domingo, 5 de abril de 2009

Cumbre del G20: el cambio apenas comienza


El 2 de abril de 2009 pasará a los anales de la historia como el día en el que los líderes de las veinte economías más importantes del mundo pusieron los cimientos –sólo eso– para salir de una crisis que a punto está de convertirse en una depresión y para modificar el sistema comercial y financiero internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial mediante los acuerdos de Bretton Woods de 1945.

También deberá ser recordado como el día en que se dio el banderazo de salida para que en el menor tiempo posible y con una intensa participación de los grupos de interés ciudadanos o stakeholders, los gobiernos de los países miembros del G20 comiencen a trabajar para desarrollar todos y cada uno de los buenos deseos que con singular retórica plasmaron en la declaración final que conjuntamente emitieron el mismo 2 de abril.

Dentro de dichos acuerdos, destacan por su importancia la inyección de 1.1 billones de dólares a la economía global –750 mil millones al Fondo Monetario Internacional (FMI), 250 mil millones para reactivar el comercio y 100 mil millones para los bancos multilaterales de desarrollo–; y el combate al proteccionismo, evitando medidas de competencia desleal e impulsando la conclusión de la Ronda de Desarrollo de Doha de la Organización Mundial de Comercio.

Resultan relevantes también el pacto para dar mayor poder dentro del FMI a los países en desarrollo antes de 2011 –igual que en el caso del Banco Mundial, cuyo plazo es 2010 – y la creación del Consejo de Estabilidad Financiera “para advertir de antemano los riesgos macroeconómicos y financieros y sobre las medidas necesarias para superarlos” –es triste saber que no existía uno–.

En materia de regulación, los miembros del G20 establecieron las bases para un nuevo sistema normativo de las instituciones financieras, incluyendo los fondos de inversión de riesgo o “Hedge funds”, las agencias calificadoras, las remuneraciones y compensaciones de los ejecutivos, y el establecimiento de nuevos criterios de contabilidad.

Una de las medidas más populares de las tomadas en Londres fue el establecimiento de sanciones contra los paraísos fiscales que figuren en la lista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pues según consta en la declaración de la cumbre del G20 “la época del secreto bancario ha llegado a su fin”.

Quizá por ello el presidente francés, Nicolas Sarkozy, aseguró tajante que la cumbre del G20 acordó "la reforma más profunda del sistema financiero desde 1945".

Sin embargo, aunque los recursos comprometidos son sumamente importantes –para dimensionarlos basta decir que el Producto Interno Bruto de México o España fue en 2007 similar a esta suma, cerca de 1.2 billones– y en principio los acuerdos alcanzados son bastante razonables, aún falta mucho para cantar victoria.

Y es que pensar que de un plumazo los líderes del G20 acabaron con la crisis económica mundial sería irresponsable y poco realista. Más ingenuo aún sería suponer que la declaración final de veintinueve puntos por sí misma será suficiente para evitar que dicha crisis se repita.

Para no cometer dicho error es importante distinguir entre las medidas de corto alcance y aquellas cuyo enfoque es de largo plazo. Esta distinción es útil y nos permite comprender una de las principales tensiones que se suscitaron antes, durante y después de una cumbre que duró apenas unas horas: mientras los Estados Unidos y el Reino Unido tenían como principal prioridad el establecimiento de acciones para estimular la economía y “salir del hoyo” lo antes posible, los países europeos, principalmente Alemania y Francia, enfocaron sus baterías hacia medidas más estructurales y de largo plazo.

Esta doble visión, con un ojo puesto en la resolución inmediata de la recesión mundial y el otro en la “post crisis”, está plasmada en el documento final y constituye el gran riesgo y la gran oportunidad de la declaración del G20. Es lo suficientemente amplia para construir –o más bien, reconstruir– un nuevo sistema económico global y tan ambigua como para que al cabo de los años, superada la crisis de corto plazo, los acuerdos tomados se conviertan en letra muerta, en espera de ser desempolvados cuando llegue el siguiente crac mundial.

Es necesario mirar con ojos críticos el documento final de la cumbre de Londres y comprender que, además de no abordar temas sustanciales, gran parte de los acuerdos tomados por el G20 requieren de un trabajo posterior, cuya conclusión en muchos casos puede llevar años.

Mientras temas como el cambio climático, el desempleo o el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron abordados con una vaguedad preocupante, los “grandes” acuerdos de la cumbre no cuentan con la especificidad suficiente para determinar su alcance y estar en posición de evaluar su cumplimiento.

Muchos de los acuerdos requieren cambios legislativos en cada uno de los países firmantes de la declaración. Las reformas al sistema bancario, por ejemplo, son en realidad una modificación coordinada de las regulaciones nacionales en la materia. Incluso los 1.1 billones de dólares comprometidos no cuentan hasta la fecha con la suficiente claridad para saber quién los aportará. Lo mismo sucede con las sanciones a los paraísos fiscales y con el Consejo de Estabilidad Financiera, cuyas competencias están aún por definirse.

En virtud de lo anterior, para potenciar la visión de largo plazo, recuperar los temas que fueron dejados de lado y profundizar en aquellos abordados pero que requieren de un trabajo futuro, es necesaria la ciudadanización de la agenda de Londres y una movilización de los grupos de interés con presencia local, nacional e incluso mundial. Algo tan importante no puede ser dejado sólo en manos de los tiempos políticos que, por definición, suelen privilegiar el corto plazo aun en contra de sacrificar el futuro.
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viernes, 3 de abril de 2009

Cumbre del G20 en Londres: Declaración final


1. Nosotros, los líderes del Grupo de los Veinte, nos hemos reunido en Londres el 2 de abril de 2009.

2. Nos enfrentamos al mayor reto para la economía mundial de la era contemporánea; una crisis que se ha agravado desde que nos reunimos la última vez, que afecta a la vida de las mujeres, hombres y niños de todos los países y todos los países deben aunar esfuerzos para resolverla. Una crisis global exige una solución global.

3. Partimos de la creencia de que la prosperidad es indivisible; de que el crecimiento, para que sea constante, tiene que ser compartido; y de que nuestro plan global para la recuperación debe centrarse en las necesidades y los puestos de trabajo de las familias que trabajan con ahínco, no sólo en los países desarrollados, sino también en los mercados incipientes y en los países más pobres del mundo; y debe reflejar los intereses no sólo de la población actual, sino también de las generaciones futuras. Creemos que el único cimiento sólido para una globalización sostenible y una prosperidad creciente para todos es una economía mundial abierta basada en los principios de mercado, en una regulación eficaz y en instituciones globales fuertes.

4. Por tanto, hoy nos hemos comprometido a hacer lo que sea necesario para: restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reformar nuestras instituciones financieras internacionales para superar esta crisis y evitar crisis futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; y construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible.

Si actuamos conjuntamente para cumplir estas promesas, sacaremos a la economía mundial de la recesión y evitaremos que vuelva a producirse una crisis como ésta en el futuro.

5. Los acuerdos que hemos alcanzado hoy constituyen un programa adicional de 1,1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial. Las meiddas son las siguientes: triplicar los recursos a disposición del FMI hasta los 750.000 millones de dólares; apoyar una nueva partida de Derechos Especiales de Giro (DEG) de 250.000 millones de dólares y al menos 100.000 millones de dólares en préstamos adicionales por parte de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD); garantizar 250.000 millones de dólares de apoyo para la financiación del comercio; y utilizar los recursos adicionales de las ventas de oro acordadas por el FMI para la financiación concesional de los países más pobres.
Junto con las medidas que hemos tomado cada uno en el plano nacional, esto constituye un plan global para la recuperación a una escala sin precedentes.

Restaurar el crecimiento y el empleo
6. Vamos a emprender una ampliación fiscal concertada y sin precedentes, que salvará o creará millones de empleos que de otro modo se habrían destruido y que, para finales de año, representará 5 billones de dólares, elevará la producción en un 4% y acelerará la transición hacia una economía ecológica. Nos hemos comprometido a proporcionar la escala de apoyo fiscal sostenido necesaria para reactivar el crecimiento.

7. Nuestros bancos centrales también han tomado medidas excepcionales. Se han reducido los tipos de interés de forma radical en la mayoría de los países y nuestros bancos centrales han prometido mantener políticas de expansión durante el tiempo que sea necesario y utilizar toda la gama de instrumentos de política monetaria, incluidos los instrumentos poco convencionales, que estén en concordancia con la estabilidad de precios.

8. Nuestras medidas para restablecer el crecimiento no darán resultado hasta que no restauremos el préstamo interno y los flujos internacionales de capital. Hemos proporcionado un apoyo significativo y extenso a nuestros sistemas bancarios para dar liquidez, recapitalizar las instituciones financieras y abordar con decisión el problema de los activos afectados. Nos hemos comprometido a tomar todas las acciones necesarias para restablecer el flujo normal del crédito a través del sistema financiero y garantizar la solidez de las instituciones sistémicamente importantes, aplicando nuestras políticas en concordancia con el marco acordado por el G-20 para restablecer los préstamos y reparar el sector financiero.

9. En conjunto, estas acciones constituirán el mayor estímulo fiscal y monetario y el programa de apoyo más extenso para el sector financiero de los últimos tiempos. Actuar conjuntamente refuerza el impacto y las medidas políticas excepcionales anunciadas hasta la fecha deben llevarse a la práctica sin demora. Hoy hemos acordado 1 billón de dólares más de recursos adicionales para la economía mundial a través de nuestras instituciones financieras internacionales y la financiación del comercio.

10. El mes pasado, el FMI calculó que se reanudaría el crecimiento mundial en términos reales y superaría el 2% para finales de 2010. Confiamos en que las acciones que hemos acordado hoy y nuestro compromiso inquebrantable de cooperar para restablecer el crecimiento y el empleo, al tiempo que preservamos la sostenibilidad fiscal a largo plazo, acelerará la vuelta a un crecimiento positivo. Hoy nos comprometemos a llevar a cabo cualquier acción que sea necesaria para asegurar este resultado e instamos al FMI a evaluar periódicamente las acciones emprendidas y las acciones globales necesarias.

11. Estamos decididos a garantizar la sostenibilidad fiscal a largo plazo y la estabilidad de precios y pondremos en marcha estrategias de salida creíbles frente a las medidas que se han de tomar ahora para apuntalar el sector financiero y restablecer la demanda global. Estamos convencidos de que si aplicamos las políticas que hemos acordado, limitaremos los costes a largo plazo de nuestras economías y, por tanto, reduciremos la escala de la consolidación fiscal necesaria a largo plazo.

12. Llevaremos a cabo todas nuestras políticas económicas en colaboración y de manera responsable en lo que respecta a su impacto para otros países. Nos abstendremos de una devaluación competitiva de nuestras monedas y fomentaremos un sistema monetario internacional estable y en buen funcionamiento. Apoyaremos, ahora y en el futuro, la supervisión sincera, equilibrada e independiente por parte del FMI de nuestras economías y nuestros sistemas financieros, de las repercusiones de nuestras políticas para los demás y de los riesgos a los que se enfrenta la economía global.

Fortalecimiento de la supervisión y la regulación financieras
13. Los grandes fallos en el sector financiero y en la regulación y la supervisión financieras fueron causas fundamentales de la crisis. La confianza no se recuperará hasta que no reconstruyamos la confianza en nuestro sistema financiero. Tomaremos medidas para crear un marco supervisor y regulador más fuerte y globalmente más coherente para el futuro sector financiero, que apoye un crecimiento mundial sostenible y cubra las necesidades de empresas y ciudadanos.

14. Cada uno de nosotros acuerda garantizar que establecerá unos sistemas reguladores fuertes. Pero también estamos de acuerdo en establecer una mayor coherencia y una cooperación sistemática entre países, y el marco de criterios elevados acordados internacionalmente que un sistema financiero mundial requiere. El fortalecimiento de la regulación y de la supervisión debe promover el decoro, la integridad y la transparencia; proteger frente al riesgo en todo el sistema financiero; amortiguar en lugar de amplificar el ciclo financiero y económico; reducir la dependencia de fuentes de financiación indebidamente arriesgadas; y desincentivar la excesiva asunción de riesgos. Los reguladores y los supervisores deben proteger a los consumidores y a los inversores, apoyar la disciplina de mercado, evitar impactos perjudiciales en otros países, reducir el alcance del arbitraje regulador, fomentar la competencia y el dinamismo, y mantenerse al día con las innovaciones del mercado.

15. Con este fin estamos aplicando el Plan de Acción acordado en nuestra última reunión, tal como se establece en el informe de evolución adjunto. Hoy también hemos emitido una Declaración, El fortalecimiento del sistema financiero. En concreto, acordamos:

-Establecer un nuevo Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) con mayores competencias, como sucesor del Foro de Estabilidad Financiera (FSF), que incluya todos los países del G-20, los miembros del FSF, España, y la Comisión Europea;

-Que el FSB deberá colaborar con el FMI para advertir de antemano los riesgos macroeconómicos y financieros y sobre las medidas necesarias para superarlos;

-Remodelar nuestros sistemas reguladores de modo que nuestras autoridades puedan detectar y tomar en cuenta los riesgos;

-Ampliar la regulación y la vigilancia a todas las instituciones, los instrumentos y los mercados financieros sistémicamente importantes. Esto incluirá, por primera vez, a fondos de cobertura sistémicamente importantes.

-Respaldar y aplicar los nuevos y estrictos principios del FSF sobre remuneración y compensación y apoyar los planes de compensación sostenibles y la responsabilidad social corporativa de todas las empresas.

-Tomar medidas, una vez asegurada la recuperación, para mejorar la calidad, la cantidad y la coherencia internacional del capital en el sistema bancario. En el futuro, la regulación debe impedir un endeudamiento excesivo y exigir la acumulación de reservas de recursos en momentos de prosperidad;

-Tomar medidas contra las jurisdicciones no cooperativas, incluidos los paraísos fiscales. Estamos dispuestos a desplegar sanciones para proteger nuestras finanzas públicas y nuestros sistemas financieros. La era del secreto bancario se ha acabado. Señalamos que la OCDE ha publicado hoy una lista de países evaluados por el Foro Mundial de acuerdo con la norma internacional para el intercambio de información fiscal;

-Solicitar a los encargados de establecer las normas contables que colaboren urgentemente con supervisores y reguladores para mejorar los criterios de valoración y provisión, y alcanzar un conjunto de normas contables mundiales de alta calidad;
-Ampliar la supervisión y el registro regulador a las Agencias de Calificación de Crédito para garantizar que cumplen el código internacional de buenas prácticas, en especial para impedir conflictos de interés inaceptables.

16. Ordenamos a nuestros ministros de Finanzas que completen la aplicación de estas decisiones de acuerdo con el calendario establecido en el Plan de Acción. Hemos pedido al FSB y al FMI que hagan un seguimiento de la evolución, trabajando con el Grupo de Trabajo de Acción Financiera y otros organismos pertinentes, y que presenten un informe en la siguiente reunión de nuestros ministros de Finanzas que se celebrará en Escocia en noviembre.

Fortalecimiento de nuestras instituciones financieras mundiales
17. Los nuevos mercados y los países en vías de desarrollo, que han sido el motor del reciente crecimiento mundial, afrontan también ahora retos que se suman a la actual recesión de la economía mundial. Para la confianza mundial y la recuperación económica es imperativo que sigan recibiendo capital. Esto exigirá un reforzamiento considerable de las instituciones financieras internacionales, en especial el FMI. Por lo tanto, hoy hemos acordado aportar 850.000 millones de dólares de recursos adicionales a las instituciones financieras mundiales para respaldar el crecimiento en los nuevos mercados y en los países en vías de desarrollo, mediante la financiación del gasto contracíclico, la recapitalización bancaria, infraestructuras, la financiación del comercio, el apoyo a la balanza de pagos, la refinanciación de deudas, y el apoyo social. Con este fin:

- Hemos aceptado aumentar los recursos de los que dispone el FMI mediante la aportación inmediata por parte de los miembros de 250.000 millones, posteriormente incorporados a unos Nuevos Acuerdos de Préstamo ampliados y más flexibles, incrementados en unos 500.000 millones de dólares, y considerar la solicitud de préstamos en el mercado si fuese necesario; y

-Apoyamos un aumento considerable del préstamo, de al menos 100.000 millones, por parte de los Bancos de Desarrollo Multilaterales (BDM), incluso a países de rentas bajas, y garantizamos que todos los BDM tendrán el capital adecuado.

18. Es esencial que estos recursos puedan usarse de manera eficaz y flexible para fomentar el crecimiento. A este respecto acogemos favorablemente el progreso que ha hecho el FMI con su nueva Línea de Crédito Flexible (LCF) y su marco de préstamo y condiciones reformado, que permitirá al Fondo garantizar que sus recursos abordan con eficacia las causas subyacentes de las necesidades financieras de la balanza de pagos de los países, en especial la retirada de los flujos de capital externo a la banca y a los sectores corporativos. Apoyamos la decisión de México de solicitar un acuerdo de LCF.

19. Hemos acordado apoyar una asignación general de Derechos Especiales de Giro que inyectará 250.000 millones de dólares a la economía mundial y aumentará la liquidez global, y la urgente ratificación de la Cuarta Enmienda.

20. Para que nuestras instituciones financieras contribuyan a paliar la crisis y a prevenir crisis futuras debemos fortalecer su trascendencia, su eficacia y su legitimidad a más largo plazo. Por ello, junto con el aumento significativo de los recursos acordado hoy, estamos decididos a reformar y modernizar las instituciones financieras internacionales para garantizar que puedan ayudar de forma eficaz a los miembros y a los accionistas en los nuevos desafíos a los que se enfrentan. Modificaremos sus competencias, su alcance y su gestión para que reflejen los cambios en la economía mundial y los nuevos desafíos de la globalización, y para que las economías emergentes y en vías de desarrollo, incluso las más desfavorecidas, tengan más voz y representación. Esto debe ir acompañado de medidas para incrementar la credibilidad y la responsabilidad de las instituciones a través de una mejor supervisión estratégica y toma de decisiones. Para ello:

-Nos comprometemos a aplicar el plan de la cuota del FMI y a manifestar las reformas acordadas en abril de 2008 y a apelar al FMI para que complete la siguiente revisión de cuotas en enero de 2011;

-Acordamos que, además de esto, debería tenerse más en cuenta una mayor participación por parte de los Gobernadores del Fondo a la hora de aportar una dirección estratégica al FMI y aumentar su obligación de rendir cuentas;

-Nos comprometemos a implementar las reformas del Banco Mundial acordadas en octubre de 2008. Esperamos nuevas recomendaciones en las próximas reuniones sobre reformas en cuestiones de voz y representación con un calendario acelerado, para ser acordadas en las Reuniones de Primavera de 2010;

-Acordamos que los directores y las cúpulas directivas de las instituciones financieras internacionales deberán ser elegidos a través de un proceso de selección abierto, transparente y basado en los méritos;

-En la línea de las actuales revisiones del FMI y del Banco Mundial hemos pedido al Presidente que, de forma conjunta con los Ministros de Finanzas del G- 20, mantenga consultas exhaustivas dentro de un proceso inclusivo y nos comunique en la próxima reunión las propuestas para otras posibles reformas para mejorar el grado de adecuación y adaptabilidad de los IFI.

21. Además de reformar nuestras instituciones financieras internacionales para adecuarlas a los nuevos desafíos de la globalización, acordamos la conveniencia de un nuevo consenso global sobre los valores esenciales y los principios que fomentarán una actividad económica sostenible. Apoyamos el debate sobre dicha carta para el desarrollo de una actividad económica sostenible con vistas a ampliar el tema en nuestra siguiente reunión. Tomamos nota del trabajo iniciado en otros foros en relación a ello y esperamos debatir más sobre esta carta para una actividad económica sostenible.

Resistir al proteccionismo y promover el comercio y la inversión mundiales
22. El crecimiento del comercio mundial ha sostenido una prosperidad cada vez mayor durante medio siglo. Pero ahora está cayendo por primera vez en 25 años. El descenso de la demanda se ve agravado por el aumento de las presiones proteccionistas y por el retroceso del crédito al comercio. Reafirmar el comercio y la inversión mundiales es esencial para restaurar el crecimiento global. No repetiremos los errores históricos del proteccionismo de eras anteriores. Para ello:

-Reafirmamos el compromiso asumido en Washington: abstenernos de levantar nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios, de imponer nuevas restricciones, o de aplicar medidas incoherentes de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para estimular las exportaciones. Además, rectificaremos sin demora cualquiera de dichas medidas. Aplazamos este compromiso hasta finales de 2010;

-Minimizaremos cualquier impacto negativo para el comercio y la inversión de nuestras acciones de política interior incluyendo la política fiscal y las medidas de apoyo al sector financiero. No nos refugiaremos en el proteccionismo financiero y especialmente en medidas que limiten el movimiento de capitales, especialmente hacia los países en vías de desarrollo;

-Notificaremos sin demora a la OMC cualquier medida de ese tipo y pediremos a la OMC que, junto con otros organismos internacionales, dentro de sus respectivas competencias, controle nuestra adherencia a dichas promesas e informe públicamente sobre ella con carácter trimestral;

-Tomaremos, al mismo tiempo, todas las medidas que estén en nuestra mano para fomentar y facilitar el comercio y la inversión;

-Garantizaremos la disponibilidad de al menos 250.000 millones de dólares durante los próximos dos años para apoyar la financiación de operaciones comerciales a través de nuestro crédito a la exportación y agencias de inversión y a través de los Bancos Multilaterales de Desarrollo. También pedimos a nuestros reguladores que hagan uso de la flexibilidad disponible en los requerimientos de capital para la financiación del comercio.

23. Seguimos comprometiéndonos a alcanzar una conclusión ambiciosa y equilibrada para la Ronda de Desarrollo de Doha, urgentemente necesaria. Eso podría suponer un estímulo para la economía mundial de al menos 150.000 millones de dólares al año. Para conseguirlo, nos comprometemos a continuar en la línea del progreso ya realizado, también en lo que respecta a las modalidades.

24. Aportaremos un punto de vista y una atención política renovados a este tema fundamental en el próximo período y utilizaremos nuestro trabajo continuado y todas las reuniones internacionales necesarias para impulsar el progreso.

Garantizar una recuperación justa y sostenible para todos
25. Estamos decididos no sólo a restaurar el crecimiento, sino también a establecer las bases de una economía mundial justa y sostenible. Reconocemos que la crisis actual tiene un impacto desproporcionado para los más vulnerables en los países más pobres y reconocemos nuestra responsabilidad colectiva para mitigar el impacto social de la crisis y minimizar los daños a largo plazo que pueda sufrir el mundo. Con este fin:

-Reafirmamos nuestro compromiso histórico de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio y cumplir las promesas de nuestras respectivas ayudas oficiales al desarrollo, incluidos los compromisos referidos a la ayuda al comercio, la condonación de la deuda y los acuerdos de Gleneagles, especialmente en relación con el África subsahariana; -las acciones y decisiones que hemos acordado hoy proporcionarán un fondo de 50.000 millones de dólares destinado a apoyar la protección social, impulsar el comercio y salvaguardar el desarrollo en los países con pocos recursos, como parte de un aumento significativo de la ayuda en tiempos de crisis a estos y otros países en vías de desarrollo y mercados emergentes;

-Vamos a hacer que estén disponibles recursos destinados a la protección social en los países más pobres, entre otras cosas mediante la inversión en la seguridad alimentaria a largo plazo y las contribuciones bilaterales voluntarias al fondo de vulnerabilidad del Banco Mundial, incluidos el Fondo para la Respuesta Social Rápida y la Herramienta para las Crisis de Infraestructuras;

-Hemos acordado, de forma consecuente con el nuevo modelo de ingresos, que se usarán recursos adicionales procedentes de ventas pactadas de oro del FMI, junto con ingresos procedentes de excedentes, para proporcionar una financiación adicional, privilegiada y flexible de 6.000 millones de dólares a los países más pobres durante los dos o tres próximos años. Hacemos un llamamiento al FMI para que presente propuestas concretas en las reuniones de primavera;

-Hemos acordado revisar la flexibilidad del Marco de Sostenibilidad de la Deuda y pedir al FMI y al Banco Mundial que informen al Comité Monetario y Financiero Internacional y al Comité de Desarrollo en las reuniones anuales; y

-Hacemos un llamamiento a la ONU para que, trabajando de forma conjunta con otras instituciones mundiales, establezca un mecanismo eficaz para supervisar el impacto de la crisis sobre los más pobres y vulnerables.

26. Reconocemos la dimensión humana que tiene la crisis. Nos comprometemos a apoyar a aquellos afectados por la crisis mediante la creación de oportunidades de empleo y mediante medidas de apoyo a los ingresos. Construiremos un mercado laboral justo y favorable para las familias, hombres y mujeres. Agradecemos por ello los informes de la Conferencia sobre Trabajo de Londres y la Cumbre Social de Roma y los principios clave que ambas han propuesto. Apoyaremos el empleo estimulando el crecimiento, la inversión en educación y la formación, y mediante políticas activas para el mercado laboral centradas en los más vulnerables. Hacemos un llamamiento a la Organización Mundial del Trabajo para que, trabajando con otras organizaciones competentes, haga una valoración sobre las medidas tomadas y las que sean necesarias para el futuro.

27. Hemos acordado hacer el mejor uso posible de las inversiones financiadas por los programas de estímulo fiscal, con el objetivo de construir una recuperación resistente, sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Llevaremos a cabo una transición hacia unas tecnologías e infraestructuras limpias, innovadoras, poco contaminantes y que usen eficazmente los recursos. Animamos a las instituciones para el desarrollo a que contribuyan con todos sus esfuerzos al logro de este objetivo. Estableceremos más medidas para la construcción de economías sostenibles y trabajaremos juntos en ellas.

28. Reafirmamos nuestro compromiso de afrontar la amenaza del cambio climático irreversible, basándonos en el principio de las responsabilidades compartidas pero diferenciadas, y de alcanzar un acuerdo en la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático que se celebrará en Copenhague en Diciembre de 2009.

Cumplimiento de nuestros compromisos
29. Nos hemos comprometido a trabajar juntos con urgencia y determinación para transformar estas palabras en hechos. Hemos acordado reunirnos de nuevo antes de que finalice este año para comprobar la evolución de nuestros compromisos.

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miércoles, 1 de abril de 2009

Cumbre del G20. Sistema económico requiere una "gran reforma": encuesta mundial



Una "gran reforma" del sistema económico internacional es necesaria para resolver la crisis actual, según una nueva encuesta mundial aplicada a más de 29.000 personas llevada a cabo por el BBC World Service.

Mientras los líderes del G20 se preparan para reunirse esta semana en Londres, el 70 por ciento de las personas de los 24 países encuestados por GlobeScan piensan que se necesitan "grandes cambios" en la forma en que la economía mundial camina actualmente. Sólo el 4 por ciento no cree se necesitan cambios significativos.

La mayoría en casi todos los países - 68 por ciento en promedio - también ve la necesidad de cambios importantes en sus propias economías.

De los 24 países encuestados 15 forman parte del G20, y en estos países el 65 por ciento cree que son necesarios grandes cambios en el sistema económico internacional, mientras que el 62 por ciento ve la necesidad de cambios importantes en sus respectivos países.

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domingo, 29 de marzo de 2009

Hugo Sánchez en el Bernabéu


En días pasados tuve la ocasión de acudir al estadio Santiago Bernabéu. Mi primo Ignacio, quien visitaba Madrid antes de partir a la famosa feria de la industria del plástico de Milán, me había pedido con sobrada anticipación que hiciera lo posible por conseguir entradas para asistir a un partido del Real Madrid.

Seguidor de los Tuzos igual que yo –antes lo fue de Pumas, pero en cuanto casó con mi prima la aplastante mayoría familiar le hizo cambiar de opinión–, Ignacio quería vivir en carne propia un encuentro de uno de los clubes más populares de España y del mundo. Sin duda, el “merengue” pertenece a ese selecto grupo de equipos en cuyas filas militan o han militado los más famosos jugadores del globo.

Así las cosas, nos dispusimos a acudir al partido Real Madrid–Almería. Los de casa se encontraban esperando el milagroso error del líder Barcelona, que les aventaja a sólo seis puntos –como se ha comentado en otras ocasiones en España no hay liguilla y el título se lo adjudica la escuadra que al final de la temporada cuente con mayor puntaje–. Los visitantes se ubicaban a media tabla con una tendencia cada vez más favorable, dado que pasaron del lugar 16 al 12 en sólo once jornadas.

Aunque, por la disparidad entre ambos equipos, a primera vista el juego no prometía ser el mejor de la temporada, Ignacio y yo tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia que personalmente calificaría como única y sumamente satisfactoria.

Y es que desde diciembre de 2008 el entrenador del equipo Almería es nuestro compatriota Hugo Sánchez, quien regresaba al estadio en el que cosechó muchas de sus grandes glorias.

Sé que Sánchez es un hombre polémico. Tanto en México como en el extranjero sus comentarios causan revuelo. Desde que tengo memoria su vida y obra han sido objeto de las más candentes discusiones. Todos, expertos y quienes no lo somos, hemos emitido nuestra opinión sobre el futbolista que más satisfacciones ha dado a nuestro país.

Se dice que a Hugo o se le ama o se le odia. Como pudimos comprobar Ignacio y yo, muchos de los casi 80 mil asistentes al estadio pertenecen al primero de los grupos.

Desde que llegamos al Santiago Bernabéu se anunciaba la presencia de “Hugol” en el encuentro. La publicación oficial del Real Madrid, “Grada Blanca”, contaba entre sus páginas con varios artículos al respecto. Los encabezados rezaban: “Hugo Sánchez contra el Real Madrid”; “Hugo Sánchez debuta en el Santiago Bernabéu como entrenador en partido oficial” y “La vuelta del macho mexicano”.

En sus siete temporadas como jugador del Real Madrid –1985 a 1992–, Hugo Sánchez marcó 251 goles, que le valieron para ayudar a su equipo a obtener cinco Ligas, una Copa de la UEFA, una Copa del Rey y dos Supercopas. Consiguió para sí cuatro títulos como máximo goleador de la liga española, “pichichis”, –ya había obtenido uno con el Atlético de Madrid– y un “botín de oro” como mejor a nivel europeo.

Al iniciar el partido, cuando el sonido local presentó las alineaciones de las escuadras, destacaron los aplausos al director técnico del rival de los de casa. Hugo, sin inmutarse, se dedicó a hacer su trabajo.

El juego se desenvolvió conforme a lo esperado. Pronto, un contundente Real Madrid aventajó a los andaluces, que no cesaban en el esfuerzo y sin lograr concretar llegaron en varias ocasiones a una portería que parecía “blindada” contra cualquier ataque.

Al medio tiempo llegó lo mejor del partido. Desafortunadamente no para el Almería, que recibió un par de goles, pero sí para Hugo Sánchez y para los mexicanos que estábamos en el estadio.

Poco después de iniciado el segundo tiempo, la Barra Ultra Sur –una de las de mayor tradición y quizá la más vistosa y “dura” de las pocas con las que cuentan los madridistas– sacó una fotografía monumental en blanco y negro del director técnico del equipo al que aventajaban. La imagen de un Hugo Sánchez veinte años más joven se alcanzaba a apreciar desde todos los rincones del estadio.

Minutos después, el Santiago Bernabéu retumbaba bajo el grito “Hugo, Hugo, Hugo”.
Por doquier, niños, jóvenes y viejos con la camiseta del Real Madrid, vitoreaban al mexicano que –supongo– hacía un esfuerzo sobrehumano para concentrarse en su papel de técnico rival y no caer rendido ante la afición adversaria que lo vitoreaba.

Atrás quedaron los años en los que el mexicano tuvo que luchar contra viento y marea para ganarse un espacio en el Atlético de Madrid, al que ingresó en 1981. También la difícil recepción que la afición –que hoy lo vitoreaba– le otorgó cuando el equipo merengue lo fichó en 1985.

Hugo Sánchez hizo a un lado las dudas y los prejuicios, y pasó a ser considerado el mejor jugador mexicano de todos los tiempos y el mejor futbolista de América del Norte y América Central del Siglo XX, según la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Futbol).

Quizá por eso, porque nos hizo pasar un gran momento lejos de casa, porque lucho contra sí mismo y nos dio tantas satisfacciones; sus paisanos que lo veíamos desde el primer anfiteatro fondo norte del Bernabéu, olvidamos las consabidas polémicas nacionales sobre su persona y, al grito de “Hugo, Hugo, Hugo”, agregamos el de “Viva México…españoles”.

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viernes, 27 de marzo de 2009

Bernardo Kliksberg: AIG y el colmo de la irresponsabilidad


¿Cuál es la formación ética que se da en los programas de preparación de altos ejecutivos o MBA´s?
Malestar creciente sobre los bonus de los altos ejecutivos

(Desde Nueva York) EL PRESIDENTE OBAMA SE HA caracterizado por su serenidad y calma. La perdió estos días frente a los 168 millones de dólares en bonos pagados a los ejecutivos de la aseguradora AIG con fondos que aporto el Estado para que no quebrara. Fue la segunda vez en breve tiempo en que califico duramente esos comportamientos. Poco antes, reunió a los periodistas. Les refirió que los ejecutivos de las organizaciones financieras de Wall Street –beneficiarias, en su mayoría, de los paquetes de salvataje– habían cobrado, en el 2008, bonos por 18.400 millones de dólares. No ahorró adjetivos: Es el colmo de la irresponsabilidad. Es vergonzoso. Exigió al sector privado norteamericano que se autoimpusiera moderación, disciplina y sentido de la responsabilidad. No era demagogia. Estaba reflejando la ira masiva de la ciudadanía ante esta cultura corporativa.


Poco antes, Dick Fuld, presidente de Lehman Brothers, compareció ante el Congreso. Llevó a la quiebra a un banco de 150 años. Cobro 255,9 millones de dólares de 1998 a 2007. Nicholas Kristof destacó en The New York Times que percibía 17.000 dólares por hora. Dos mil veces más que el sueldo mínimo, de 8,25 dólares. La revista New Yorker refirió que viajaba a su oficina en helicóptero desde cada una de sus cinco casas. La que más utilizaba tenía 20 habitaciones, ocho dormitorios, piscina y canchas de tenis y de squash. En la interpelación que le hizo el Congreso, el Representante Waxman le preguntó: ¿Es esto juego limpio?.

50 VECES EL PRECIO DE BUSINESS

Los tres presidentes de las mayores empresas automovilísticas fueron interpelados en el Congreso por su pedido de ayudas extraordinarias. La primera pregunta no fue financiera, sino muy práctica: en qué habían llegado de Detroit a Washington DC. Lo habían hecho en sus jets privados. Un viaje que costaba 50 veces el precio de un pasaje business.

El despido del presidente de Merrill Lynch, John Thain, causó sensación. El procurador general de Nueva York, Andrew Cuomo, abrió investigaciones para saber por qué a pesar de que la empresa había sido vendida a otra había hecho en el último momento pagos adelantados de bonos por 4.000 millones de dólares. Mientras recortaba puestos en la empresa, hizo redecorar su oficina por valor de 1.200.000 dólares. Ello incluyó desde una cómoda de 35.000 dólares y un par de sillones de 87.000 hasta un cesto de 1.500 dólares. Las historias continúan.

LOS PARACAÍDAS DE ORO

Los norteamericanos protestan por las disparidades más entre los altísimos ingresos de los ejecutivos y su pobrísima performance, y las groseras brechas entre esos ingresos y los sueldos promedios de la economía. También se quejan por los paracaídas de oro, las indemnizaciones multimillonarias que se fijaron en caso de despido.

Consideraciones básicas –no ya sólo morales, sino también pragmáticas– les exigían otro comportamiento. ¿Qué ocurrió?

Entre otras causas la combinación de lo que Obama llamó codicia desenfrenada, la altísima concentración de poder, la desregulación salvaje y la sensación de impunidad, incidieron en su casi total pérdida de la noción de la realidad.
DAÑOS INCALCULABLES

Los daños para el ciudadano medio fueron incalculables. Entre otras, la senadora Claire McCaskill afirmó: Los ejecutivos de Wall Street estuvieron echando arena a la cara de los contribuyentes. El senador Dodd planteo: No hay absolutamente ninguna razón por la que los contribuyentes americanos que trabajan duro deban financiar directa o indirectamente las excesivas compensaciones de los ejecutivos corporativos, cuyas decisiones, en muchos casos, perjudicaron fuertemente sus empresas y debilitaron toda la economía.

Según una encuesta en Newsweek, el estadounidense promedio considera que los CEO de las grandes corporaciones deberían ganar un 98,57 por ciento menos de lo que están cobrando.

QUE DEVUELVAN LOS BONUS

The New York Times pregunta: ¿Deben los ejecutivos retener sus suculentas remuneraciones cuando las ganancias que generaron sus compensaciones se han esfumado?. En el Congreso se está pidiendo el reintegro de los bonos pagados a los ejecutivos de compañías que colapsaron. Amy Borrus (subdirectora del Consejo de Inversores Institucionales) señala: Los paquetes de pago pobremente estructurados estimularon la mentalidad de enriquecimiento rápido y conductas de riesgo extremo, que han ayudado a poner de rodillas a los mercados financieros y han eliminado las ganancias de muchísimas empresas. Y aun así muchos de esos ejecutivos se han quedado con enormes compensaciones.

Hay una enseñanza adicional de fondo, subyacente, que hoy resuena fuertemente en Estados Unidos y en todo el mundo desarrollado y que tiene que plantearse América latina, con tanta necesidad de optimizar sus recursos escasos frente a la crisis que crece, más de 200 millones de pobres y la mayor desigualdad de todas las regiones.

Corresponde revisar preguntas, como: ¿cuál es la formación ética que se da en los programas de preparación de altos ejecutivos? ¿Cómo se los capacita para usar con responsabilidad colectiva los instrumentos estratégicos de alta gerencia que se les entregan y qué mensaje se les transmite respecto a la misión del ejecutivo en la sociedad?

Es difícil ver enojado al Presidente Obama, pero tenía sus razones
Publicado en Safe Democracy Foundation - http://spanish.safe-democracy.org - con el título "Crisis económica: AIG y el colmo de la irresponsabilidad" por: Bernardo Kliksberg, asesor principal del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de América Latina y el Caribe.

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domingo, 22 de marzo de 2009

¿Campaña contra México o paranoia institucional?


Por más que el gobierno federal se empeñe en ocultarlo, es un hecho que en materia de inseguridad pública las cosas han llegado lo suficientemente lejos como para que la comunidad internacional voltee con preocupación hacia nuestro país y se comience a cuestionar con toda seriedad la capacidad del aparato estatal mexicano para hacer frente a los inmensos retos que las circunstancias le imponen.

Desde que a mediados de enero el Comando Conjunto de las Fuerzas de Estados Unidos abriera fuego al hacer público un informe en el que consideraba que nuestro país –junto con Paquistán– corría el riesgo de convertirse en un Estado fallido, México ha sido objeto de diversos análisis por algunos de los más prestigiosos medios de comunicación y centros de investigación de impacto global.

Aunque la atención se ha centrado en la revista Forbes, que hace apenas unos días bajó a México –igual lo hizo con Brásil– del lugar 43 al 56 en su clasificación de “Mejores países para hacer negocios” y causó polémica al colocar a Joaquín “El Chapo” Guzmán dentro de su famosa lista de billonarios; la realidad es que la prensa internacional ha estado plagada de artículos e investigaciones especiales sobre nuestro país, a los que difícilmente se podría acusar de falta de objetividad o sustento racional.

La tesis del gobierno federal de que existe una especie de “campaña” internacional para dañar la imagen de México en el mundo se prueba sumamente débil cuando se analizan algunas de estas publicaciones.

Es cierto que ningún trabajo niega el hecho de que en México fueron asesinadas más de 6 mil personas el año anterior –este año van más de mil–, ni que ha habido casos escandalosos de corrupción policial, ni que el nivel de violencia que se observa es altísimo. En realidad no tendrían por qué decir lo contrario pues se trata de datos irrefutables que, a pesar de ser dolorosos, son innegables y deben utilizarse para interpretar la situación que se vive al interior del país.

Sin embargo, a pesar del crudo diagnóstico –el más completo de los consultados es el realizado por la especialista Vanda Felbab-Brown para la poderosa Brookings Institution de Washington– la mayoría de las publicaciones coincide en que existe un esfuerzo institucional de parte de las autoridades mexicanas que debe ser reforzado en diferentes formas.

El Transnational Institute de Holanda, en un artículo denominado “México, ni un Estado fallido ni un modelo”, refuta tanto las visiones del Estado fallido –las considera intervencionistas– como las que hablan de México como el modelo a seguir en materia económica y de apertura comercial, sugiriendo a la administración Obama apartarse de ambas antes de definir las estrategias a seguir.

Por su parte, en su edición del 7 de marzo, la revista inglesa The Economist –una de las más influyentes del mundo– hace un concienzudo análisis de la situación del narcotráfico en México, reconociendo la labor del presidente Felipe Calderón y analizando el impacto negativo que el federalismo puede tener en el combate a la delincuencia.

La voz autorizada de la Rand Corporation –la fundación con mayor presupuesto entre las que se dedican al estudio de las relaciones internacionales, unos 251 millones de dólares anuales– recuerda en un excelente análisis la situación vivida en la frontera durante la revolución mexicana, concluyendo que la posibilidad de un colapso de Estado mexicano es sumamente remota y descartando que la construcción del muro sea la respuesta real a los problemas fronterizos.

En el mismo sentido el Consejo de Relaciones Exteriores –quizá la más prestigiosa autoridad de análisis de la política exterior de los Estados Unidos de América– en un artículo publicado el pasado 24 de febrero critica fuertemente al gobierno estadounidense y dice que el combate a las mafias mexicanas pasa por el cumplimiento de la ley en los Estados Unidos, lo cual ayudaría a detener la venta y exportación ilegal de armas a México y a combatir la demanda interna de estupefacientes en el país del norte.

El propio Consejo de Relaciones Exteriores propone la adopción de medidas más cooperativas entre los gobiernos mexicano y norteamericano, así como la mejora de la cantidad y calidad de la ayuda económica que éste proporciona a aquel.

Así las cosas, el argumento oficial de que se trata de una campaña mediática en contra de nuestro país se antoja débil y más bien fruto de la mente de algún asesor paranoico que de un analista concienzudo y objetivo. Los diversos análisis publicados así lo demuestran. Más aún, se aprecia un apoyo al gobierno calderonista y a la necesidad de un mayor apoyo de parte de los Estados Unidos.

Para ser claros, la preocupación del exterior es normal si consideramos que México es un país estratégico dentro del sistema internacional de naciones. Se trata de la décima segunda economía mundial y de uno de los mayores productores de petróleo; de un miembro del cada vez más poderosos G-20 y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; de una potencia demográfica con 110 millones de habitantes en la actualidad, que se estiman en 147 millones para el año 2050.

Desde la perspectiva norteamericana el encendido de las alertas también está justificado. Compartimos una frontera de más de 3,000 kilómetros; somos su segundo socio comercial y su tercer proveedor de petroleo; millones de mexicanos viven en ese país, representando la minoría que más crece –y vota.

En suma, si los problemas internos de cualquiera de los 193 estados con reconocimiento oficial en el mundo preocupan a la diplomacia internacional, los que se viven en México también debieran hacerlo. Por ello, el gobierno federal, antes que ver “moros con tranchetes” podría optar por escuchar y leer con más atención lo que respecto de él se dice en el mundo y comenzar a incorporar ideas que le permitan sortear los grandes retos que tiene enfrente.

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martes, 17 de marzo de 2009

Remesas a América Latina y el Caribe declinarán en 2009: BID


Tendencia cambió en cuarto trimestre del 2008. Flujos de dinero enviados por emigrados sufren por crisis económica, fluctuaciones cambiarias

Tras casi una década de crecimiento, las remesas a América Latina y el Caribe declinarían en el 2009, por primera vez desde que el Banco Interamericano de Desarrollo comenzó a medir estos flujos en el 2000. El cambio de tendencia ocurrió en el cuarto trimestre del 2008.

Los envíos de dinero realizados por trabajadores emigrados son una fuente de ingresos clave para millones de familias en esta región. El año pasado los emigrados latinoamericanos y caribeños enviaron unos US$ 69.200 millones a sus países de origen, 0,9 por ciento más que en el 2007, según el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del BID.

La tendencia cambió luego del primer semestre del 2008. Tras un tercer trimestre sin crecimiento, en el trimestre siguiente los flujos cayeron a US$ 17.000 millones, 2 por ciento menos que en el cuarto trimestre del 2007. Para los pocos países que han reportado datos para enero del 2009, las caídas han sido hasta de 13 por ciento.

“Si bien es demasiado temprano para proyectar en cuánto podrían reducirse las remesas en el 2009, esta es una mala noticia para millones de personas en nuestra región que dependen de estos flujos para cubrir sus necesidades básicas”, comentó Moreno.

“El cuadro se ha vuelto más complejo, dado que hay más factores en juego. El mundo enfrenta su peor crisis en décadas. El desempleo está aumentando en los países industrializados. El ambiente contra la migración se está tornando más inhóspito. Incluso las fluctuaciones cambiarias están incidiendo más que en el pasado”, agregó.

Luego de muchos años de crecimiento sin pausa, las remesas a América Latina y el caribe comenzaron a resentirse en el 2008 a medida que los principales países fuente de estos recursos, Estados Unidos, España y Japón, cayeron en recesiones. La crisis castigó especialmente a industrias que empleaban a muchos trabajadores extranjeros, como la construcción, las manufacturas, hoteles y restaurantes.

Las personas que envían remesas y sus familiares en sus países de origen también sufrieron las consecuencias de las alzas de precios de los alimentos y los combustibles. Sumado a ello, las fluctuaciones de las tasas cambiarias comenzaron a tener mayores efectos que en el pasado, particularmente en países que experimentaron devaluaciones o que tienen grandes colonias de emigrados en Europa.

El peso mexicano y el real brasileño han perdido terreno frente al dólar estadounidense en meses recientes. Como consecuencia, las remesas enviadas desde los Estados Unidos han visto incrementado su poder adquisitivo, compensando al menos en parte el menor volumen de envíos.

Los países andinos, que reciben grandes cantidades de remesas desde España, se vieron beneficiados por la fortaleza del euro durante la primera mitad del 2008, pero desde entonces han sido golpeados por la caída del valor de la divisa europea.

Los países centroamericanos, que están dolarizados o cuyas monedas están ligadas al dólar, están más protegidos de las fluctuaciones de las tasas de cambio.

A pesar del panorama sombrío, el FOMIN ve poca evidencia de que los migrantes estén preparándose para regresar a sus países de origen. En España, donde viven más de cinco millones de trabajadores extranjeros, un plan del gobierno para pagar beneficios sociales a aquellos que regresen a sus patrias ha suscitado poco interés.

“Los migrantes han demostrado que se adaptan a condiciones difíciles,” dijo Moreno. “Cambian de empleo, trabajan más horas, recortan gastos, se mudan de ciudad, hasta recurren a ahorros para seguir enviando dinero a sus familiares. El regreso a casa es una última opción”, agregó.

El FOMIN está realizando sondeos con bancos y empresas de transferencia de dinero y colaborando con centros de estudio que encuestan a personas que envían remesas para obtener información más detallada sobre cómo los flujos podrían evolucionar este año.

Para el FOMIN, que promueve la microempresa como herramienta para reducir la pobreza, esta crisis ofrece una oportunidad para incorporar a más familias que reciben remesas al sistema bancario formal.

La gerente general del FOMIN, Julie Katzman, observó que la mayor parte del dinero enviada por los emigrados se destina a alimentos, vestimenta, medicinas y vivienda, brindándoles a estas familias alivio en tiempos de estrechez. Sin embargo, menos de la mitad de estos hogares tienen cuentas bancarias en las que podrían mantener sus ahorros.

“Una vez cubiertas las necesidades esenciales, el verdadero potencial transformativo de las remesas suele guardarse literalmente bajo el colchón”, comentó Katzman. “Darle acceso a estas familias a servicios financieros básicos que todos nosotros gozamos les permitiría maximizar los beneficios de sus remesas.”

“Desde simplemente tener una cuenta bancaria hasta obtener un microcrédito, un seguro o un préstamo para vivienda o para la educación de sus hijos, estos servicios pueden abrirles a estas familias más oportunidades para avanzar hacia la independencia financiera”, agregó.

El FOMIN seguirá colaborando con bancos centrales, reguladores, bancos, microfinancieras y empresas de transferencia de dinero en América Latina y el Caribe para encontrar maneras para maximizar el impacto económico de las remesas.

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domingo, 22 de febrero de 2009

¿Y el aeropuerto de Hidalgo Sr. Téllez?


Me enteré de la última de las andanzas de Luis Téllez por un compañero de la Fundación Ortega y Gasset, que sorprendido me dijo que acababa de leer en Internet que el Secretario de Comunicaciones y Transportes de México había sido gravado diciendo que el ex presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, se había “robado” la mitad de la partida secreta de la que por años dispuso el ejecutivo federal en turno –fue eliminada en el sexenio del Dr. Zedillo.

Días después de darse a conocer el desliz del funcionario federal salieron a la luz más grabaciones. En esta ocasión Téllez mostró a los mexicanos el amplio vocabulario del que dispone. Cuestión sin relevancia alguna, salvo por el hecho de que el blanco de sus “apasionadas” palabras fue el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Héctor Ozuna Jaime, a quien Téllez le deseo recibiera algo más que una feliz Navidad y un próspero año nuevo –¿Con esa boquita come?, señor Secretario.

Para poner la cereza al pastel se dieron a conocer conversaciones en las que el titular de la SCT pedía a diversas personas a su cargo que utilizaran el nombre del Presidente de la República para sacar adelante gestiones cuya legitimidad y legalidad se aprecian confusas.

Mi colega, desconocedor de la realidad mexicana, imaginó que después de todo esto se desataría una especie de “Téllezgate” que seguramente significaría una investigación a fondo y la caída de una o varias cabezas en el gobierno federal. Era de suponerse que, en virtud de la gravedad de las declaraciones, al menos el propio Téllez decidiera separarse de su encargo para no afectar la imagen de su superior jerárquico, el Presidente de la República.

Dada la cercanía de las elecciones federales y los tiempos difíciles que se viven en México –y en cualquier otro lugar del mundo– era previsible que el presidente Calderón aprovechara la situación para mandar un doble mensaje: a la ciudadanía, en el sentido de que su gobierno actúa con firmeza y es inflexible frente a ese tipo de escándalos; y a los miembros de su gabinete, para que apliquen la máxima de “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.
Inexplicablemente, hasta el momento de escribir esta colaboración, el Dr. Luis Téllez Kuenzler seguía ocupando la titularidad de la dependencia encargada de implementar la política de comunicaciones y transportes del Estado mexicano –responsabilidad en lo absoluto menor.

Desafortunadamente –en contra de lo que cualquier avezado analista político extranjero pudiera suponer– es muy probable que el Secretario de Comunicaciones y Transportes continúe en el mismo sitio, a no ser que Los Pinos modifique la actitud que en otras ocasiones ha tenido hacia los lapsus verbales y políticos del funcionario.

Y es que con un simple “sí lo dije pero nunca tuve ni he tenido evidencia alguna sobre acciones ilícitas del ex presidente” Luis Téllez quiso apaciguar las turbulentas aguas que clamaban por su renuncia. Sabedor de que no puede ser castigado por mentir y sí por ocultar un ilícito, el argumento de defensa del secretario es que sí dijo lo que dijo, pero lo que dijo es una mentira.

La buena noticia para el secretario Téllez es que si decide optar por la vía legal para demostrar que es un mentiroso, habemos dos millones y medio de hidalguenses que podemos testificar, sin temor a equivocarnos, que efectivamente gusta de decir mentiras y que suele hacerlo de forma por demás impune.

En efecto, se trata del mismo funcionario que el 25 de julio de 2007 anunció con bombo y platillo que el presidente Calderón le había dado instrucciones –parece ser su modus operandi habitual– “para solucionar el problema aeroportuario y de tráfico aéreo en el centro del país y por ello la concesión y autorización para una nueva terminal aérea de carga y logística en Tizayuca, estaría lista a principios o mediados de 2008” (Comunicado No. 93 de la SCT de la cual es titular Téllez).

A la fecha, la concesión prometida por Luis Téllez no se ha otorgado –quizá ha estado muy ocupado intentando recuperar las famosas grabaciones–, cancelando con ello la oportunidad de generar decenas de miles de empleos para un estado que requiere con urgencia oportunidades de calidad para sus jóvenes profesionistas –sólo Pachuca cuenta con 30 mil estudiantes de educación superior.

La cuestión es que si el mejor argumento del Secretario de Comunicaciones y Transportes para salvar la situación es que miente, su jefe el Presidente de la República debería estar sumamente preocupado.

Porque si Téllez consigue convencer a la opinión pública de que son mentirás las delicadas afirmaciones que hace en las grabaciones que reconoce como suyas, Felipe Calderón tendría al interior de su gabinete a un mentiroso confeso, cuyos actos en los últimos tres años deberían ser revisados con lupa para comprobar su legalidad y transparencia.

En este sentido, la inexplicable omisión en el otorgamiento de la concesión y autorización del aeropuerto de Tizayuca también deberá serlo. Al tenor de los acontecimientos existe un alto riesgo de que los motivos por los cuales no haya sido entregada aún al estado de Hidalgo no tengan nada que ver con los fundamentos técnicos del proyecto.

En cualquier caso ¿Qué legitimidad podría tener la decisión tomada por o con base en la información proporcionada por alguien que miente habitualmente? Tal como lo señaló el filosofo alemán Federico Nietzsche: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”.

Artículos relacionados:

REFORMA ENERGÉTICA ¿CUÁNDO AEROPUERTO DE HIDALGO?

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martes, 17 de febrero de 2009

Encuesta de Consulta Mitofsky sobre elecciones federales 2009 en México




ASÍ VAN... RUMBO AL 2009

LA CONTIENDA ELECTORAL SE PREFIGURA



En el primer mes de 2009, el interés por los asuntos de la política apenas alcanza al 10 por ciento de los mexicanos, cifra menor a la que vivimos hace tres y hace seis años.


En este momento, solamente el PAN y el PRI provocan saldos de opinión positivos, lo que coincide con el resto de las variables electorales y hace prever un escenario donde estos dos partidos disputarán el primer lugar en la elección.


El PRI inicia en su mejor momento para un mes de enero en los últimos seis años y por el contrario el PRD en su peor posición; mientras 31 por ciento se declara priista, 11 por ciento de los mexicanos se dice perredista y 25 por ciento panista.


Después de un año muy complicado para el PRD, la identidad por ese partido registra una caída anual de 2.5 puntos. Pero si bien no pagó caro en identidad su conflictivo año 2008, si presenta un incremento de 8 puntos en el porcentaje de ciudadanos que dice que no votaría por él. El PRI no sólo incrementó en un año su identidad sino que arrebató al PAN la posición de partido menos rechazado (aunque el PAN aun genera mejor saldo de opiniones).


Aún antes de iniciar las precampañas y cuando faltan por decidirse la mayoría de las candidaturas, de las alianzas, de los temas de campaña y sobre todo las estrategias de los partidos políticos para generar votos ante nuevas reglas electorales, encontramos a un PRI favorecido con el primer lugar de las preferencias con el 33.3 por ciento de las respuestas ciudadanas a su favor, le siguen el PAN con el 25.8 por ciento y el PRD con el 11.7 por ciento.


Llama la atención la similitud de esta preferencia con la que se presentaba previa al inicio de las campañas electorales en los comicios intermedios de 1997 y 2003.


En este momento, el único partido del que se puede sospechar la posibilidad de una mayoría absoluta es el PRI.


REPORTE EJECUTIVO COMPLETO


Publicado en Consulta Mitofsky con el título "Así van... Rumbo al 2009" -17 de febrero de 2009-


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domingo, 15 de febrero de 2009

Acuerdos contra los “catastrofistas”


Las últimas semanas han estado plagadas de datos preocupantes para la economía mundial. Desde China a Estados Unidos de América, pasando por los veintisiete países de la Unión Europea y por Japón, las cifras revelan una contracción económica cuya manifestación más dramática, el desempleo, preocupa a gobiernos y empresas por igual.

En España, por ejemplo, se dieron a conocer los peores datos de empleo desde que hay registros del mercado laboral español. En enero perdieron su trabajo 198,383 personas, mientras que 31,902 empresarios autónomos cerraron sus negocios. El número de parados es de 3,327,801 y se estima que en 2009 se llegue a los 4 millones.

Como era de esperarse, por el carácter global de la crisis, México no queda fuera de esta dinámica y también se aprecian diversas presiones para la economía nacional.

Por eso llaman la atención las declaraciones que esta semana realizó el presidente Felipe Calderón por medio de las cuales exigió terminar con las visiones “catastrofistas” que, en su opinión, dañan a nuestro país.

Es cierto que no se debe exagerar el diagnóstico y que no se puede culpar al gobierno federal de una crisis cuyo origen y consecuencias escapan del ámbito nacional. Aunque también lo es que no se debe subestimar la gravedad de la situación y que la sola exigencia del presidente de la República no terminará con dichas visiones.

Tan es así que pocas horas después de pronunciado el discurso presidencial, el Banco de México tuvo la necesidad de intervenir directamente en el mercado cambiario para frenar la subida del dólar frente al peso, abandonando con ello el mecanismo de subasta de dólares que había venido utilizando.

Este hecho demuestra que el diagnóstico que el gobierno federal hace de la situación es muy diferente del que llevan a cabo los mercados y que las acciones hasta ahora realizadas no logran generar la confianza necesaria, lo cual es indispensable para sortear la difícil situación.

Por ello es urgente que, además de las acciones concretas ya anunciadas para estimular la economía, se generen las condiciones para que los diversos actores políticos y económicos del país contribuyan a generar la confianza de la cual están tan necesitados los mercados.

Considero que una buena medida para lograrlo sería la celebración de un gran acuerdo nacional que muestre la capacidad de la clase política y productiva mexicana para sentarse a la mesa y construir a favor del país.

Más aún si se toma en cuenta que éste es un año electoral y que en nada ayudará a la ya de por sí mermada confianza que el discurso electorero contamine y condicione la toma de decisiones.

De la misma manera que se anuncia con bombo y platillo que se blindan los programas sociales para que no se utilicen con fines electorales, también debemos blindar las ideas y las propuestas que nos servirán para hacer frente a la mayor crisis económica mundial desde la Gran Depresión de 1929.

Un gran acuerdo nacional nos serviría para separar lo importante de lo urgente y retirarlo de la agenda electoral. Eso exige una madurez que en muchos casos no vemos en nuestros actores políticos.

Lo peor que le podría pasar al país es que las elecciones del 5 de julio frenaran la toma de decisiones y que en lugar de buscar soluciones a una problemática real, hubiera quien estuviera interesado en agravarlos para lograr rentabilizarlos a su favor en las urnas.

En este proceso, el gobierno federal debe ser creativo y buscar ante todo el consenso y el diálogo. Seguramente es difícil hacerlo, sobretodo si se considera que una parte de la oposición lo que menos le ha dicho a quien lo encabeza es “espurio” e “ilegítimo” y obligó al Presidente de la República a protestar su cargo en condiciones vergonzosas.

Sin embargo, no hay espacio para sentimentalismos. Los mexicanos demandan responsabilidad absoluta de la clase política. Es su obligación constitucional hacerlo. Su trabajo consiste en tener altura de miras y dejar de lado sus intereses particulares para salvaguardar los de 110 millones de personas.

El acuerdo propuesto, independientemente de su contenido, serviría para demostrar que existe un margen de maniobra que permite consensuar y tomar decisiones, y que los “catastrofistas” se enfrentarán a una clase política que hará cualquier cosa –hasta olvidar los mutuos agravios– para sacar adelante al país.

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domingo, 1 de febrero de 2009

Ser oposición: ¿Propuestas o protestas?


Coincido con Andrés Manuel López Obrador en que es urgente tomar medidas que amortigüen la crisis económica y garanticen que lo que hoy es una grave contracción de la economía mañana no sea una debacle que ponga en peligro la estabilidad de las familias mexicanas e incluso la gobernabilidad democrática del país.

Ahora bien, el hecho de que concuerde con el ex candidato presidencial en un punto en el que pocos no lo estarían, de ninguna manera significa que considere que la aportación del perredismo a la mejora de la situación económica nacional se deba limitar a programar una serie de actos de protesta que, en el fondo, se perciben más como un medio de reposicionamiento electoral que como una vía de solución.

Espero que no se me malentienda. De ninguna manera estoy diciendo que las manifestaciones sean negativas. Todo lo contrario, en este espacio he defendido en múltiples ocasiones la necesidad de que todos participemos y tomemos las calles cuantas veces sea necesario para hacer oír nuestra voz.

La participación política no convencional –que incluye en su repertorio a las manifestaciones públicas y pacíficas– es un derecho que puede y debe ser ejercido por la ciudadanía para reivindicar sus legítimas demandas frente a aquellos que tienen la obligación de escucharla.

He comentado que en España, por ejemplo, es muy usual que los ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil opten por este mecanismo para manifestarse en relación con diversas situaciones que les incumben.

Aunque las mismas no suelen ser organizadas por los partidos políticos, cuando éstos llegan a participar lo hacen para apoyar iniciativas ciudadanas o en manifestaciones contra el terrorismo de ETA, en las que no es nada raro ver juntos a representantes de todos los partidos españoles.

El asunto es que el PRD no es un grupo de ciudadanos cuya voz marginada requiera de protestas públicas como única vía para ser escuchada. El hecho de que en él participen diversos movimientos sociales no significa que adquiera esa naturaleza ni que tenga los mismos derechos, obligaciones y responsabilidades.

El PRD es un partido político legalmente constituido, que ocupa el segundo lugar en escaños en la Cámara de Diputados y el tercero en la de Senadores; que gobierna seis entidades de la Republica –incluido el Distrito Federal– y que cuenta con representantes en todos los congresos estatales del país –cerca de 200 diputados locales.

Por lo tanto, es parte integrante de una democracia representativa que se ha dotado a sí misma de diversos mecanismos para que aquellos que ostentan la representación popular puedan cumplir con sus funciones y servir a los intereses para los cuales fueron elegidos y en virtud de los cuales reciben una muy digna remuneración.

De la misma manera que, entre otros muchos, los partidos políticos tienen el derecho de presentar candidatos a las elecciones y de recibir cientos de millones de pesos cada año para financiar sus actividades; también tienen la obligación de utilizar los mecanismos constitucionales y legales para hacer escuchar la voz de quienes les votaron –y la de aquellos que no lo hicieron.

Así las cosas, a pesar de que todos los mexicanos tenemos el derecho de salir a la calle para manifestar nuestra opinión o descontento respecto a algo, los partidos con representación legislativa tienen uno adicional del cual no gozamos la mayoría: el de presentar, discutir y votar iniciativas de ley.

Por eso llama la atención que el PRD apueste por tomar las calles como estrategia principal y no por movilizar los recursos legislativos y políticos de los cuales dispone.

Si, por ejemplo, han decidido ir en contra de las altas tasas de interés que la mayoría de los bancos cobran a los mexicanos, quizá sería una mejor idea presentar y hacer pública una nueva iniciativa de reforma a la Ley de Instituciones de Crédito –propuesta en la que sólo algunos banqueros estarán en desacuerdo– que manifestarse a la afueras de las oficinas de la Asociación Mexicana de Bancos.

Pensemos en un encuentro de fútbol altamente complicado en el que algunos de los jugadores de nuestro equipo decidieran abandonar el partido para integrarse a la porra y solidarizarse con sus aficionados. Nada les impediría hacerlo; quizá serían bienvenidos. Pero seguramente, además de no cobrar sus abultados sueldos, nuestras posibilidades de ganar –o al menos de empatar– se verían fuertemente disminuidas, sobretodo si consideramos que los espectadores no podemos hacer lo mismo y meternos al campo de juego para suplirlos.

Surge entonces una cuestión preocupante: Si aquellos que ostentan la representación popular optan por renunciar al ejercicio de los poderes que a través del voto se les han conferido ¿Quiénes velarán por los intereses de una sociedad que con urgencia requiere soluciones?

El país demanda responsabilidad absoluta de todos los actores políticos para afrontar los viejos y los nuevos retos que se le plantean. Ningún partido político puede culpar a los otros de la situación, hacerse de la vista gorda, ni salirse del juego democrático para no cumplir su responsabilidad. Menos aún cuando el resultado, de una u otra manera, nos afectará a todos los mexicanos.


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domingo, 25 de enero de 2009

Partidos políticos en Internet: terreno desconocido

En días pasados leí una nota publicada en el portal web de un periódico mexicano de circulación nacional que daba cuenta de las estrategias que los comités nacionales de los tres principales partidos políticos de México han diseñado para “captar” el voto joven a través de cibercampañas en Internet.

Después de leer la información confirmé mi hipótesis inicial: Los partidos políticos no tienen la menor idea de los alcances y limitaciones de Internet, ni de las características de sus usuarios habituales. Menos aún, de las implicaciones que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tienen en las estructuras políticas, sociales y económicas de la actualidad, de las cuales ellos mismos forman parte.

Como Marco Polo, Cristóbal Colón, Roal Amundsen o Neil Armstrong, los estrategas partidistas –enfundados en sus trajes de explorador– se disponen a conquistar el nuevo mundo del Internet y los tesoros que guarda: millones y millones de votos de cibernautas que, sin la menor resistencia, esperan la llegada del conquistador para entregarle el sufragio que lo lleve a la merecida victoria electoral.

Para lograr su cometido PAN, PRI y PRD crearán comunidades virtuales e insertarán su publicidad en aquellos espacios a los que suelen acceder los 23 millones de jóvenes de entre 18 y 30 años que podrán votar en las elecciones federales del 5 de julio próximo. Una buena combinación de blogs, Facebook, Hi5, YouTube y mensajes de correo electrónico es infalible, consideraron los entrevistados.

Incluso se aventuraron a utilizar los métodos de cálculo de antaño para estimar el beneficio electoral esperado: Hasta 4 millones de votos decía un optimista representante partidista. Lo único que les falto decir fue un: “si a Barack Obama le funcionó ¿Por qué a nosotros no?”.
Desafortunadamente –para los partidos políticos– sus teorías sobre captación de votos en Internet e identificación del mercado electoral en el segmento de referencia no podrían estar más alejadas de la realidad.

Pensar que para convencer a los jóvenes y no tan jóvenes, que han hecho del Internet un espacio habitual de comunicación y convivencia –que no el único–, sólo basta tener presencia publicitaria en los citados espacios, tiene la misma base científica que suponer que cualquiera de los futuros candidatos pasaría por el cantante Bono de U2 con sólo ponerle unas gafas, vestirlo de negro y enseñarle la letra completa de la canción “With or without you”.

Cualquier organización o persona con una conexión a Internet puede, por ejemplo, abrir un blog –hasta yo abrí uno– y publicar prácticamente lo que le plazca. Es más, si se dispone de suficiente dinero, se puede contratar a la empresa Google un link patrocinado para que el enlace a la página del partido político equis aparezca en dicho buscador cuando alguien escriba las palabras “democracia México”, “eficiencia política”, “transparencia en ejercicio de gobierno” o “combate a la corrupción”.

Leyendo la nota en cuestión es posible concluir que los institutos políticos ven al Internet como un mero “tablón de anuncios”. Una herramienta publicitaria más, que se sumará a las bardas, espectaculares, gorras y spots de radio y televisión que pronto inundarán nuestro país.

La cuestión es que el Internet no funciona así y es mucho más que un soporte sobre el cual se puede fijar una u otra publicidad.

Según el sociólogo español Manuel Castells, autor del libro “La Era de la información” –obra de referencia internacional en el tema–, el Internet no es un fin en sí mismo sino una herramienta que es y será cada vez más el medio de comunicación y de relación esencial sobre el que se basa una nueva forma de sociedad que ya vivimos, constituyendo el tejido nervioso de lo que denomina la “Sociedad Red”.

De acuerdo con Castells, la “Sociedad Red” es la nueva estructura social de la era de la Información, basada en redes que permiten ampliar las posibilidades de participación y se contraponen a otras estructuras más tradicionales basadas en esquemas lineales y con un mayor grado de jerarquización –como los partidos políticos o el gobierno tradicional.

El Internet y otras tecnologías de la información y la comunicación facilitan considerablemente las conexiones entre los miembros de la red y han abierto una nueva forma de trabajar y de relacionarse, una nueva economía y una sociedad que se salta fronteras y jerarquías en su afán de transmisión de la información. Personas ubicadas a miles de kilómetros de otras con las que tienen intereses comunes, se comunican en tiempo real todos los días y a cada momento.

De la misma manera, los usuarios de la red se relacionan entre sí como “uno más” y con un movimiento de mano pueden aceptar o rechazar determinado tema o dialogar con determinada persona.

Como era de esperarse, estos cambios también implican e implicarán cada vez más una transformación en la manera en la que nos organizamos para participar social y políticamente. Con un simple click es posible organizar o participar en una manifestación simultánea en contra de las FARC o de la inseguridad en México. En sólo 5 minutos es posible enterarse de la “vida y obra” de cualquier candidato o encontrar las contradicciones de un programa político completo, lo que modifica el concepto de “rendición de cuentas” tradicional.

Por todo lo anterior, la visión “publicitaria” de Internet se antoja pobre e ineficaz. Lejos de rastrear votos, los partidos políticos deberían buscar en el Internet muchas de las claves necesarias para entender el lenguaje de una sociedad en plena transformación, más democrática y plural, menos jerárquica y sumisa.
De otra manera perderían una gran oportunidad, no sólo de encontrar los votos que con tanto afán buscan, sino de alinear su discurso, programas y acciones con las claves de una ciudadanía a la que poco entienden y cada vez menos representan.

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Define PRI candidaturas federales en Hidalgo


El Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) aprobó anoche la lista de los siete candidatos a diputados federales de cara a las elecciones intermedias del próximo 5 de julio.

La lista contempla la salida de tres secretarios de la Administración del Gobernador Miguel Osorio Chong. Los distritos federales quedaron distribuidos entre Omar Fayad Meneses, ex Alcalde de Pachuca, quien fue asignado al distrito I con sede en Huejutla; Héctor Pedraza, presidente de la Fundación Colosio, por el distrito II de Ixmiquilpan; Jorge Rojo, líder estatal del partido tricolor, por el distrito III de Actopan.
Mientras que el Secretario de Desarrollo Social, David Penchyna Grub, va por el distrito IV con sede en Tulancingo; Ramón Ramírez, Secretario de Planeación, por el distrito V con cabecera en Tula; la Presidenta del Tribunal Superior de Justicia estatal, Carolina Viggiano Austria, por el distrito VI en Pachuca; y el Secretario de Educación, Jorge Romero, por el distrito VII de Tepeapulco.

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martes, 20 de enero de 2009

Barack Obama: Discurso de toma de posesión presidencial en Washington


Consulta aquí el video, así como la versión orginal en inglés y en español de las palabras de toma de protesta de Barack Obama como el cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de América en Washington D.C. este 20 de enero de 2009.


ENLACE A VIDEO

TRADUCCIÓN DEL DISCURSO EN ESPAÑOL:

«Queridos conciudadanos:

He venido hoy aquí con una actitud modesta frente a la labor que tenemos por delante, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí y consciente de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Quiero dar las gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación, así como por la generosidad y la cooperación de las que ha hecho gala a lo largo de esta transición.

Cuarenta y cuatro estadounidenses han jurado ya la presidencia. Estas palabras se han pronunciado con vientos favorables de prosperidad y mares de paz en calma. No obstante, de vez en cuando este juramento se ha prestado entre nubes de tormenta y tempestades embravecidas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante no sólo por la habilidad o las ideas de los que estaban en la presidencia, sino porque Nosotros, El Pueblo, nos hemos mantenido fieles a los ideales de nuestros ancestros y a nuestros documentos fundacionales.

Así ha sido y así ha de ser con esta generación de estadounidenses.

Ya ha quedado claro que estamos en medio de una crisis. Nuestra nación está en guerra contra una red de violencia y de odio muy extendida. Nuestra economía está muy debilitada, como consecuencia de la avaricia y de la irresponsabilidad de algunos, pero también de nuestro fracaso colectivo por no haber tomado decisiones difíciles ni preparado al país para una nueva era. Hay gente que ha perdido su casa; empleos que han desaparecido; negocios que se han ido a pique. Nuestra atención médica es demasiado cara; nuestros colegios han fallado a demasiados; y cada día hay más pruebas de que las formas que tenemos de utilizar la energía fortalecen a nuestros adversarios y amenazan a nuestro planeta.

Éstos son indicadores de la crisis, sujetos a datos y a estadísticas. Menos mensurable, pero no menos profunda, es la pérdida de confianza que está viviendo nuestro país: un miedo acuciante a que el declive de Estados Unidos sea inevitable y de que la próxima generación tenga que reducir sus expectativas.

Hoy os digo que los retos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los vamos a poder superar fácilmente ni en un corto periodo de tiempo. Pero quiero que Estados Unidos sepa algo: vamos a superarlos.

En este día nos reunimos porque hemos elegido la esperanza por encima del miedo, la unidad de propósito por encima del conflicto y la discordia.

En este día queremos proclamar el fin de los agravios insignificantes y de las falsas promesas, de las recriminaciones y de los dogmas anticuados, que llevan demasiado tiempo estrangulando nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado los infantilismos. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu resistente; de elegir nuestra mejor historia; de impulsar ese preciado don, esa noble idea, que ha ido pasando de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, de que todos somos libres y de que todos nos merecemos la oportunidad de perseguir al máximo nuestra felicidad.

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, comprendemos que la grandeza nunca es algo regalado. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca se ha caracterizado por los atajos o por el conformarnos con poco. No ha sido un camino para pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o los que buscan sólo los placeres de las riquezas y de la fama. Han sido más bien los que corren riesgos, los emprendedores, los que hacen cosas - algunos alabados por ello, pero la mayoría de las veces hombres y mujeres cuya labor ha pasado desapercibida – lo que nos han guiado por el largo y arduo camino hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros se echaron al hombro sus pocas posesiones terrenales y surcaron océanos en busca de una nueva vida.

Por nosotros trabajaron en fábricas donde se explotaba a los trabajadores y poblaron Occidente, aguantaron el azote de los látigos y araron la dura tierra.

Por nosotros combatieron y murieron, en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn.

Una y otra vez, estos hombres y mujeres se esforzaron y se sacrificaron y trabajaron hasta despellejarse las manos para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Para ellos Estados Unidos era mayor que la suma de nuestras ambiciones individuales; mayor que todas las diferencias de nacimiento o de riqueza o de ideología.

Es un viaje que proseguimos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó la crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestras mercancías y nuestros servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad sigue intacta. Pero el tiempo de adherirnos firmemente a nuestras creencias, de proteger intereses limitados y de retrasar las decisiones desagradables, ese tiempo ciertamente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo, y reanudar el trabajo de rehacer Estados Unidos.

Porque miremos adonde miremos, hay trabajo por hacer. La situación de la economía exige acción, audaz y rápida, y actuaremos; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino también para establecer nuevas bases para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, redes eléctricas y líneas digitales, que alimentarán nuestro comercio y nos mantendrán unidos. Devolveremos la ciencia al lugar que le corresponde, y aprovecharemos las maravillas tecnológicas para aumentar la calidad de la atención sanitaria y reducir su coste. Aprovecharemos el sol, los vientos y el suelo para impulsar nuestros coches y poner en funcionamiento nuestras fábricas. Y transformaremos nuestros colegios, institutos y universidades para que cubran las necesidades de una nueva era. Todo esto podemos hacerlo. Y lo haremos.

Ahora bien, hay quienes cuestionan la escala de nuestras ambiciones, que insinúan que nuestro sistema no soportará demasiados planes grandiosos. Tienen poca memoria. Porque han olvidado lo que este país ya ha hecho; lo que los hombres y las mujeres libres pueden conseguir cuando la imaginación se une al propósito común, y la necesidad a la valentía.

Lo que los escépticos no entienden es que el terreno que pisan ha cambiado; que las discusiones políticas trasnochadas que durante tanto tiempo nos han consumido ya no son válidas. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro Gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona; si ayuda a las familias a encontrar trabajos con un sueldo decente, atención sanitaria que puedan pagar, una jubilación digna. Allí donde la respuesta sea sí, nuestra intención es avanzar. Cuando la respuesta sea no, los programas cesarán. Y quienes administramos los dólares de los ciudadanos deberemos rendir cuentas – gastar con prudencia, reformar los malos hábitos, y hacer nuestros trabajo a la luz del día – porque sólo entonces podremos restaurar la confianza vital entre los ciudadanos y su Gobierno.

La cuestión tampoco es si el mercado es una fuerza para bien o para mal. Aunque su poder para generar riqueza y aumentar la libertad es incomparable, la presente crisis nos ha recordado que, sin un ojo que lo vigile, el mercado puede descontrolarse, y que una nación no puede prosperar por mucho tiempo amparando únicamente a los favorecidos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro Producto Interior Bruto, sino también del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra habilidad para ofrecer oportunidades a toda persona dispuesta, no por caridad, sino porque es el camino más seguro para lograr el bien común.

En cuanto a la defensa común, rechazamos por su falsedad el hecho de que tengamos que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que a duras penas alcanzamos a imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos del hombre, una carta alargada con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo y, por nuestro propio bien, no renunciaremos a ellos. Por eso les digo a todos los pueblos y gobiernos que hoy tienen la mirada puesta en nosotros, desde las grandes capitales hasta el pequeño pueblo que vio nacer a mi padre: sabed que Estados Unidos es amigo de toda nación y de todo hombre, mujer y niño que busque un futuro de paz y dignidad, y que estamos dispuestos a tomar la iniciativa una vez más.

Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y convicciones imperecederas. Entendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, y que tampoco nos autoriza a hacer lo que nos plazca. Por el contrario, sabían que nuestro poder crece cuando se usa de forma prudente; nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo, las cualidades moderadoras de la humildad y la moderación.

Somos los guardianes de este legado. Guiados por esos principios una vez más, podemos responder a las nuevas amenazas que exigen incluso un mayor esfuerzo, incluso una mayor cooperación y comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar responsablemente Irak a su pueblo, y a forjar una paz duramente ganada en Afganistán. Con viejos amigos y antiguos enemigos, trabajaremos sin descanso para disminuir la amenaza nuclear y hacer que retroceda el fantasma del calentamiento global. No vamos a disculparnos por nuestra forma de vida ni dudaremos en defenderla, y a aquellos que pretenden alcanzar sus objetivos infundiendo terror y masacrando a inocentes les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y que no puede quebrantarse; que no durarán más que nosotros, y que les derrotaremos.

Porque sabemos que nuestro legado como mosaico de culturas es un punto fuerte, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, de judíos e hindúes, y de no creyentes. Estamos moldeados por todas las lenguas y culturas, sacadas de todos los rincones de esta Tierra; y como hemos probado la amarga bazofia de la guerra civil y de la segregación, y hemos emergido de ese tenebroso capítulo más fuertes y unidos, no podemos evitar creer que los viejos odios pasarán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; que a medida que el mundo se vuelve más pequeño, nuestra humanidad común se dejará ver; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel como guía en una nueva era de paz.

Al mundo musulmán le decimos que buscamos un nuevo camino hacia delante basado en el interés y el respeto mutuos. A esos líderes que hay por todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar a Occidente de los males de sus sociedades, sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que podáis construir, no por lo que destruyáis. A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y el silenciamiento de la disensión, sabed que estáis en el lado equivocado de la historia, pero que os echaremos una mano si estáis dispuestos a aflojar el puño.

A la gente de las naciones pobres, nos comprometemos a trabajar con vosotros para hacer que vuestras granjas prosperen y permitir que fluya el agua limpia; para nutrir los cuerpos que se mueren de inanición y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones como la nuestra que disfrutan de una relativa abundancia, les decimos que no podemos seguir permitiéndonos la indiferencia hacia el sufrimiento fuera de nuestras fronteras; y que tampoco podemos agotar los recursos mundiales sin tener en cuenta el efecto. Porque el mundo ha cambiado, y debemos cambiar con él.

Al contemplar el camino que se abre ante nosotros, recordamos con humilde gratitud a esos valientes estadounidenses que, en este mismo momento, patrullan por desiertos lejanos y montañas distantes. Tienen algo que decirnos hoy, al igual que los héroes caídos que yacen en Arlington susurran a través de los tiempos. Les honramos no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad, sino porque personifican el espíritu de servicio, una voluntad de encontrar significado en algo más grande que ellos mismos. Y aun así, en este momento un momento que va a definir una generación es precisamente este espíritu el que debe habitar en todos nosotros.

Porque al final, por encima de todo lo que el Gobierno pueda y deba hacer, están la fe y la determinación del pueblo estadounidense, del que depende este país. Es la amabilidad de acoger a un extraño cuando los diques se rompen, la generosidad de los trabajadores que prefieren recortar su jornada antes que ver a un amigo perder su trabajo, lo que nos ilumina en nuestros momentos más oscuros. Es la valentía de un bombero al precipitarse por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de alimentar a su hijo, lo que finalmente decide nuestro destino.

Puede que nuestros retos sean nuevos. Puede que los instrumentos con los que nos enfrentarnos a ellos sean nuevos. Pero esos valores de los que depende nuestro éxito – el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo – estas cosas son antiguas. Estas cosas son verdaderas. Han constituido la fuerza silenciosa de nuestro progreso a lo largo de nuestra historia. Por tanto, lo que se requiere es un retorno a estas verdades. Lo que ahora se nos pide es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento por parte de cada estadounidense de que tenemos obligaciones hacia nosotros mismos, nuestro país y el mundo, obligaciones que no aceptamos a regañadientes, sino que asumimos de buena gana, con la seguridad de saber que no hay nada tan satisfactorio para el espíritu, tan determinante de nuestro carácter, como el darlo todo ante una tarea difícil.

Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.

Ésta es la fuente de nuestra confianza, el saber que Dios nos insta a darle forma a un destino incierto.

Éste es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo, el motivo por el que hombres y mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en una celebración a lo largo de esta magnífica explanada, y el motivo por el que un hombre cuyo padre tal vez no habría podido trabajar en un restaurante local hace menos de 60 años, puede estar ahora ante ustedes para prestar el más sagrado de los juramentos.

Por tanto, recordemos este día como conmemoración de lo que somos y de lo lejos que hemos llegado. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el más frío de los meses, un pequeño grupo de patriotas se apiñaba en torno a hogueras moribundas a la orilla de un río helado. La capital había sido abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba teñida de sangre. En el momento en que el desenlace de nuestra revolución era más incierto, el padre de nuestra nación ordenó que se leyeran estas palabras a la gente:

“Que se le haga saber al mundo futuro... que en lo más crudo del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podía sobrevivir... que la ciudad y el país, en guardia ante un peligro compartido, avanzaron para encontrarse [con él]”.

Estados Unidos. Frente a nuestros peligros compartidos, en este invierno de penurias, recordemos estas palabras intemporales. Con esperanza y virtud, desafiemos una vez más las corrientes heladas y soportemos cualquier tormenta que venga. Que los hijos de nuestros hijos digan que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que este viaje terminase, que no nos dimos la vuelta ni titubeamos; y con los ojos fijos en el horizonte y la gracia de Dios acompañándonos, fuimos portadores del gran don de la libertad y se lo entregamos sano y salvo a las generaciones futuras».


VERSIÓN ORIGINAL EN INGLES (TEXT OF INAUGURAL SPEECH):

"My fellow citizens: I stand here today humbled by the task before us, grateful for the trust you have bestowed, mindful of the sacrifices borne by our ancestors. I thank President Bush for his service to our nation, as well as the generosity and cooperation he has shown throughout this transition. Forty-four Americans have now taken the presidential oath. The words have been spoken during rising tides of prosperity and the still waters of peace. Yet, every so often the oath is taken amidst gathering clouds and raging storms. At these moments, America has carried on not simply because of the skill or vision of those in high office, but because We the People have remained faithful to the ideals of our forbearers, and true to our founding documents. So it has been. So it must be with this generation of Americans. That we are in the midst of crisis is now well understood. Our nation is at war, against a far-reaching network of violence and hatred. Our economy is badly weakened, a consequence of greed and irresponsibility on the part of some, but also our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age. Homes have been lost; jobs shed; businesses shuttered. Our health care is too costly; our schools fail too many; and each day brings further evidence that the ways we use energy strengthen our adversaries and threaten our planet.

These are the indicators of crisis, subject to data and statistics. Less measurable but no less profound is a sapping of confidence across our land - a nagging fear that America's decline is inevitable, and that the next generation must lower its sights. Today I say to you that the challenges we face are real. They are serious and they are many. They will not be met easily or in a short span of time. But know this, America - they will be met. On this day, we gather because we have chosen hope over fear, unity of purpose over conflict and discord. On this day, we come to proclaim an end to the petty grievances and false promises, the recriminations and worn out dogmas, that for far too long have strangled our politics. We remain a young nation, but in the words of Scripture, the time has come to set aside childish things.

The time has come to reaffirm our enduring spirit; to choose our better history; to carry forward that precious gift, that noble idea, passed on from generation to generation: the God-given promise that all are equal, all are free, and all deserve a chance to pursue their full measure of happiness. In reaffirming the greatness of our nation, we understand that greatness is never a given. It must be earned. Our journey has never been one of short-cuts or settling for less.

It has not been the path for the faint-hearted - for those who prefer leisure over work, or seek only the pleasures of riches and fame. Rather, it has been the risk-takers, the doers, the makers of things - some celebrated but more often men and women obscure in their labor, who have carried us up the long, rugged path towards prosperity and freedom. For us, they packed up their few worldly possessions and traveled across oceans in search of a new life. For us, they toiled in sweatshops and settled the West; endured the lash of the whip and plowed the hard earth. For us, they fought and died, in places like Concord and Gettysburg; Normandy and Khe Sahn. Time and again these men and women struggled and sacrificed and worked till their hands were raw so that we might live a better life.

They saw America as bigger than the sum of our individual ambitions; greater than all the differences of birth or wealth or faction. That we are in the midst of crisis is now well understood. Our nation is at war, against a far-reaching network of violence and hatred. Our economy is badly weakened, a consequence of greed and irresponsibility on the part of some, but also our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age. Homes have been lost; jobs shed; businesses shuttered. Our health care is too costly; our schools fail too many; and each day brings further evidence that the ways we use energy strengthen our adversaries and threaten our planet. These are the indicators of crisis, subject to data and statistics.

Less measurable but no less profound is a sapping of confidence across our land - a nagging fear that America's decline is inevitable, and that the next generation must lower its sights. Today I say to you that the challenges we face are real.

They are serious and they are many. They will not be met easily or in a short span of time. But know this, America - they will be met. On this day, we gather because we have chosen hope over fear, unity of purpose over conflict and discord. On this day, we come to proclaim an end to the petty grievances and false promises, the recriminations and worn out dogmas, that for far too long have strangled our politics. We remain a young nation, but in the words of Scripture, the time has come to set aside childish things. The time has come to reaffirm our enduring spirit; to choose our better history; to carry forward that precious gift, that noble idea, passed on from generation to generation: the God-given promise that all are equal, all are free, and all deserve a chance to pursue their full measure of happiness. In reaffirming the greatness of our nation, we understand that greatness is never a given. It must be earned.

Our journey has never been one of short-cuts or settling for less. It has not been the path for the faint-hearted - for those who prefer leisure over work, or seek only the pleasures of riches and fame. Rather, it has been the risk-takers, the doers, the makers of things - some celebrated but more often men and women obscure in their labor, who have carried us up the long, rugged path towards prosperity and freedom. For us, they packed up their few worldly possessions and traveled across oceans in search of a new life. For us, they toiled in sweatshops and settled the West; endured the lash of the whip and plowed the hard earth. For us, they fought and died, in places like Concord and Gettysburg; Normandy and Khe Sahn.

Time and again these men and women struggled and sacrificed and worked till their hands were raw so that we might live a better life. They saw America as bigger than the sum of our individual ambitions; greater than all the differences of birth or wealth or faction. This is the journey we continue today. We remain the most prosperous, powerful nation on Earth. Our workers are no less productive than when this crisis began. Our minds are no less inventive, our goods and services no less needed than they were last week or last month or last year.

Our capacity remains undiminished. But our time of standing pat, of protecting narrow interests and putting off unpleasant decisions - that time has surely passed. Starting today, we must pick ourselves up, dust ourselves off, and begin again the work of remaking America. For everywhere we look, there is work to be done. The state of the economy calls for action, bold and swift, and we will act - not only to create new jobs, but to lay a new foundation for growth. We will build the roads and bridges, the electric grids and digital lines that feed our commerce and bind us together. We will restore science to its rightful place, and wield technology's wonders to raise health care's quality and lower its cost. We will harness the sun and the winds and the soil to fuel our cars and run our factories.

And we will transform our schools and colleges and universities to meet the demands of a new age. All this we can do. And all this we will do. Now, there are some who question the scale of our ambitions - who suggest that our system cannot tolerate too many big plans. Their memories are short. For they have forgotten what this country has already done; what free men and women can achieve when imagination is joined to common purpose, and necessity to courage. What the cynics fail to understand is that the ground has shifted beneath them - that the stale political arguments that have consumed us for so long no longer apply.

The question we ask today is not whether our government is too big or too small, but whether it works - whether it helps families find jobs at a decent wage, care they can afford, a retirement that is dignified. Where the answer is yes, we intend to move forward. Where the answer is no, programs will end. And those of us who manage the public's dollars will be held to account - to spend wisely, reform bad habits, and do our business in the light of day - because only then can we restore the vital trust between a people and their government. Nor is the question before us whether the market is a force for good or ill. Its power to generate wealth and expand freedom is unmatched, but this crisis has reminded us that without a watchful eye, the market can spin out of control - and that a nation cannot prosper long when it favors only the prosperous.

The success of our economy has always depended not just on the size of our Gross Domestic Product, but on the reach of our prosperity; on our ability to extend opportunity to every willing heart - not out of charity, but because it is the surest route to our common good. As for our common defense, we reject as false the choice between our safety and our ideals. Our Founding Fathers, faced with perils we can scarcely imagine, drafted a charter to assure the rule of law and the rights of man, a charter expanded by the blood of generations. Those ideals still light the world, and we will not give them up for expedience's sake. And so to all other peoples and governments who are watching today, from the grandest capitals to the small village where my father was born: know that America is a friend of each nation and every man, woman, and child who seeks a future of peace and dignity, and that we are ready to lead once more. Recall that earlier generations faced down fascism and communism not just with missiles and tanks, but with sturdy alliances and enduring convictions.

They understood that our power alone cannot protect us, nor does it entitle us to do as we please. Instead, they knew that our power grows through its prudent use; our security emanates from the justness of our cause, the force of our example, the tempering qualities of humility and restraint. We are the keepers of this legacy. Guided by these principles once more, we can meet those new threats that demand even greater effort - even greater cooperation and understanding between nations. We will begin to responsibly leave Iraq to its people, and forge a hard-earned peace in Afghanistan.

With old friends and former foes, we will work tirelessly to lessen the nuclear threat, and roll back the specter of a warming planet. We will not apologize for our way of life, nor will we waver in its defense, and for those who seek to advance their aims by inducing terror and slaughtering innocents, we say to you now that our spirit is stronger and cannot be broken; you cannot outlast us, and we will defeat you. For we know that our patchwork heritage is a strength, not a weakness. We are a nation of Christians and Muslims, Jews and Hindus - and non-believers.

We are shaped by every language and culture, drawn from every end of this Earth; and because we have tasted the bitter swill of civil war and segregation, and emerged from that dark chapter stronger and more united, we cannot help but believe that the old hatreds shall someday pass; that the lines of tribe shall soon dissolve; that as the world grows smaller, our common humanity shall reveal itself; and that America must play its role in ushering in a new era of peace. To the Muslim world, we seek a new way forward, based on mutual interest and mutual respect.

To those leaders around the globe who seek to sow conflict, or blame their society's ills on the West - know that your people will judge you on what you can build, not what you destroy. To those who cling to power through corruption and deceit and the silencing of dissent, know that you are on the wrong side of history; but that we will extend a hand if you are willing to unclench your fist. To the people of poor nations, we pledge to work alongside you to make your farms flourish and let clean waters flow; to nourish starved bodies and feed hungry minds. And to those nations like ours that enjoy relative plenty, we say we can no longer afford indifference to suffering outside our borders; nor can we consume the world's resources without regard to effect.

For the world has changed, and we must change with it. As we consider the road that unfolds before us, we remember with humble gratitude those brave Americans who, at this very hour, patrol far-off deserts and distant mountains. They have something to tell us today, just as the fallen heroes who lie in Arlington whisper through the ages. We honor them not only because they are guardians of our liberty, but because they embody the spirit of service; a willingness to find meaning in something greater than themselves. And yet, at this moment - a moment that will define a generation - it is precisely this spirit that must inhabit us all. For as much as government can do and must do, it is ultimately the faith and determination of the American people upon which this nation relies.

It is the kindness to take in a stranger when the levees break, the selflessness of workers who would rather cut their hours than see a friend lose their job which sees us through our darkest hours. It is the firefighter's courage to storm a stairway filled with smoke, but also a parent's willingness to nurture a child, that finally decides our fate. Our challenges may be new. The instruments with which we meet them may be new. But those values upon which our success depends - hard work and honesty, courage and fair play, tolerance and curiosity, loyalty and patriotism - these things are old. These things are true.

They have been the quiet force of progress throughout our history. What is demanded then is a return to these truths. What is required of us now is a new era of responsibility - a recognition, on the part of every American, that we have duties to ourselves, our nation, and the world, duties that we do not grudgingly accept but rather seize gladly, firm in the knowledge that there is nothing so satisfying to the spirit, so defining of our character, than giving our all to a difficult task. This is the price and the promise of citizenship. This is the source of our confidence - the knowledge that God calls on us to shape an uncertain destiny.

This is the meaning of our liberty and our creed - why men and women and children of every race and every faith can join in celebration across this magnificent mall, and why a man whose father less than sixty years ago might not have been served at a local restaurant can now stand before you to take a most sacred oath. So let us mark this day with remembrance, of who we are and how far we have traveled. In the year of America's birth, in the coldest of months, a small band of patriots huddled by dying campfires on the shores of an icy river. The capital was abandoned. The enemy was advancing. The snow was stained with blood. At a moment when the outcome of our revolution was most in doubt, the father of our nation ordered these words be read to the people: "Let it be told to the future world...that in the depth of winter, when nothing but hope and virtue could survive...that the city and the country, alarmed at one common danger, came forth to meet [it]." America. In the face of our common dangers, in this winter of our hardship, let us remember these timeless words. With hope and virtue, let us brave once more the icy currents, and endure what storms may come. Let it be said by our children's children that when we were tested we refused to let this journey end, that we did not turn back nor did we falter; and with eyes fixed on the horizon and God's grace upon us, we carried forth that great gift of freedom and delivered it safely to future generations."
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