de Tenerife.

En aquel entonces fallecieron quinientas ochenta y tres personas al chocar dos aviones de los conocidos como “Jumbo”.

En medio de la fatalidad, resaltaban las historias de quienes, milagrosamente, con boleto en mano, no habían abordado el avión; ya sea porque habían llegado tarde o porque la siempre considerada calamidad de la sobreventa del vuelo les había permitido salvar la vida.

Confesaban lo ocurrido, con cierto rubor, concientes de que habían jugado una ruleta rusa en la que las probabilidades de sobrevivir eran, en el mejor de los casos, de una contra nueve.

Poco a poco, rescatistas y bomberos fueron cediendo su protagonismo a los psicólogos y trabajadores sociales que llegaban por decenas a los aeropuertos de Madrid y Gran Canaria para apoyar a los todavía inciertos deudos.

Las salas especiales acondicionadas para los familiares de los pasajeros del avión siniestrado se iban llenando de personas conmocionadas, incapacitadas por el dolor para emitir una declaración a los medios de comunicación que, urgidos de cumplir su labor informativa, se apostaban a la entrada de las mismas.

Se empezaron a conocer los dantescos testimonios de quienes habían participado en el operativo de rescate. Un trabajador del aeropuerto, consternado, dijo: "El avión estaba todo partido, todo estaba lleno de cuerpos".

Cerca de las ocho de la noche se informó que el recinto ferial de IFEMA, en el que habitualmente se llevan a cabo los grandes congresos, exposiciones y ferias de la península ibérica, sería habilitado para el traslado de los cadáveres y su posterior identificación.

¿No fue IFEMA el lugar al que trasladaron a las victimas mortales de los atentados terroristas del 11 de Marzo de 2004 en Atocha? Evocaron algunos.

Inevitablemente, los españoles trajeron a la mente la que se considera la peor tragedia de la España democrática. Hace sólo cuatro años el extremismo islámico de una rama de Al Qaeda cegó la vida de 192 personas también inocentes.

El fantasma del terrorismo estuvo rondando desde el primer momento de la catástrofe aérea.
Pronto se descartó esta hipótesis y la mayoría de los especialistas apuntaron hacia un fallo en el motor izquierdo justo al instante del despegue.

Pasadas las once de la noche, luego de la comparecencia ante los medios de comunicación del presidente Rodríguez Zapatero –que al igual que los demás líderes políticos tuvo que cancelar sus vacaciones– la ministra de fomento daba a conocer el último reporte de fatalidades del día 20 de agosto de 2008: 153 muertos y sólo 19 heridos.

Minutos antes había veinte sobrevivientes, pero a poco de dar a conocer las cifras un joven pasajero de veinticinco años había perdido la batalla contra la muerte en la sala de urgencias.

También se dio a conocer la creación de una comisión de investigación que se encargará –o al menos lo intentará– de determinar las causas reales del accidente.

Esta labor, además de sumamente compleja y dilatada, previsiblemente será motivo de innumerables polémicas judiciales y mediáticas, debido a que desde el inicio de la conflagración diversos elementos apuntaron hacia una probable negligencia de la compañía aérea.

Mientras tanto, los familiares de los pasajeros del vuelo JK-5022 de Spanair tendrán que pasar por un largo y doloroso proceso que apenas inicia e incluye la penosa identificación de sus seres queridos.

Que Dios los bendiga.

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domingo, 10 de agosto de 2008

¿Relevo o ruptura generacional?


El Partido Popular (PP) es el segundo partido político de España.

Es el que cuenta con más escaños en el Senado, mientras en el Congreso de los Diputados es la segunda fuerza después del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Miles de municipios y diversas comunidades autónomas, entre ellas la de Madrid, son gobernadas por los populares.

Es por ello que las pugnas que se desataron en su interior después de la derrota en las elecciones generales llamaron mucho la atención.

Resulta que Mariano Rajoy, líder del PP y candidato vencido en las dos últimas elecciones, decidió llevar a cabo diversas acciones que quiso se interpretaran como un golpe de timón.

La más llamativa de estas acciones fue el nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz de su partido –equiparable a la figura de los coordinadores parlamentarios en México.

El nombramiento de Sáenz, de treinta y siete años, fue interpretado por los opositores al interior de su partido como la jubilación anticipada de toda una generación de políticos. Precisamente la generación que sigue a la de Mariano Rajoy y antecede a la de aquella.

Quienes se manifestaron a favor, apoyaron la decisión con base en el argumento de que era necesario un relevo generacional.

Fue así como el tan llevado y traído tema se puso de moda en las mesas de discusión televisivas y también en las de café, que tanto gustan a los españoles.

Pero, ¿Qué es el relevo generacional en política? ¿Para qué sirve?

Teóricamente, uno de los principales cometidos de un partido político es el de la búsqueda e incorporación de nuevos liderazgos sociales. Principalmente en los denominados partidos de masas y en los “catch all parties”, cuyo espectro social de actuación pretende ser muy amplio.

Pensemos por un momento en una carrera de relevos cuatro por cuatrocientos metros, en la que cada participante hace su mejor esfuerzo, hasta que en un momento dado, después de llegar a su punto de máximo rendimiento, la capacidad individual de continuar la carrera decae y es en ese instante en el que debe entregar la estafeta al corredor que le sigue.

De la misma manera, en política, cada generación hace su mejor esfuerzo para después dar paso a la siguiente, que la relevará.

La gran diferencia entre la carrera de atletismo y la política probablemente radica en que en esta última el proceso es continuo. Difícilmente se puede observar con claridad el momento del relevo, que no se agota en un solo acto, sino que se presenta gradualmente hasta que es posible reconocerlo.

Quizá una buena manera de enfocar el asunto en materia política sea pensar en el relevo de acuerdo con los retos.

Por ejemplo, dentro de los muchos retos de nuestro país uno de los más importantes es el de la desigualdad. Pues bien, cada generación hace lo que considera mejor para poder disminuir los índices que miden esta desigualdad y avanza lo que en la medida de sus posibilidades y de los recursos disponibles le es factible .

La clave está en las soluciones a los problemas y cada generación aporta nuevas formas y mecanismos.

¿En qué momento es conveniente un relevo generacional? Quizá en el que se asume que la generación que estaba al mando ha agotado los instrumentos, en su momento innovadores, de los cuales disponía para atender el problema.

Es por ello que el relevo, más que de personas, debe ser de ideas.

Ahora bien, existe una gran responsabilidad de las generaciones que se encuentran al mando y que, por ende, tienen más poder que las que les siguen de poder impulsar este proceso, dado que no hacerlo significaría no dar oxígeno y entrada a las nuevas ideas.

Aunque hacerlo signifique abrir la puerta a formas de hacer política que no necesariamente sean las propias. Es difícil pensar en un relevo de ideas si aquel que lo representa se ajusta a plenitud a los métodos y formas de pensar de aquel a quien releva.

Quizá este punto sea el más controversial. A aquellos que deben impulsar el relevo les resulta muy difícil asumir que los refuerzos quizá no piensen como ellos.

Por este motivo, quienes ostentan la dirección partidista suelen hacer lo posible para que los relevos se parezcan lo más posible a ellos mismos, aún si eso implica que no se presente el relevo de ideas y, por ende, que el generacional no cumpla su cometido.

Esta es la mayor acusación que se dentro del Partido Popular se ha hecho a Rajoy, pues se considera que realizado el cambio de personas, no se concretó el de pensamiento.

De la misma manera, es importante garantizar que las generaciones que se encuentran en el proceso de entrega de la estafeta hayan podido aportar a la solución de los problemas el mayor conocimiento posible, así como la existencia de un diálogo permanente que vigile la protección de la experiencia acumulada.

Porque quizá una de las principales reglas del juego es que el que llega no debe empezar de cero. Pues de esa manera no habría diálogo entre generaciones y difícilmente hablaríamos de progreso.

La iniciativa privada lo tiene muy claro. Desde el micro empresario que dirige una pequeña tienda de abarrotes, hasta el líder de una multinacional comprenden que reinventarse continuamente sin perder lo esencial significa adaptarse a los cambios del entorno e incluso impulsarlos.

Hacerlo representa la supervivencia, no hacerlo implica asumir la entrada en un proceso de reciclaje de ideas y de personas que poco aporta a una sociedad siempre exigente de nuevas formas y soluciones para sus crecientes demandas.

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domingo, 3 de agosto de 2008

PEMEX nos debe unir


Siempre que cargo gasolina en cualquier estación de servicio de Madrid recuerdo a México y recuerdo a PEMEX.

Aunado al hecho de que los medios de comunicación españoles han dado una extensa cobertura del tragicómico debate petrolero que se vive en nuestro país, es imposible no pensar en lo que uno tiene en casa cuando de este lado del mundo se pagan 1.3 euros –unos 22 pesos– por cada litro de diesel o de gasolina.

Y es que la sensación de desembolsar 1,100 pesos por llenar el depósito de cincuenta litros de un automóvil mediano sólo se puede describir utilizando alguna de las apocalípticas escenas de la exitosa película “Mad Max”, protagonizada por Mel Gibson a principios de los años ochenta.

La reflexión es sencilla: que difícil es para un país y para sus habitantes no tener petróleo en estos días.

De no ser porque los europeos tienen un ingreso medio por persona cinco veces mayor al nuestro, seguramente no podrían pagar los altos precios de los combustibles. El uso de la bicicleta dejaría de ser una moda para convertirse en una necesidad.

Mientras tengan recursos económicos y naciones que se los provea, los europeos contarán con el petróleo que necesiten aunque tengan que pagarlo cada vez más caro.
No importa si es necesario que personajes como el presidente venezolano Hugo Chávez o el líder libio Muammar Al-Gaddafi sean recibidos en Europa con bombo y platillo.

Por el petróleo, los disparates verbales de aquel se convierten en simples lapsus, mientras a los actos terroristas de éste se les da el trato de leves “errores” de juventud.
Lo lamentable es que la situación de los europeos, que no tienen petróleo pero sí dinero, no es la norma a nivel mundial.

La mayoría de los habitantes y naciones del planeta no tienen petróleo ni suficiente riqueza para comprarlo.

El caso extremo es el África subsahariana, en donde no preocupa tanto el incremento en el valor de la gasolina –pues muy pocos tienen automóvil– sino la repercusión del alto precio de los combustibles sobre el costo de los alimentos y otros insumos básicos, lo que ha provocado que cientos de miles de personas se sumen a los millones que están en riesgo de morir de hambre.

Ahora bien, ¿Qué importancia tiene el contexto mundial antes descrito para una reforma que al final deberemos decidir sólo los mexicanos? Desde mi punto de vista, mucha.

No sólo porque el petróleo es parte de un mercado internacional que no controlamos los mexicanos. Ni porque es un hecho que las actuales circunstancias internacionales implican que existen intereses de diversa índole a los que preocupa que México emprenda una reforma petrolera.

En mi opinión, la principal razón por la que los mexicanos debemos tomar en cuenta lo que pasa más allá de nuestras fronteras tiene que ver con el valor que cada uno de nosotros le otorgamos a nuestro petróleo y, por ende, a cualquier reforma que le afecte.

En la medida en que valoremos un tesoro que, a pesar de ser nuestro, nos fue regalado por la naturaleza y por las generaciones que nos precedieron y lucharon por él, entenderemos lo afortunados que somos por poseerlo.

Pensemos por un momento en un México sin PEMEX ¿Qué hubiera sido de nuestro país sin los recursos petroleros? ¿Qué sería de México sin ellos?

El petróleo no puede ser un factor de división entre los mexicanos sino un elemento que nos una.

Los grandes avances sociales del país no pueden ser explicados sin la presencia de PEMEX.

La empresa ha constituido un elemento de unidad que ha contribuido a que la heterogeneidad social y regional no signifiquen un riesgo para la existencia nacional.
Históricamente, la riqueza petrolera ha equilibrado el pacto federal, disminuyendo las diferencias existentes entre estados con niveles de ingreso, competitividad y producción sumamente divergentes.

Los cientos de miles de millones de dólares que en setenta años ha producido la empresa, se han constituido en el lubricante de una nación que de no contar con ellos seguramente sería muy diferente.

En la otra cara de la moneda, los recursos petroleros, que hasta hace poco se consideraban infinitos, han permitido a muchos gobiernos evitarse la molestia de emprender diversas acciones que con urgencia necesita el país.

Mientras el petróleo fluía y el dinero llegaba no era necesario afrontar los grandes retos, ni los costos políticos que hacerlo implicaba.

Por ejemplo, se ha dejado de lado una verdadera reforma fiscal que, privilegiando el incremento de la base de contribuyentes, otorgue al país los recursos que tanto necesita para desarrollar el gran potencial con el que sin duda contamos.

Tampoco se ha tomado en serio la reconversión productiva o el impulso del campo, como fuentes alternativas de riqueza.

El exceso de recursos también ha permitido abusos y déficits de transparencia que a la fecha agravian a los mexicanos.
Es por ello que la reforma de PEMEX debe enmarcarse dentro de una gran reforma del Estado mexicano.

Regularmente, lo accesorio sigue la suerte de lo principal. Cualquier reforma a la paraestatal difícilmente será exitosa si no es parte de un modelo de país que también lo sea.

Antes de reformarla, debemos definir, con puntualidad y claridad, cuál será el papel que PEMEX jugará en el desarrollo nacional en los próximos años.

Antes de intervenir en ella es necesario separar las causas de las consecuencias, pues de esa manera será posible llegar a soluciones reales para la paraestatal.

Un análisis de esa naturaleza permitiría concluir que el supuesto problema financiero de la empresa petrolera es una consecuencia, no una causa.

El verdadero problema de PEMEX, sin soslayar otros, no es la falta de recursos sino la irracional carga fiscal a la que ha sido sometida por parte del gobierno federal, con la complacencia de otros niveles de gobierno, que han preferido incrementar sus recursos disponibles a intentar detener la sangría en contra de la empresa.

Otorgar más recursos, sean estos privados o públicos, sería como invertirlos en un barril sin fondo si no se solucionan los problemas estructurales de la petrolera, principalmente el relativo a los impuestos que paga a la federación.

El debate sobre la paraestatal, antes que nada, exige absoluta responsabilidad y visión de futuro de quienes en él participan. No puede ser botín económico o político de algunos.

Aunque un referéndum sería deseable, el hecho es que nuestra constitución política no lo contempla, por lo que las decisiones deberán tomarse al seno de las instituciones de representación democrática legalmente constituidas, que son el Congreso de la Unión y, en su momento, las legislaturas locales.

Lo importante es que esa decisión cuente con el mayor consenso posible al interior de los órganos legislativos y, principalmente, entre la ciudadanía.

Una reforma exitosa, que trascienda en el tiempo, sólo es pensable en la medida en que cuente con el apoyo de la mayoría de los mexicanos, lo que debe obligadamente ser tomado en cuenta por los legisladores.

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sábado, 26 de julio de 2008

El final del sueño


En marzo del año 2007 Fernando Martín era el “hombre del momento” en España.
Su rostro, símbolo del gran boom de la construcción, era portada tanto de los diarios de corte financiero como de las revistas del corazón o prensa rosa, que tanto gustan a los españoles.

No era para menos. En una espectacular operación había comprado al empresario gallego Manuel Jove la inmobiliaria Fadesa en la friolera de 4 mi millones de euros –unos 68 mil millones de pesos.

Fernando Martín, propietario de la empresa Martinsa y ex presidente del equipo de fútbol Real Madrid alcanzaba con esta operación su sueño de contar con un consorcio capaz de jugar en las grandes ligas de Europa y, por que no, del mundo.

El proyecto de la nueva empresa a la que se denominó Martinsa-Fadesa era crear un titán con presencia en la bolsa de valores y negocios en el sector inmobiliario y en otros como la obra civil, las concesiones, los servicios medioambientales y de agua, y el desarrollo de energías renovables.

Para “facilitar” la operación, varios bancos españoles dieron su apoyo incondicional –que no desinteresado– a Martín, prestándole prácticamente el total de la operación más mil millones de euros para cuestiones “operativas”.

Eran los tiempos de oro del ladrillo y todos, incluidos los bancos, querían ser parte del jugoso negocio, por lo que no dudaron en prestarle a Martín 5 mil millones de euros –85 mil millones de pesos.

Hoy los vientos soplan en sentido contrario. La bonanza inmobiliaria dejó de serlo.
A pesar de que los precios de las casas y departamentos no paran de bajar, las ventas están por los suelos y se construyen en España la tercera parte de las viviendas que se construían hace un año.

Por todo el país se ven edificios sin terminar; los proveedores y subcontratistas no cobran lo previamente vendido o realizado; los trabajadores de las empresas del sector o bien ya perdieron su trabajo o simplemente están en espera de hacerlo.

La crisis del sector de la construcción ha contagiado a toda la economía de sus graves padecimientos.

El gobierno español por fin ha aceptado que hay una “crisis” –término que se negaban a pronunciar–, por lo que sus expectativas de crecimiento para el 2008 pasaron de un optimista 3.3% a un realista 1.6%. Para 2009 esperan que su economía tenga un exiguo crecimiento del 1%.

Las economías familiares resienten los efectos de esta situación. Como consecuencia de un incremento en las tasas de interés se ha duplicado el número de personas que caen en morosidad frente a las instituciones financieras; el litro de diesel o gasolina permanece cerca de los 1.3 euros por litro–22 pesos.

Los últimos datos de empleo dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística indican que el desempleo ronda al 10.4% de la población económicamente activa, unas 2 millones 300 mil personas. Se espera que en el primer semestre de 2009 esta cifra llegue al 12.5% y de ahí empiece a descender.

Tan sólo entre abril y junio pasados 207,400 personas se sumaron a las filas del paro.
Por estos motivos, dieciséis meses después de su momento de gloria, los “amigos” de Martín decidieron que el empresario de sesenta y un años había dejado de ser un buen negocio.

En medio de la crisis económica, los bancos españoles optaron por no prestar más dinero a Martinsa-Fadesa.

Ante una imparable caída de las acciones de la compañía en la bolsa –de 37, a 7 euros por acción– y frente a la imposibilidad de obtener los créditos necesarios para refinanciar una deuda calculada en al menos 6 mil millones de euros, Fernando Martín se vio en la necesidad de declarar a Martinsa-Fadesa en concurso de acreedores voluntario, la mayor en la historia de España.

El inicio de este procedimiento jurídico –que sustituyo en España a la antigua figura de la suspensión de pagos– provocó la inmediata caída de la bolsa de valores, arrastrada por el desplome de las acciones de los bancos a los que la empresa de Fernando Martín debe colosales sumas de dinero, incluido el Popular, tercer banco español.

Se teme que las deudas sean mayores de lo declarado y que el valor estimado de Martinsa-Fadesa, unos 13 mil millones de euros, resulté ser mucho menor debido a una sobrevaloración de sus propiedades.

En el sector inmobiliario y financiero acusan a Fernando Martín de irresponsabilidad por haber comprado Fadesa a través de créditos, que hicieron imposible su supervivencia de mediano y largo plazo.

Los mismos que hace poco más de un año lo apoyaron en sus aventuras buscando los grandes dividendos que les reportaba tanto a sus empresas como a ellos mismos, hoy le dan la espalda, fingiendo desconocimiento y buena fe cuando todos los datos indican que su responsabilidad quizá sea de la misma dimensión.

Basta ver los jugosos bonos personales de decenas de millones de euros que por ser parte de este tipo de operaciones recibieron los ejecutivos de las compañías fusionadas y los directivos de los bancos que las financiaban.

La pregunta es ¿Conocían el sector financiero y las entidades de regulación las características y riesgos de las operaciones? En opinión de los españoles sí que las conocían.

Es por ello que a pesar de la crisis, el pueblo español pide al gobierno hacer oídos sordos de aquellos que claman por un rescate del sector mediante la compra gubernamental de las grandes extensiones de tierra en poder de los grandes consorcios inmobiliarios.

Los españoles invocan el dicho “que cada palo aguante su vela”, para dejar claro su rechazo al rescate de aquellos que en los momentos de bonanza obtuvieron grandes dividendos, incluso a costa de una poco clara subida en los precios de las viviendas.

Lo que sí es claro es que a la economía española la afectaron los mismos males que hoy afectan a la global: la especulación y la falta de transparencia.

Personalmente no comparto el argumento de que la crisis mundial es exclusivamente provocada por el final del ciclo expansivo que la economía global vivía desde hace más de diez años, como si se tratase de algo inevitable.

Si se analiza a detalle, en todos los países la crisis ha estado de una u otra manera relacionada con una gestión opaca tanto de las empresas directamente involucradas como del sector financiero y de las entidades públicas reguladoras.

La crisis de las subprimes en Estados Unidos de América, el fraude de 5 mi millones de euros al segundo banco francés Societe Generale, el caso de Martinsa-Fadesa y, por que no decirlo, el alto precio del barril de petróleo, tienen como común denominador una especulación encarnizada y una gestión irresponsable de aquellos que desde las trincheras gubernamentales y privadas debieran velar por la estabilidad de las economías.

Ha quedado claro que desregulación a ultranza no necesariamente significa eficiencia, pues también puede implicar anarquía, por lo que es necesario garantizar la calidad de los mecanismos de intervención y regulación del mercado para garantizar la conducción responsable de empresas con alto impacto en la economía, como lo son las instituciones financieras o las empresas que cotizan en el mercado de valores.

Termino con una frase que nos gusta mucho a los mexicanos: “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

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domingo, 20 de julio de 2008

¿Se rompe España?


Desde la caída del muro de Berlín, el mapa de Europa ha cambiado mucho y quizá lo seguirá haciendo.

La URSS dejó de existir como unidad política, surgiendo un sinnúmero de nuevos estados, de los cuales siete se encuentran en el continente europeo.

La Yugoslavia del carismático Josip Broz “Tito” cedió su lugar a seis nuevos estados oficialmente reconocidos; a los que se suma Kosovo –que declaró su independencia el 17 de febrero de este año y aún no es reconocida por muchos gobiernos.

La antigua Checoslovaquia se convirtió en las repúblicas Checa y Eslovaca.

La tendencia hacia la fragmentación continúa y afecta a estados cuya integridad territorial hasta hace pocos años no se percibía en riesgo.

En Bélgica, por ejemplo, las tensiones entre flamencos y francófonos colocaron al país al borde de la separación a finales del año 2007.

De no ser por la intervención de la diplomacia continental, el todavía vigente conflicto hubiese dejado a la Unión Europea con el nada pequeño problema de la escisión del país en donde tienen su sede la mayoría de los órganos y agencias comunitarios.

Problemas similares se presentan en la Lombardía italiana, en Escocia y en España – principalmente en el País Vasco y en Cataluña.

Es por ello que, cuando hace pocas semanas, el lehendakari –denominación que se da al titular del poder ejecutivo de la Comunidad Autónoma del País Vasco– Juan José Ibarretxe, dio a conocer su decisión de llevar a cabo una consulta pública generó un alboroto de grandes proporciones.

Con sólo dos preguntas, el político del Partido Nacionalista Vasco, puso a temblar al actual régimen constitucional español, sobretodo en lo referente a lo que se conoce como las “autonomías”.

La primera de las interrogaciones sobre las cuales se proponía consultar a los ciudadanos vascos era si están de acuerdo con un final dialogado de la violencia en caso de que ETA acepte abandonar su lucha armada.

La segunda, si lo están con una negociación entre los partidos locales sobre el “derecho a decidir” del pueblo vasco.

Sobra comentar que el “derecho a decidir” implica la posibilidad de que los habitantes del País Vasco decidan en un mediano plazo si continúan siendo parte de España o si, por el contrario, se independizan de ella.

Es importante tener bien claro que el hecho de que los vascos no apoyen a ETA y a sus métodos terroristas, no significa que no simpaticen con una mayor autonomía frente al Estado español.

Según datos de la encuesta “sociometro vasco” de este mes, el 30% de los ciudadanos de esta comunidad se oponen a la independencia de España, el 26% está a favor y el 32% decidirá su postura en función de las circunstancias.

Esto quiere decir que dos de cada tres vascos, o bien están a favor de la independencia o no la descartan del todo.

Y es que el problema de la forma de Estado no es nada nuevo en España. De hecho se presentó como uno de los más polémicos desde las discusiones previas a la aprobación de la constitución de 1978.

A finales de los años setenta, la democracia en gestación se cuestionó sobre la mejor manera para abandonar el centralismo franquista que en ese entonces imperaba.
Hasta antes de 1978 el Estado era el titular de las competencias políticas y administrativas en todos los órdenes y actuaba a través de entes cuyas competencias eran sólo administrativas y tuteladas.

Finalmente, los españoles optaron por un modelo de Estado descentralizado. Sin denominarlo expresamente como un Estado federal, en realidad es muy similar a él.
Junto a la Administración General del Estado –en México sería el gobierno federal– se crearon 17 comunidades autónomas –homologables a los 31 estados y al Distrito Federal que existen en nuestro país – y 2 ciudades autónomas, las africanas Ceuta y Melilla.

Al interior de cada comunidad autónoma, pueden existir una o varias provincias.
A su vez, con 45 millones de habitantes, existen en España 8,111 municipios. Demasiados, si consideramos que con una población de 110 millones, México tiene tres veces menos –cerca de 2,400.

Aunque en términos generales los resultados del modelo en el desarrollo español han sido muy favorables, los problemas surgidos también han sido muchos.

Como la gran mayoría de los conflictos, este tipo de tensiones también tiene su origen en cuestiones económicas.

En 1982, sólo el 15% de los recursos del gasto no financiero de la administración pública era ejercido por las comunidades autónomas y los municipios, mientras la administración central gastaba el 53% y el 32% la seguridad social.

Hoy en día esta proporción se ha invertido. La Administración General ejerce sólo el 20%, las comunidades autónomas y los municipios el 49% y la seguridad social el 31%.

El modelo de financiación del Estado ha sido duramente cuestionado. Principalmente por aquellas comunidades que contribuyen en mayor medida al presupuesto general.
El 15 de julio pasado el Ministerio de Hacienda español publicó las conocidas como “balanzas fiscales”, que no son otras cosa que el análisis de qué tanto dan o, en su caso, reciben las comunidades autónomas en relación con su aportación fiscal.

Las comunidades autónomas de Madrid, Baleares y Cataluña son las menos favorecidas. Madrid recibe un 9% menos de lo que aporta, mientras Cataluña sale perdiendo un 7%.

En el otro lado de la moneda se encuentran las comunidades autónomas de Extremadura y Asturias, que reciben casi 16% y 11% más de lo que aportan respectivamente.

Contra lo esperado, los datos arrojan que el País Vasco recibe un poco más de lo que aporta, lo que debilita uno de los argumentos que tradicionalmente se esgrimen para promover su independencia.

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domingo, 13 de julio de 2008

La memoria histórica en Ponferrada


Ponferrada es un nombre muy familiar para los pachuqueños.

Desde 1998, siendo presidente municipal el Lic. Juan Manuel Sepúlveda Fayad, Pachuca y la capital de la comarca del Bierzo, ubicada en la Comunidad Autónoma española de Castilla y León, son ciudades hermanas.

Diversas han sido las actividades que a lo largo de los casi diez años se han realizado en el marco de este hermanamiento.

La pachuqueña escuela primaria “Ciudad de Ponferrada”, financiada en gran medida por el municipio berciano, es muestra tangible de ello.

He tenido la oportunidad de constatar personalmente la enorme empatía existente entre pachuqueños y ponferradinos. La calidez, amabilidad y nobleza de estos últimos es a toda prueba.

Es por ello que atrajo particularmente mi atención la información que circuló en días pasados en España y toda Europa en relación con el dramático hallazgo que se llevó a cabo precisamente en Ponferrada.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), informó que a las afueras del barrio de Flores del Sil, perteneciente a nuestro municipio hermano, encontró los restos de una mujer de veintidós años en avanzado estado de gestación y de su hijo de tres años.

Ambos fueron asesinados en agosto de 1936, durante la guerra civil española, por un grupo perteneciente al bando franquista.

Los falangistas –autodenominación de los seguidores de Franco– habían cometido el triple homicidio para vengarse de Isaac Cabo Pérez, un sindicalista que se encontraba prófugo temiendo represalias por las ideas políticas de izquierda que él y buena parte de su familia compartían.

Los cuerpos inermes de su esposa Jerónima Blanco Oviedo y de su hijo Fernando Cabo Blanco estuvieron junto a la carretera durante varios días, lo que motivó que muchas personas que en aquellas fechas huían hacia Galicia recordaran la cruel escena.

Al cabo de tres o cuatro días fueron enterrados detrás de su casa, en donde fueron hallados los cuerpos junto con una joya en forma de crucifijo, los restos de los zapatos de ambos y un trozo del “chupón” del pequeño Fernando.

Semanas después, Isaac Cabo se entero de que los franquistas también habían asesinado a su padre, Demetrio, a su madre, Visitación; a sus hermanos, Demetrio y Victorino, y a su cuñado Salvador.

Isaac continuó combatiendo en el bando republicano, hasta que finalmente fue capturado durante la caída de la ciudad de Santander. Años después fue liberado, para ser detenido al poco tiempo.

Una vez recuperó su libertad, con la fotografía de su esposa e hijo perdidos bajo el brazo, decidió abandonar Ponferrada para irse a vivir a Pedrún del Torio, también en la Provincia de León, en donde pudo iniciar una nueva vida.

Más de sesenta años después, José Cabo de la Riva, hijo del segundo matrimonio de Isaac, localizado mediante una larga investigación, decidió donar a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica los recuerdos que conservaba de la primera familia de su padre, a la cual nunca conoció.

Relatos como éste se repiten por toda España.

Jerónima y su hijo Fernando no fueron las únicas víctimas inocentes de una guerra civil cuyas heridas, aunque cada vez en menor medida, siguen frescas en este país.
Cientos de miles de personas, principalmente civiles, murieron en el conflicto.
Tanto franquistas como republicanos perdieron y cegaron vidas injustamente.

El 31 de octubre de 2007, el partido del presidente José Luis Rodríguez Zapatero impulsó y aprobó la polémica Ley de Memoria Histórica.

Apoyada por muchos ciudadanos, también ha sido reprobada por un amplio sector de la población.

El líder del opositor Partido Popular y ex candidato a la presidencia de gobierno, Mariano Rajoy, es uno de sus más fervientes críticos.

Al respecto dice que tiene un evidente sesgo político a favor del bando republicano y que “sólo traerá líos, problemas y divisiones”.

Y es que uno de los pilares fundamentales sobre los cuales se construyó la España democrática que siguió a la muerte de Francisco Franco en 1975, fue la reconciliación nacional.

Los políticos españoles responsables de la transición de mediados de los años setenta, comprendieron muy bien las grandes resistencias y dificultades que hubiesen encontrado de haber optado por un camino que no fuera el de mirar hacia adelante.

Hay quien asegura que de no haber sido así, la transición española no hubiera sido lo “tersa” que fue o simple y sencillamente no hubiera existido.

Hoy, plenamente consolidada la democracia de España, los argumentos prácticos –que no éticos– que hacían inviable la recuperación de la memoria histórica han desaparecido.

Es difícil si no imposible pensar que el ejército o alguna fuerza política o social reaccione de manera violenta frente a la Ley de Memoria Histórica, como seguramente hubiera ocurrido a finales de los setenta y de hecho ocurrió a principio de los años ochenta.

Independientemente de bandos y de convicciones o afinidades políticas el hecho es que a lo largo y ancho de España existen muchas dudas que esclarecer y, tristemente, muchas fosas por desenterrar.

La eficacia de la polémica ley requiere, además de la voluntad política de los gobiernos central, autonómico, provincial y municipal, de una gran cantidad de recursos humanos y materiales.

El proceso que va desde la investigación documental hasta la localización y desentierro de los cuerpos en fosas comunes requiere presupuestos astronómicos que no todos los gobiernos ni los ciudadanos están dispuestos a gastar, más aún en un escenario de crisis económica.

De lo que no hay duda es que en este tema no hay blancos ni negros, sino posiciones encontradas, que no necesariamente son del todo equivocadas.

Finalmente serán los españoles y sólo ellos quienes habrán de decidir hasta dónde llegarán en la aplicación de la ley que aprobaron en 2007.
…
Nos enteramos del lamentable fallecimiento del Ing. José Antonio Tellería a través de las páginas de Internet de los medios de comunicación hidalguenses.

No tuve el gusto de tratarle personalmente, pero sí de escucharle en un par de ocasiones y de conversar con muchos de sus colaboradores, en quienes dejó una huella imborrable.

De sus palabras y de las de sus muchos amigos, me quedó clara su intención de hacer una política con una forma y un contenido diferentes a los que él consideró imperaban en aquel momento.

La presencia de servidores públicos y representantes de las diversas fuerzas políticas en el homenaje que se le rindió en la Casa Rule es muestra del privilegiado lugar que sin duda ocupará en la historia de la política hidalguense y en el corazón de muchos pachuqueños.

Para su familia, nuestro más sincero pésame y solidaridad.

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domingo, 6 de julio de 2008

El día después de la Eurocopa


Suele decirse que la derrota es huérfana mientras la victoria tiene muchos padres.

Nada más adecuado para interpretar el triunfo de España en la Eurocopa de fútbol el pasado 29 de junio ante Alemania.

Y es que el partido culminante del magnífico torneo organizado en su edición 2008 por Austria y Suiza ha tenido y seguirá teniendo diversas lecturas, la mayoría de ellas alejadas del ámbito estrictamente deportivo.

El hecho concreto es que la selección española de fútbol logró, por segunda ocasión en su historia, obtener la copa más preciada por los europeos, después de la mundial.
Hace cuarenta y cuatro años, en 1964, jugando en casa en el estadio Santiago Bernabéu, España ganó a Rusia la final de la segunda edición del denominado oficialmente Campeonato Europeo de Fútbol.

Desde aquel entonces, prácticamente todo fueron decepciones.

De las siguientes diez ediciones, España no clasificó a cuatro; en tres no paso de la primera fase; en dos – 2000 y 2004 – cayó en cuartos de final; sólo en la de 1984 hizo un buen papel, perdiendo la final contra el anfitrión Francia.

Con base en estos resultados, principalmente en las dos últimas derrotas en cuartos de final, se creó el mito popular de la “maldición” que recaía sobre la selección española.

Era tal el peso de esta falsa condena que, aunque hoy nadie quiera aceptarlo, en ninguna de las decenas de encuestas y sondeos que se efectuaron antes del primer partido del equipo nacional se otorgaba una confianza amplia a la selección.

Antes del 10 de junio pasado, no sólo nadie pensaba en la posibilidad de ganar la Eurocopa, sino que la gran mayoría estaban convencidos de que serían eliminados en los cuartos de final.

Las críticas al equipo conformado por el Director Técnico, Luis Aragonés, y a él mismo eran mayoritarias.

Se hablaba de ausencias graves en la lista de convocados, tales como la del delantero del Real Madrid, Raúl González.

Resultó cómico ver como una de las principales cadenas vendedoras de electrónica en Europa, Mediamarkt, en una muestra de mal gusto y desconfianza – que a la postre le costó varios millones de euros –, se atrevió a ofrecer a todos los clientes que compraran televisores en sus tiendas españolas la devolución del 25% de su compra si la selección pasaba a cuartos de final.

Previo al inicio del torneo, los políticos de todos los partidos hacían comentarios reservados sobre el futuro que avizoraban a su equipo. Ninguno se atrevía a pronosticar una victoria por temor a ser tomado por ingenuo.

Al final, la sorpresa llegó y veintitrés jugadores, con un promedio de edad de 26 años lograron lo que nadie creía posible.

España estalló en júbilo y celebró durante toda la madrugada el triunfo de su selección nacional.

Por las razones antes detalladas, muy pocos españoles habían previsto acudir al partido final de la Eurocopa.

Aquellos, los menos, que tuvieron la fortuna de ser invitados por alguno de los grandes patrocinadores o de contar con los 8 mil euros – 130 mil pesos – que pedían los revendedores para estar presentes en el estadio Ernst Happel de Viena, no dejaban de brincar y vitorear a su equipo.

Las calles de todas las ciudades europeas fueron prácticamente tomadas por los aficionados españoles en ellas presentes.

Desafortunadamente no tuve la oportunidad de vivir de cerca el gran festejo que se dio en Madrid. Por motivos laborales me encontraba junto con mi esposa e hijas en la ciudad de Zurich.

La sobria capital financiera de Suiza, en la que el alemán es el idioma común, cambió su rostro de suma formalidad cuando cientos de ibéricos salieron de quién sabe dónde con banderas, trompetas y todo tipo de artilugios para acompañar la fiesta que de momento improvisaron.

Inmediatamente después, las palabras llenas de incertidumbre, contadas y reservadas, fueron sustituidas por un optimismo desbordado.

Resulta que todos lo sabían y ninguno, ni siquiera por un momento, había dudado del triunfo.

“Son grandes los muchachos y su entrenador, claro está”; “no era para menos, siempre les apoyamos”, declaraban quienes cuatro días antes habían apuntado sus baterías viperinas en contra del Director Técnico Luis Aragonés, cuando se filtró que debido al vencimiento de su contrato estaba en platicas con un club turco. “Cualquier cosa que suceda será su culpa”, decían.

Hábilmente, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, no tardo en declarar que se había cerrado la “transición” del fútbol español, en alusión al mismo proceso que se llevó a cabo en el ámbito político. “Mi generación merecía un triunfo que nunca había visto en la Eurocopa”, declaró.

Lo cierto es que el triunfo que tan bien le cayó a la generación de Rodríguez Zapatero, fue conseguido precisamente por un grupo de jóvenes que no pertenece a ella.

De los veintitrés jugadores, sólo uno nació en vida del dictador Franco, que murió el 20 de noviembre de 1975; dieciocho nacieron después de haber sido aprobada por referéndum la nueva constitución democrática, el 6 de diciembre de 1978.

No se trata de una coincidencia, sino de la consolidación en el deporte más apreciado a nivel nacional e internacional de los triunfos que las nuevas generaciones de deportistas ya habían logrado en baloncesto, balonmano, jockey, triatlón, ciclismo, tenis o automovilismo.

Claro que la victoria es de los españoles en su conjunto, pues se trata de su selección nacional.

Sin embargo, es importante observar que la generación de la “democracia plena” empuja y lo hace con mucha fuerza, consiguiendo éxitos que las anteriores no habían logrado o que habiéndolo hecho en algún momento, se habían resignado a no conseguir más.

Es por ello que de todas las lecturas extra deportivas que se le han dado al triunfo en la Eurocopa me quedo con aquella que observa un cambio en la mentalidad de las nuevas generaciones, que implica nuevos modelos de pensamiento y de acción, sin dejar de escuchar la voz de la experiencia, que en este caso ejemplifica muy bien el entrenador Luis Aragonés.

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domingo, 22 de junio de 2008

El “Vía Crucis” de la licencia de manejo española

Probablemente uno de los trámites administrativos más temidos y a la vez más necesarios en España sea el de la obtención de la licencia de manejo, o más bien dicho, del permiso de conducir.

No se trata de un simple trámite de un día sino de una serie de complicados pasos que las autoridades españolas han ido construyendo para hacer cada vez más difícil obtener el permiso en cuestión e intentar garantizar con ello que quienes se encuentren frente a un volante lo hagan en las mejores condiciones posibles.

Sobretodo si consideramos que a partir del primero de mayo de 2008 las personas que conduzcan sin permiso de conducir cometen un delito contra la seguridad del tráfico.

Según el artículo 384 del nuevo Código Penal, manejar un vehículo sin contar con el carné – así le denominan comúnmente –, no habiéndolo obtenido nunca, se castiga con una pena de prisión de tres a seis meses o una multa de 12 a 24 meses y trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días.

Dado que el carné de conducir español utiliza el sistema de puntos, no escapan a estas penas aquellos que los hubiesen perdido todos por sus infracciones de tráfico.
Ésta no es la única falta del tipo que puede llevar a alguien a la cárcel.

También conllevan pena de prisión exceder en sesenta kilómetros por hora el límite de velocidad permitida en zonas urbanas y en ochenta kilómetros en carretera; superar los 0,60 miligramos de alcohol por litro de aire y los 1,2 gramos por litro de sangre; y la negativa a someterse a un control de alcoholemia.

Así las cosas, enterados de las graves consecuencias que puede ocasionar no contar con uno, los españoles y todos aquellos que necesitamos conducir en España debemos cumplir una a uno los requisitos para obtener el carné en cuestión.

Lo primero es aprobar un difícil examen teórico en el que no se pueden tener más del 10% de errores.

Cerca del 30% de quienes realizan el examen teórico no lo aprueban en su primer intento.

Es tal la amplitud, complejidad y nivel de confusión de la prueba que la mayoría de los aspirantes prefieren desembolsar un promedio de 150 euros – alrededor de dos mil quinientos pesos – y matricularse en una escuela de manejo para prepararse con entre diez y treinta días de anticipación.

El manual oficial de 224 páginas consta de quince temas con un contenido sumamente diverso: documentación, seguridad vial, mandos del vehículo, usuarios de la vía; señalización, alumbrado, la vía, velocidad y distancias; maniobras, prioridad, transporte de personas y carga, conducción segura; así como mecánica, accidentes de circulación y viajes.

Una vez se considere estar preparado para presentar la prueba teórica se deberá acudir ante un perito y pagar 30 euros para que certifique el estado psicofísico del aspirante.

Posteriormente se pagan 30 euros más a la autoescuela para que alguien más realice los trámites de inscripción ante la Dirección General de Tráfico, así como otros 80 euros por concepto de derechos para el examen.

Si se tiene la buena suerte de aprobar el examen al primer intento se deberá iniciar con las clases prácticas en la autoescuela.

No se trata sólo de saber manejar un vehículo sino de identificar diversos vicios en la conducción que la mayoría de las personas no conocemos pero sí los examinadores de la Dirección General de Tráfico, que estarán prestos para reprobar a quien se atreva a cometerlos en su presencia.

Cuando el tutor de la autoescuela considere que el alumno está preparado para presentar la prueba práctica, se pagarán otros 30 euros de trámite y otros 80 euros de derechos para la realización del examen.

Son muchas las leyendas urbanas existentes en torno al examen práctico. Lo que es un hecho es que un vehículo oficial que tiene de pasajeros a un rígido examinador, a un tutor de la autoescuela y a tres ciudadanos deseosos de obtener su permiso da para muchas historias.

En caso de aprobar este examen el aspirante tendrá derecho a que se le expida el carné de conducir, aunque no en las mismas condiciones que los conductores con mayor experiencia.

En vez de doce puntos, a los conductores noveles se le otorgarán sólo ocho. También deberán llevar un horrible letrero con una “L” en su vehículo y no podrán exceder los ochenta kilómetros por hora. La tasa permitida de alcohol será de 3/5 partes de la permitida para conductores con más años de experiencia.

Así las cosas, en el mejor de los casos, la obtención del permiso de conducir habrá costado la nada despreciable cantidad de 400 euros – casi 7 mil pesos – y por lo menos un mes de preparación.

Por cierto, a diferencia de los ciudadanos de países como Argentina, Perú o la República Dominicana; en España los mexicanos no tenemos derecho a convalidar nuestras licencias de conducir expedidas en México.

Este tema ha resultado muy polémico, pues los mexicanos residentes en España lo han solicitado, por decir lo menos, con insistencia.

El anterior Embajador de España en México, después de analizar la situación, informó que dicha convalidación era prácticamente imposible de realizar por la dificultad que implicaba que cada entidad federativa mexicana contara con la atribución de expedir licencias de manejo, lo que en la práctica se traducía en que el gobierno español tuviera que negociar con cada uno de los 31 estados y el Distrito Federal.

Es cierto, sería un trámite largo, pero plenamente justificado si se considera que España es el mayor socio comercial de nuestro país después de los Estados Unidos de América y que son muchos los mexicanos que requieren conducir en la península ibérica y en el resto de Europa.

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viernes, 20 de junio de 2008

Felipe Calderón en España: el México que otros ven


Felipe Calderón llegó a España con bombo y platillo.

Su visita de Estado no paso desapercibida, ni para la prensa internacional ni para los españoles en general.

A su alrededor se organizaron eventos de diversa índole.

No faltaron ni los ejecutivos encuentros de negocios ni los rimbombantes actos protocolarios con la monarquía y clase política española.

Pero no sólo fueron banderitas de México en el Paseo de la Castellana – la fuente de las Cibeles lucía muy bien de tricolor – o aviones de combate que escoltaron a nuestro primer mandatario desde que el avión “Presidente Juárez” ingresó al espacio aéreo español.

Los honores y atenciones que se le dieron al presidente de la república, en su calidad de jefe del Estado mexicano, dejaron claras varias cosas.

En primer lugar, que la relación entre los pueblos español y mexicano es cercana, sana y muy prometedora.

Precisamente en marzo pasado se cumplieron treinta años del reestablecimiento de las relaciones diplomáticas entre dos gobiernos cuyos habitantes jamás las habían roto.

Existe una innegable empatía, que afloró durante la visita de Felipe Calderón Hinojosa al Congreso de los Diputados español.

Cuando el presidente de dicho órgano legislativo, el socialista José Bono, recordó la recepción que en los años cuarenta México dio a cerca de 30 mil españoles que encontraron en nuestro país el refugio que requerían “por defender la libertad”; los diputados españoles respondieron con un pocas veces visto aplauso unánime, reconociendo ese gesto singular e histórico, muestra de la nobleza de nuestra nación.
En segundo lugar, que ambos países han dejado de ser meros socios comerciales, para convertirse en “aliados naturales”, tal como lo señaló el propio presidente de la república.

En un escenario de crisis internacional, las dos naciones tienen frente a sí el gran reto de crecer hacía espacios que hasta ahora no les eran naturales o se observaban lejanos.

Ni duda cabe que México es la puerta de entrada de España a América, ni que el país ibérico será el puente que nuestro país utilizará para ampliar su presencia en Europa.
Calderón dejó muy claro que su gobierno ha comprendido que la única forma de reducir nuestra altísima dependencia de la economía estadounidense es ampliar nuestros mercados, y que la Unión Europea, con acuerdo de libre comercio incluido, es en el corto y mediano plazo el lugar hacia el cual lo podemos hacer en mejores condiciones.

Lo mismo sucede con España. Le interesan tanto Iberoamérica como los Estados Unidos y Canadá.

México cuenta con una situación geográfica privilegiada y con acuerdos de libre comercio con América del sur y del norte, que lo convierten en campo fértil para invertir y producir con miras a acceder a dichos mercados.

Dudo mucho que exista otro país en Latinoamérica en donde las inversiones españolas puedan encontrar una mejor recepción. El espectáculo dado por Hugo Chávez en el marco del “por que no te callas” del Rey Juan Carlos es muestra clara de ello.

Casi 30 mil millones de euros han invertido sus empresarios en los últimos siete años, lo que convierte a España en el segundo inversor en tierras mexicanas, únicamente superado por los Estados Unidos de América.

La tercera y más importante situación que quedó clara fue que, contra lo que muchos piensan y algunos quieren hacer pensar, México es visto desde el exterior como una nación con un futuro prometedor, con un liderazgo indiscutible a nivel americano y con todo el potencial para ser jugador de “grandes ligas” en el concierto internacional.
La mayoría de los organismos internacionales privados y públicos ubican a México en la primera línea de los países en las siguientes décadas.

Los españoles lo saben, lo que quedó muy claro durante la reunión con los presidentes del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, Javier Gómez-Navarro; y de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, Gerardo Díaz-Ferrán.

Como lo he señalado en anteriores colaboraciones, tanto la población como la economía mexicanas están llamadas a colocarse muy por encima de las de muchas naciones que hoy juzgamos inalcanzables.

No por nada el presidente de la república acudió a la inauguración de la exposición universal de Zaragoza, en donde tocó a México el honor de iniciar con las actividades que durarán cerca de tres meses.

En contraparte, el tema de la seguridad pública y las reformas estructurales sin realizar, junto con la enorme desigualdad social existente, se observan como los grandes pendientes de nuestro país.

El seguimiento que a ambos temas les dan los medios de comunicación españoles y europeos es amplio y constante.

Afortunadamente, son muchos más los pros que los contras y estos últimos se enfocan más como oportunidades que como debilidades.

Esta percepción tan favorable de nuestro país debe ser, además de motivo de enorme orgullo y satisfacción, una justificación para poner manos a la obra y definir de una vez por todas el camino que habremos de tomar para enfrentar los inmensos retos que tenemos como nación.

Ubicarnos mañana ahí donde los de afuera nos sitúan hoy, requiere del consenso social suficiente para definir un rumbo conjunto y claro, que nos permita a los mexicanos saber y decidir hacía donde se dirige el barco del que todos somos parte esencial y cuál deberá ser la aportación que en lo individual y en lo colectivo habremos de realizar.

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lunes, 9 de junio de 2008

Campañas que salvan vidas


La comunicación política está muy desprestigiada últimamente.

Quizá porque no hay campaña electoral en la que no se le compare con el mismo Lucifer, o porque el innegable abuso del que ha sido objeto ha generado un natural rechazo social.

Acusar al adversario político en turno de ser fruto del marketing está de moda, vende bien.

El término mercadotecnia y todos los que se le relacionan han pasado a ocupar un lugar privilegiado en el listado de frases y palabras con una connotación negativa automática en el discurso político actual – nunca superará a la palabra “privatizar”, claro está.

Se ha generado una falsa relación entre la utilización de la mercadotecnia política y la falta de ideas y proyectos de fondo de aquel que la aplica.

Como si los que no recurren a ella o lo hacen con mal tino fuesen automáticamente visionarios hombres de Estado, y quienes sí lo hacen marionetas vacías de ideas.

La realidad es que la comunicación política cumple una función esencial en el marco de una sociedad democrática, pues no sólo comprende el ámbito electoral – quizá el más denostado – sino el de la comunicación gubernamental, entre otros.

La utilización de una adecuada estrategia en esta materia debe ser, más que una cualidad adicional o deseable, una obligación institucional; una parte vital del sistema de rendición de cuentas y un mecanismo para que la ciudadanía haga propio el proyecto o proyectos que la administración en turno lleve a cabo.

El mejor camino para desincentivar lo que se conoce como “desafección política” es precisamente una adecuada comunicación entre el gobierno y los ciudadanos a los que sirve.

La falta de una comunicación fluida con la sociedad tiene efectos negativos en la participación política, tanto convencional como no convencional.

La primera se observa en una baja participación en la urnas. La segunda, en la dificultad social para, por ejemplo, organizarse para impulsar, opinar o rechazar una acción de gobierno en particular.

Así las cosas, la comunicación política es mucho más que “propaganda” a favor de uno u otro partido o grupo en el poder.

Es difícil explicar una acción cuando uno mismo no la entiende o es el único que lo hace. Más complicado aún es justificar una serie de acciones, el proyecto, si éste no existe o no está claro.

Quizá por eso muchos gobiernos rehúyan a utilizar la comunicación política para marcar cuál es la orientación que se le intenta dar al barco cuya obligación es conducir.

Existen casos concretos que nos permiten observar con claridad los efectos positivos de la comunicación gubernamental, cuando ésta se orienta a dar buenos resultados y no a justificar la falta de ellos.

Ejemplo de lo anterior, muy sonado actualmente en toda España, son las estrategias de comunicación de la Dirección General de Tráfico, dependiente del Ministerio del Interior – comparable en México con la Secretaría de Gobernación federal.

Desde hace varios años esta dirección ha emprendido acciones específicas tendientes a reducir el número de accidentes de tráfico y los efectos de éstos en las propiedades y en la vida y salud de las personas.

Hoy mueren en España prácticamente la mitad de las personas que morían hace quince años.

En 1992 perdieron la vida en accidentes de tráfico 5,035 personas; en el año 2000, lo hicieron 4,295; el año pasado murieron 2,742 personas en accidentes de este tipo.

Muchos son los factores que explican el éxito en el trabajo de una dirección a la que antes nadie quería llegar y en cambio hoy es ampliamente reconocida por la mayoría de los españoles.

Sin lugar a dudas, uno de eso factores es la impresionante estrategia de comunicación que de manera continuada lleva a cabo.

Sus campañas gustan a muchos por su originalidad y alto impacto. Otros las rechazan por considerarlas demasiado “realistas”.

Para muestra el comercial de televisión en el que, acompañado de crudas imágenes, una persona dice: “Había tráfico pero esa moto no la vi. Juro que miré pero no la vi. Ahora en cambio la veo a todas horas. Veo ese cuerpo… no se movía… ¿Por qué no miré otra vez? Él estaría vivo… Aunque en mi caso no es grave, porque esto es sólo un anuncio y yo un actor”.

Como si la realidad de la perdida de vidas no justificara la aplicación de ingenio, creatividad y metodología para evitarla o disminuirla.

El caso es que cada año disminuye el número de muertos por accidentes de tráfico y, como los números no mienten, se han acallado las voces que clamaban por el regreso de los mensajes acartonados y tradicionales, que nadie veía y menos aún escuchaba.
Muchos no toleran el spot de radio que es parte de la campaña para conducir sin alcohol y no deja espacio para dudas: “Beber y coger el coche. Te acaban pillando tío. Y te van a quitar seis puntos, 600 euros, el carné; te pueden hasta meter en la cárcel. Te vas a matar ¿te enteras? O peor aun, vas a matar a tus colegas, a tu novia o a los hijos que aun no has tenido ¿Y después qué? ¿Vas a poder seguir viviendo como si nada?”

Porque es más fácil destruir y criticar que proponer y reconocer cuando las cosas están bien hechas o al menos cumplen su cometido.

Los spots y demás elementos de las campañas mencionadas están disponibles en el portal de internet de la Dirección General de Tráfico de España
http://www.clicknaranja.com/nopodemosconducirporti.

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domingo, 1 de junio de 2008

China e India, el futuro


Sabemos menos de China e India de lo que ellos saben de nosotros y mucho menos de lo que deberíamos saber para estar en posición de afrontar los retos y oportunidades que la creciente importancia de estos dos países nos plantea.

Lo confirmé cuando en días pasados asistí en Madrid a la serie de conferencias que se dictaron en el marco de la XIX edición del seminario internacional “El Estado Social hoy”, organizado por instituciones ampliamente reconocidas en el espectro europeo del conocimiento, como lo son la Fundación José Ortega y Gasset, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, y la Fundación Internacional para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas.

Una ponencia en particular, la ofrecida por el Doctor en Derecho y en Sociología Emilio Lamo de Espinosa, llamó ampliamente mi atención y la de los presentes, entre los que se encontraban representantes de prácticamente la mayoría de los países iberoamericanos y de muchos europeos.

Lamo de Espinosa, autor de infinidad de publicaciones y Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, dictó la conferencia “Crecimiento económico, pobreza y seguridad en la agenda internacional”.

La disertación de quien fuera director del Real Instituto Elcano y del propio Ortega y Gasset, ofreció a los asistentes una visión amplia de lo que desde su calificado punto de vista está sucediendo a nivel internacional.

Las palabras del coautor del famoso Diccionario de Sociología ayudaron a los presentes a ubicar las posteriores conferencias y debates en el marco de los fenómenos que se presentan en el campo de la geopolítica.

Este perspectiva resulta de mucha utilidad, pues de manera errónea tendemos a pensar que lo que pasa fuera de nuestro ámbito de acción o de visión no nos afecta, cuando la realidad es que los fenómenos y tendencias mundiales influyen de manera determinante en lo que sucede en nuestro continente, en nuestro país, en nuestro estado y en nuestra comunidad.

Desde este punto de vista global, Lamo de Espinosa planteó su argumento con singular claridad: estamos siendo testigos de la construcción de un nuevo orden internacional, caracterizado por una menor relevancia de Estados Unidos de América, de los países de la Unión Europea y de Japón; así como por una creciente importancia de los actuales países en vías de desarrollo, dentro de los cuales China e India juegan un papel fundamental.

Lo anterior se debe a las profundas transformaciones que han tenido lugar a partir de 1950 en cuatro aspectos básicos.

En lo político, dado que un mayor número de países democráticos implica un mayor potencial de crecimiento económico; en lo tecnológico, en virtud de que internet y un sistema global de transporte de mercancías generan una deslocalización del trabajo; en lo económico y en lo demográfico.

Respecto de los dos últimos aspectos los datos proporcionados por el destacado investigador son contundentes.

En materia económica, según el Banco Mundial, mientras que los países que más crecen entre los que se consideran desarrollados – España, por ejemplo – lo hacen a un ritmo moderado del 3% anual, las economías de las naciones asiáticas llegan al 8%.

Incluso los estados del África subsahariana se desarrollan a un promedio mayor que el mundial. América Latina es la excepción con crecimientos mínimos cercanos al 2%.
En 1975 los países emergentes generaban sólo el 40% de la producción mundial, en 2005 el 50% y en 2015 se estima que lo hagan con un 60%.

El Fondo Monetario Internacional calcula que en el año 2008 China e India contribuirán al Producto Interno Bruto mundial con el 16.8% y el 6.7%, cada uno. Mientras que Estados Unidos y los países de la Unión Europea lo harán con el 18.5% y 20.5%, respectivamente.

De las veintisiete naciones que integran la Unión Europea, la mayor economía es la de Alemania y aportará solo el 3.6% del PIB mundial en el mismo periodo.

Según datos de Pricewaterhouse en el año 2050, el tamaño de las siete principales economías emergentes – China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, México y Turquía –, conocidas comúnmente como “E7”, prácticamente será del doble de las del “G7”; que incluye a los Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá; más España, Australia y Corea del Sur.

En materia demográfica, las cifras resultan igualmente reveladoras.

De acuerdo con las Naciones Unidas, en 1950 la población mundial era de 2,500 millones de habitantes; actualmente se estima en 6,700 millones; y en el año 2050, será de unos 9,000 millones.

A pesar de lo anterior, mientras que la población de los países desarrollados prácticamente no ha crecido desde 1950 y no se espera que lo haga hasta el año 2050, el número de habitantes en los países en vías de desarrollo se ha triplicado en 2008 y se quintuplicará para el 2050.

China e India son las naciones que ofrecen los datos más significativos.

La República Popular China, que en 1950 contaba con 560 millones de habitantes, hoy cuenta con 1,300 y en el 2050 lo hará con cerca de 1,420 millones. Vale la pena recordar que en este país la ley sólo permite a las parejas tener un hijo, lo que ha disminuido drásticamente su tasa de natalidad.

La India, por su parte, ha pasado de tener una población de 370 millones en 1950 a 1,100 millones actualmente, siendo la mayor democracia del orbe. En el año 2050 será la nación más poblada del mundo, con un estimado de 1,600 millones de habitantes.

Entre ambas tendrán 3,000 millones de personas en 2050, por lo que concentrarán la tercera parte de la población mundial, como lo hacen hoy en día – México será uno de los diez países más poblados de la tierra con 147 millones de habitantes.

Tanto chinos como hindúes están aprovechado al máximo las transformaciones de las que se ha hablado y lo han hecho con modelos no del todo similares.

Los chinos se han beneficiado del fenómeno mundial de la deslocalización del denominado trabajo manual, fabril o de “cuello azul” y se han enfocado a la expansión de su industria para fabricar mercancías, mediante la utilización de mano de obra poco cualificada y la exportación.

El modelo de los hindúes es diferente. Han aprovechado la deslocalización del trabajo de oficina o de “cuello blanco” y se han orientado al sector servicios – 53.8% de su economía –, mediante la aplicación de mano de obra cualificada y el fortalecimiento gradual de su mercado interno, exportando lo que comúnmente se conoce como “software”, más que productos manufacturados.

Ejemplo del milagro hindú son las crecientes industrias de producción cinematográfica, los call centers y la “maquila” de la contabilidad de empresas multinacionales. Cuatro de las diez personas más ricas del mundo, según la revista Forbe´s, son de este país.

En los primeros nueve meses de 2007, los inversionistas hindúes se ubicaron como los más activos compradores de empresas de todo el mundo. A finales de marzo pasado, el magnate Ratan Tata anunció la adquisición de la marca Jaguar, icono automotriz ingles, anteriormente en manos de Ford Motor Company.

La expansión económica y poblacional de estas dos naciones tendrá como lógica consecuencia un incremento gradual de su clase media. Se calcula que para el año 2025, cada uno cuente con 500 millones de habitantes en esa condición, lo que significará un potencial de consumo superior al de cualquier otro país o región económica del mundo.

Ahora bien ¿Qué tiene que ver la exposición del Dr. Lamo de Espinosa con México?
Mucho, si consideramos el hecho de que nuestro país aparece como un potencial miembro de este nuevo orden mundial, tanto en lo económico como en lo demográfico.

Hago hincapié en el término potencial, porque para ubicarnos en esa posición requerimos, entre otras cosas, incrementar exponencialmente nuestros lazos con quienes ostentarán el liderazgo mundial en un futuro no muy lejano.

Cada paso que nos permita hacerlo es en sí mismo una ganancia.

Debemos empezar a sembrar y estar concientes de que los resultados no serán inmediatos. Mientras más tarde iniciemos, menores serán nuestras oportunidades.
Roma no se hizo en un día, menos aun Pekín y Nueva Delhi.

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